Karen Kwon

 

El análisis del líquido contenido en la espermateca de la reina indicaría qué factores estresantes afectan a la colmena.

En la vida de la abeja reina el apareamiento es un breve episodio, pues esta guarda el esperma en un receptáculo del cuerpo, llamado espermateca, para un uso posterior. Pero si no consigue mantener la viabilidad de los espermatozoides, la colmena queda condenada a la desaparición. Este «fracaso de la reina» es uno de los principales factores que explica el declive de las abejas melíferas en numerosos países. Averiguar las razones no resulta una labor sencilla, pues la reina no muestra síntomas evidentes cuando sucede. Ahora un nuevo estudio ofrece un modo de dar con las causas, del que podría surgir una valiosa herramienta diagnóstica para el apicultor.

Ella es la única hembra del enjambre capaz de procrear, y si los espermatozoides dejan de ser viables no puede poner huevos y la población se desploma, explica Alison McAfee, autora principal del estudio e investigadora apícola de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Esto supone un problema importante para la humanidad: puesto que son polinizadores de frutales, como los manzanos o los cítricos, y de hortalizas, como las cucurbitáceas o la cebolla, entre muchos otros, «la contribución económica de las abejas a la agricultura se cifra entre 16.000 y 20.000 millones de dólares, solo en EE.UU.», afirma McAfee, que también trabaja en la Universidad de la Columbia Británica. El cambio climático supone una nueva amenaza para la supervivencia de este insecto imprescindible, pues las investigaciones ya han mostrado que las temperaturas altas también están ligadas a la desaparición de las colmenas.

Para examinar el fracaso de la reina, McAfee y sus colaboradores efectuaron una «autopsia molecular» en que analizaron el líquido del interior de la espermateca en reinas que habían sido expuestas a un calor tórrido, un frío intenso o plaguicidas. De ese modo comprobaron que cada factor de estrés aparecía asociado con niveles elevados de diversas proteínas presentes en el líquido.

Identificaron las dos proteínas más elevadas como indicadores de cada factor de estrés. Cuando analizaron ambas en reinas con problemas donadas por apicultores de la Columbia Británica, descubrieron que indicaban la exposición a plaguicidas y al calor tórrido, pero no al frío intenso. Los resultados se publicaron en un artículo en BMC Genomics.

McAfee y sus colaboradores están usando esos resultados para diseñar una prueba diagnóstica que discrimine entre las diversas causas del fracaso. Aunque la prueba está en fase preliminar, Susan Cobey, investigadora apícola en la Universidad Estatal de Washington, que no ha participado en el estudio y regenta una empresa de inseminación de reinas, está entusiasmada con sus posibilidades: «Sería fantástico poder averiguar lo que les está pasando [a las reinas] y tomar medidas de prevención que evitasen las pérdidas en el campo».

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