Por Fernando Londoño Hoyos

Periódico Debate

 

El diario EL TIEMPO nos ha hecho el favor de publicar la prueba plena de los votos de fidelidad del ELN a las bandas armadas de Maduro. Nada nuevo. Nada sorprendente.

El ELN nació en 1.964, con dinero y armas de Cuba, para arruinar a Colombia y tomarse el poder. Meció su cuna entre las prédicas marxistas y la Teología de la Liberación, otra expresión del comunismo enquistado en la Iglesia Católica. Remontarse a sus orígenes es tropezar sin falta con el Cura camilo Torres y otros curas, esta vez españoles, Domingo Laín y Manuel Pérez.

En 1.973, las tropas del Ejército comandadas por el General Álvaro Valencia Tovar lo derrotan sin atenuantes en Anorí y no lo rematan porque el Presidente López Michelsen ordenó que los dejaran salir de la ratonera para darse el gusto de hacer con ellos una paz negociada. Engañan a López, en lo que son expertos y se ubican en Arauca para extorsionar la compañía alemana que construía el oleoducto Caño Limón Coveñas. ¿Por qué en Arauca y por qué los alemanes de la Manesman? La vecindad con Venezuela explica lo primero y el olímpico desdén de los diplomáticos alemanes por Colombia, lo segundo.

Cuba no se limitó a armar el ELN. Hizo lo propio con el EPL, cuyo último reducto sobrevive en Norte de Santander, desde luego en la frontera con Venezuela.

También entrenó y armó al M19, a cuyos miembros ha servido siempre de guía y amparo. No hay que olvidar que Antonio Navarro Wolf estaba en La Habana cuando el M19 asaltó el Palacio de Justicia. Gustavo Petro no entró al Palacio porque estaba en la cárcel y jamás ocultó, para abonársele la sinceridad, su simpatía con los que murieron en esa emboscada a la justicia colombiana.

Recordemos que esta acción suicida, brutal, despiadada, fue cometida en asocio con Pablo Escobar, pues que la alianza Cuba-guerrilla-cocaína ha sido impúdica y permanente.

Valga este recuerdo para no olvidar que los llamados paramilitares tuvieron su origen en el ELN. Los infaltables en la cadena de crímenes contra el país, Monoleche, Otoniel, Don Berna, para no citar muchos, vienen de allá. De esa mezcla de asesinos atroces y curas guerrilleros se nutre ese equipo siniestro que apoya ahora el Nuncio de su Santidad en Colombia, Monseñor Montemayor.

Cuando las FARC se cansaron de posar como redentores políticos de los campesinos y se dedicaron a lo que mejor saben, la violencia y el narcotráfico, nunca ocultaron su vecindad con el régimen venezolano. Chávez fue el heredero de Fidel Castro en esa cercanía funesta de lo que no faltan, sino sobran pruebas. Nadie olvidará al prófugo de hoy, alias Iván Márquez compartiendo tribuna, pistola al cinto, con Hugo Chávez. Márquez andaba en fuga porque el Ejército colombiano le pisaba los talones. Y Venezuela le dio amparo, junto al que llaman Canciller de las FARC, Rodrigo Granda y otros cuantos.

Por supuesto que el apoyo de Venezuela a la mafia colombiana no se limitó a las FARC. Los del ELN también hicieron de Venezuela su casa. Cuando Chávez, Maduro y los suyos ya se había robado entero este país hermano, empezó a necesitar nuevos ingresos. Nada más a propósito que la cocaína.

Volvamos al ELN. Gabino y los suyos, refugiados hoy en Cuba mientras su gente comete crímenes tan horrendos como el asesinato de los cadetes de la Escuela de Policía, necesitan su hombre de batalla. Y él es Pablito, terrible delincuente que estaba preso en Bogotá y que una Directora del INPEC, Teresa Moya Suta, mandó sin más protección que la de un guardián a una diligencia judicial que no podía cumplirse en Bogotá sino en la frontera con Venezuela. Al guardián lo mataron, claro está, a Pablito lo liberaron y el inventario de los costos en sangre y dolor para Colombia de ese prevaricato monstruoso, nadie lo hará nunca. Y a Teresa Moya no le pasó nada. ¡La indulgencia judicial!

No podemos rematar el recuento muy sucinto de estas vecindades tormentosas, olvidando el discurso más elocuente, mejor fundado, más dramático, que se ha pronunciado en muchos años en la OEA. El de Luis Alfonso Hoyos, entonces Embajador de Colombia, con videos en mano, mostrando el cómodo hábitat que las FARC y los narcos tenían en Venezuela. Hoyos pagó con miserable persecución y años de extrañamiento su valentía y elocuencia y aquí no pasó nada. Porque enseguida llegó Santos.

La extrema izquierda de Colombia, la que redacta el manifiesto comunista de las FARC de los Llanos del Yarí, continúa impune y desafiante su tarea. Se llaman verdes o decentes o nueva Farc, no importa. Siguen en lo mismo. Y de tarde en tarde, le meten al “Capital”, para diluir la cocaína, agua bendita y algún sermón desde las páginas de los periódicos.

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