Eugenio Trujillo Villegas

Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Después de una semana desde que se realizaron las elecciones en Brasil, aún no se resuelve la trágica situación de ese país.

El presidente Jair Bolsonaro no reconoce su derrota, ni admite el triunfo de Lula, mientras que millones de brasileños se han tomado las calles denunciando un inmenso fraude electoral y manifestando que no quieren regresar a las espantosas corruptelas de Lula en sus dos gobiernos anteriores (2003-2010).

Bolsonaro guarda silencio, mientras recopila pruebas contundentes del inmenso fraude electoral efectuado especialmente en los estados del nordeste de Brasil. En muchísimas poblaciones, los votos a favor de Lula fueron mayores que el número de habitantes del lugar, lo cual evidentemente solo se explica por manipulación y fraude.

Sin embargo, el hecho más relevante en estas elecciones, y por lo tanto el más ignorado por los medios de comunicación, es el resurgimiento en Brasil de los principios conservadores, tradicionalistas y religiosos. Es lo que llaman ahora el Brasil Profundo, un término acuñado hace varias décadas por el líder católico y conservador Plinio Correa de Oliveira.

Es evidente que los medios magnifican la abolición de los valores morales y religiosos, y pretenden cambiarlos por costumbres y leyes antinaturales como la ideología de género, el aborto y la propaganda mundial a favor del Lgbti, entre otras muchas aberraciones. Pero en el fondo la sociedad es conservadora y rechaza profundamente esa degradación moral que nos quieren imponer por medio del llamado Nuevo Orden Mundial.

Eso es lo que explica lo que pasó en estas elecciones, pues en Brasil también fueron elegidos los nuevos congresistas y los nuevos gobernadores de esta inmensa nación. El resultado lo dice todo, pues casi el 70% del nuevo Congreso está compuesto por partidos de derecha y de centro, que son aliados de Bolsonaro, y también la mayoría de los gobernadores, especialmente los del sur del País, que son los más prósperos, desarrollados e influyentes.

 El Supremo Tribunal Federal eligió a Lula

Además del fraude, que probablemente será demostrado por las autoridades, existen otros factores que explican el triunfo de Lula.

Primero, el Supremo Tribunal Federal (STF), equivalente en todo a nuestra corrupta Corte Suprema de Justicia, que anuló en forma fraudulenta el proceso criminal que había condenado a Lula a muchos años de cárcel, y lo excarceló a pesar de haber sido encontrado culpable de varios delitos mientras fue presidente. Le devolvió los derechos civiles que todo criminal pierde cuando es condenado, le permitió ser candidato presidencial en contra de la legislación vigente, y prohibió a cualquier brasilero referirse a él como expresidiario y criminal condenado por la justicia. El fundamento jurídico de esa decisión jamás fue su inocencia, pues los delitos fueron probados en el juicio, sino la amañada interpretación del proceso judicial, que fue anulado por el Supremo Tribunal Federal por supuestos vicios de procedimiento.

En segundo lugar, el episcopado de Brasil, que desde hace décadas ha cerrado filas en la defensa de la Teología de la Liberación y es la más formidable máquina de propaganda del comunismo, de la izquierda radical y de Lula. La mayoría de los 450 obispos brasileros están a favor de Lula, convirtiendo a la izquierda católica en la punta de lanza de su campaña presidencial.

Y, por último, las encuestas hechas por los medios de comunicación siempre presentaron como ganador a Lula, e inclusive anunciaron su triunfo en la primera vuelta con una ventaja de más de 14 puntos sobre Bolsonaro. Pues bien, contradiciendo esos pronósticos, Lula ganó apenas por 5,2 puntos en la primera vuelta (48,4% contra 43,2%), y volvió a ganar en la segunda vuelta apenas por un 1,8% de diferencia de votos (50,9% contra 49,1%).

En realidad, quien ganó por absoluta mayoría las elecciones en Brasil, tanto las presidenciales, las legislativas y las de gobernadores estatales, fue ese Brasil Profundo que ahora se hace visible. Ganó una inmensa masa poblacional que se manifiesta conservadora y que defiende los valores morales y religiosos que están siendo arrasados por un movimiento mundial dirigido por poderosas fuerzas oscuras, que nadie puede negar.

Los valores de la Civilización Cristiana están siendo demolidos por una alianza de organizaciones internacionales orquestadas por la ONU y otras organizaciones similares. Se financian con el dinero de los más grandes magnates del mundo, imponen sus decisiones a todos los gobiernos, en contra de lo que quiere y de lo que piensa la gran mayoría de la población. 

Entonces, como es imposible hacer esto por la vía democrática, que se pudre a pasos agigantados en todas partes, entonces lo hacen por medio del poder judicial, que aprueba e impone las reformas en forma dictatorial. Así lo hace en Colombia la Corte Constitucional, que con tan solo nueve magistrados que se creen la conciencia de la Nación, le han impuesto al País el aborto, el “matrimonio” homosexual, la eutanasia, la eugenesia, el suicidio asistido, la ideología de género, la educación sexual a niños de 5 años, los baños compartidos en los colegios, la dosis personal de droga, y muchas otras aberraciones morales. A lo cual se suman otras aberraciones políticas, como el robo del Plebiscito.

Resurge el Brasil Profundo  

Ese Brasil profundo es el que está en las calles desde hace una semana. Exige anular las elecciones, encarcelar a Lula por corrupto y criminal, y restaurar los valores morales y religiosos que se han perdido.

No quieren regresar a los años de Lula como presidente, en donde los escándalos de corrupción del gobierno eran noticia de todos los días, en donde la estatal empresa de petróleos (Petrobrás) perdió 100 mil millones de dólares de su patrimonio, en donde la multinacional Odebrecht, aliada de Lula, repartió miles de millones de dólares por toda Iberoamérica financiando a los candidatos de izquierda. En donde el poder judicial fue cooptado por el crimen y la corrupción para permitir todos los desafueros del partido de Lula, quien fue conducido a la cárcel como el orquestador y componedor de la mayor trama de corrupción que haya padecido esa nación en toda su historia.

El Brasil Profundo tiene la palabra, y será quien decida el futuro de esta Nación, que bajo el mandato de Bolsonaro recuperó su posición en el panorama económico mundial, ya que se ha convertido en una de las más importantes despensas del mundo. Su exitoso sistema privado de agronegocio, que es la más eficiente forma de salir del subdesarrollo y de la pobreza, alimenta a más de 1.500 millones de personas en todo el mundo, generando empleo, progreso y riqueza.

La otra cara de la moneda fue lo que hizo Lula en el pasado y quiere repetir en el presente. Cambiar el desarrollo y el empleo por los subsidios del Estado, e imponer el socialismo para mantener a sus electores sin trabajar, y para arruinar y empobrecer a los que producen la verdadera riqueza del País.