Cosme Beccar Varela

 

Nunca en la Historia de la Iglesia se ha visto una infamia mayor que la cometida por el Papa Francisco que ha suprimido la Semana Santa en que se celebra la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, como si esos gloriosos misterios no hubieran existido y por ende, negando de facto el Sacrificio de la Cruz; mandado cerrar todas las iglesias del mundo con lo cual impide que se celebren misas y se adore el Santísimo Sacramento guardado en los Sagrarios, haciendo imposible recibir la Santa Comunión y la Confesión (porque junto con el cierre de las iglesias los sacerdotes han desparecido) y   derogado el precepto de oír misa los Domingos y fiestas de guardar.

Para guardar las apariencias, el Papa celebró la misa del Domingo de Ramos a solas en la Basílica de San Pedro y el 27 de Marzo, también a solas, rezó por el fin de la pandemia en medio de la Plaza de San Pedro desierta.  Dudo que el Papa crea en el poder de la oración, vistas la decisiones claramente impías que recuerdo en el párrafo anterior,  por lo que esos actos no fueron sino escenificaciones de religiosidad ¿No le preocupa la cantidad de fieles que están en pecado mortal por no poder confesarse ni los que mueren sin la Extremaunción por no hallarse un sacerdote que se la conceda? ¿No le interesa el enfriamiento de la Fe en la gran masa de los fieles ante la ausencia de religión impuesta nada menos que por un Papa?

En su habitual palabrerío del amor, ayer dijo: “ El drama que estamos atravesando nos obliga a tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor” (“La Nación”, 6/4/20202, pag.18). ¿El cierre de las iglesias, la abolición de la Semana Santa son “cosas insignificantes”? Aparentemente que para él lo son. Y si la medida de la vida es el amor, muy poco mide el que él debería tener por los católicos a los que ha dejado sin auxilio religioso, sin iglesias, sin comunión, sin recordación de la Pasión, Muerte y Resurrección del Divino Salvador… Eso prueba que no los ama y por cierto que es así ya que no cesa de desmantelar la Iglesia y la Fe mediante el mal uso de su poder papal.

Un verdadero Papa debería exhortar, por el contrario, a llenar las iglesias pidiendo a Dios perdón por nuestros pecados y suplicando que haga cesar la peste y sus consecuencias, entre las primeras de las cuales está el aumento del poder de las “fuerzas secretas” diabólicas sobre los pueblos, a los que está sometiendo como nunca a una tiranía inaudita que ha destruido todas las libertades sin que se vea el final de esta agobiante opresión. 

Pero hay más. El mal ejemplo dado por el Papa con el mal uso de su poder sobre todo el orbe, ha instigado a otros poderes sin fronteras a intentar implantar la República Universal, vieja aspiración de la masonería, mejor llamada hoy como  “fuerza secreta” del mal.

Ahora el poder  mundial representado por el FMI y la OMS (Organización Mundial de la Salud) han resuelto desenmascarar que las naciones y las soberanías de los gobiernos  han desparecido y que son sólo ellos quienes dirán cuándo y cómo se debe liberar a los pueblos de su prisión domiciliaria y de la presión de las Gestapos en que se han convertido las Policías de todo el mundo.

En “La Nación” del 4/4/2020 (pag.15) se publica una conferencia conjunta del Director de la OMS Ghebreysus y de la Directora Gerente del FMI Kristalida Giorgieva (¿quienes son esos personajes de extraños nombres, cual es su ideología, su historia, su origen?), que entre otras cosas dijeron: “Si los países se apresuran a levantar las restricciones rápidamente el coronavirus podría resurgir y el impacto económico podría ser más severo y prolongado.” Esa es una clara amenaza que podría ser considerada como una consigna de esta tiranía universal que se esconde detrás de una supuesta preocupación por la vida (obviamente falsa puesto que al mismo tiempo promueven el aborto que autoriza a matar millones de niños por nacer). El propio FMI ordena dejar de lado la economía (a costa del hambre de millones de seres humanos) declarando que esta es “la hora más obscura de la humanidad” y la máxima autoridad de la OMS dice que el virus no terminará nunca, sino que, por el contrario podría resurgir más severo y prolongado.

Esta declaraciones apocalípticas son extrañas, porque es absurdo que la jefa del FMI propicie la quiebra general que conduce al hambre y que el jefe de la OMS se convierta en un terrorista alarmando aún más a un mundo ya aterrorizado por obra de la misma OMS.

Sin embargo eso basta para que aquí, los cínicos peronistas en el poder aprovechen para  prolongar su sistema tiránico que les releva de servir al bien común y de responder por sus actos y omisiones, cada vez más graves. El poder que han arrebatado ahora con la excusa del virus ha sometido a toda la población y la ha sumido en una confusión obediente de la que no hay argumento que la saque. Sabe que esta disparatada cuarentena, verdadera pena de prisión domiciliaria impuesta a 44.000.000 de personas que no están acusadas de ningún delito, ha parado el país, que ya estaba en quiebra, y lo lleva a su autodestrucción. Sabe que su desmesurada emisión monetaria agrava la inflación galopante que ya padecemos, pero sigue imprimiendo plata (papeles fraudulentos que nos vemos obligados a aceptar por la ley de curso forzoso) sin control para pagar los sueldos gigantescos de los políticos de los tres poderes y los gastos de un Estado elefantiásico, más unas limosnas para la población que no puede trabajar porque no la dejan ni, por consiguiente, tiene plata para mantenerse.

Pero es tal el terror que los diarios y la TV infunden en la población a la expansión del virus que lo aceptan todo y hasta aplauden. Nunca el peronismo, el “partido popular” ladrón y falsario, fue tan enemigo del pueblo como ahora y, sin embargo, nunca tuvo tanto poder.

De la oposición ni hablemos porque no existe. Macri ha desaparecido y su partido de rejuntados, también. No tienen nada que decir ni se les ocurre otra cosa que consentir con el saqueo de la Nación y quedarse con su tajada. Es que la verdad que ellos también son peronistas, como lo ha dicho Macri varias veces.

No sé cual será la próxima arbitrariedad de esta tiranía, Pero sí sé que todos los síntomas indican que el final del cuento es otra Venezuela en territorio argentino.

Sólo Dios puede salvarnos, pero como vimos al principio, parecería que el mismo Papa está sirviendo al enemigo y tapando el Cielo con su infidelidad de la que nos hace cómplices e indignos del auxilio divino, porque a decir verdad, a los argentinos católicos –que antes eran el 95% de la población-  no parece importarles que se haya suprimido el culto, los Sacramentos y la Semana Santa en el país. Y si tampoco se organizan actos penitenciales ni se suplica al Divino Redentor que nos ayude, ¿como podemos esperar que lo haga?