Dr. Oscar Elías Biscet

Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos

Presidente del Proyecto Emilia

Medalla Presidencial de la Libertad

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Al colapso del país y su crisis humanitaria se adjunta una crisis de credibilidad del Partido Comunista de Cuba (PCC) y su régimen tiránico.

LA HABANA, CUBA— Esto es posible recordar por todos, por ser parte de la memoria histórica de la nación, cuando el tirano Fidel Castro abrió la frontera marítima para que la población emigrara en embarcaciones rústicas y deplorables a los Estados Unidos y junto a la represión aplastar la rebelión popular del 5 de agosto de 1994, el Maleconazo. Un crimen de lesa humanidad aún pendiente de justicia.

Del mismo modo cruel y criminal, el designado continuista Miguel Díaz-Canel, quien aprobó el uso de máscaras de tela de algodón en medio de la mortífera plaga epidémica de COVID-19 o cuando dio la orden de combate de reprimir al pueblo. Ahora, permitió que jóvenes bomberos fueran apagar un megafuego sin los instrumentos imprescindibles y las ropas adecuadas de protección para sus vidas.

La iluminación del fuego se observaba muy lejos de la ciudad y muchos del vecindario salieron de sus hogares para la protección de sus vidas. No era el fuego patriótico de los bayameses que quemaron su ciudad antes que la República cayera en manos de sus opresores coloniales. Este era el fuego abyecto de los que yacen corrupto, a quien llaman continuidad, de los revolucionarios comunistas despreciadores y opresores de su pueblo.

Un terrible incendio, que como un inquisidor apareció en la noche de 5 de agosto del año en curso y no pudieron detenerlo a pesar del despliegue de los esbirros de la policía política (DSE) y revolucionaria (PNR) en las vecindades; era una chispa imperecedera de un gran incendio. Aunque de causa natural, el incendiario fue un rayo mortal, que cayó de forma fugas sobre la Base de Supertanqueros, propiedad del régimen castrocomunista. Para algunos esto es inescrutable y hablan de otra forma natural, la mano justiciera humana.

El régimen castrocomunista construyó una gran flota mercante y pesquera con el dinero soviético. Las centenas de barcos mercenarios que, en vez de alimentar y beneficiar al pueblo cubano, estaban al servicio soviético para las guerras de rapiñas e injerencias imperialistas en el mundo. En ellos trasladaron todos sus equipos militares de guerras contra Angola, Israel y otros países. Las flotas desaparecieron con la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Los cubanos castristas replicaron el modelo de la URSS. Sus flotas con los mismos objetivos militares de la Operación Anádir, donde transfirieron en barcos civiles mercantes los cohetes nucleares a Cuba en 1962. Cuba socialista desplegó militares en Argelia (1963) y enviaron en sus barcos civiles y aviones comerciales a 638 hombres, un batallón de 22 tanques, grupos de artillería, de morteros y baterías de cañones antitanques. Angola recibió los primeros 25 mil soldados con sus armamentos pesados, 1975. La guerra civil angolana duró 15 años y los cubanos tuvieron un ejército de 150 000 soldados y 1000 tanques, 600 carros de combate y 1 600 piezas de artillerías que trasladaron por vía aérea y marítima enmascarados en transportes civiles.

Si bien, una violación de las leyes internacionales fue enviar armamentos militares a Corea comunista, que estaba bajo un embargo comercial de armas por las sanciones de las Naciones Unidas (ONU) y el régimen castrocomunista los escondió entre sacos de azúcar en el barco mercante norcoreano Chong Chon Gang, detenido por las autoridades panameñas, 2013. Al mismo estilo pero de propiedad china, el buque Da Dan Xian, aprehendido en Colombia, 2015.

De la enorme flotilla de barcos cubanos no se dejó ni uno como buque bombero, se vendieron o desahuciaron y otros prosiguieron o transformaron en instrumentos criminales y terroristas al servicio de países parias y las trasnacionales internacionales del tráfico drogas, que hicieron del país, Cuba, un narco-estado.

En realidad, de aquellas flotas mercantes y pesqueras cubanas no dispusieron ni compraron un barco para las operaciones de auxilio contra incendios, bomberos; para sus cuatro bases de refinerías, tres son antes del 1959, y almacenamientos de petróleo, la mayoría está en la costa. Ahora para el cuidado de estas zonas de actividades petroleras y sus derivados deben recurrir a países extranjeros y sus ejércitos militares permanecer en suelo nacional cubano.

El colapso del país no solo se evidenció en el sistema de salud durante las plagas epidémicas de COVID-19 y Dengue Hemorrágicos, sino con el mal trabajo con el siniestro en la Base de Supertanqueros de Matanzas. Asimismo, una brigada de médicos extranjeros que labora en uno de los hospitales matanceros. ¿Por qué un hospital de primera calidad científica y en los servicios tiene que trasladar pacientes a hospitales de la capital del país? ¿Por qué si los bomberos usaron sus trajes oficiales algunos fueron asistidos por quemaduras en sus cuerpos?

Al colapso del país y su crisis humanitaria se adjunta una crisis de credibilidad del Partido Comunista de Cuba (PCC) y su régimen tiránico, que afortunadamente para los cubanos son puestas a la palestra pública por el civilismo de algunos y el poder de Internet que, a pesar del control gubernamental, hace emerger el libre pensamiento y un foco de libertad para la nación.

La dictadura castrocomunista, sin estar en beligerancia o una declaración formar de guerra en el país, en un estado relativo de paz, tiene vigente el servicio militar obligatorio; muchos jóvenes ingresan en los cuerpos de bomberos y ahora algunos de ellos murieron sacrificados en el incendio de la Base de Supertanqueros de Matanzas.

Situación dramáticamente triste, lamentable y condenable hemos conocido ampliamente a través de las redes de Internet, aún los cabecillas gubernamentales y sus voceros no han publicado la lista de los jóvenes bomberos fallecidos en la explosión del siniestro en la base de tanques de petróleo de Matanzas.

A los familiares y amigos de las víctimas, al pueblo matancero y de Cuba, les entrego mi pésame y condeno a la tiranía de Castro Díaz-Canel por llevar al país al colapso con su sistema político y socioeconómico inviable, su mala administración de los recursos estatales y ser los causantes de las muertes de las personas en el incendio de la Base de Supertanqueros de Matanzas, Cuba.

El Dr. Oscar Elias Biscet es un líder de derechos humanos, ex preso de conciencia durante 12 años y ganador de la Medalla Presidencial de la Libertad. Vive en  La Habana, Cuba, y puede ser contactado a través de su teléfono 011-537-699-1774. y de su sitio web: www.OscarBiscet.com.

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