Humberto Seijas Pittaluga

(Desde Venezuela)

 

Ahora todo el mundo anda chingo por lograr que haya elecciones.  Lo cual no es malo.  El problema está en que las propuestas por el usurpador y sus cómplices serían igual que ir a jugar póquer con un fullero que se sabe que actúa con las cartas marcadas.  Pero hay obcecados que quieren que aceptemos votar en las condiciones actuales.  Que no son diferentes a las que han imperado en las ocurridas en los últimos tiempos.  Con un CNE que no solo es sectario, sesgado, tramposo, sino que carece de legitimidad.  Porque fue nombrado con el dedo por otro organismo —me niego a concederle en título de institución— igualito: sectario, sesgado, tramposo; y, al igual que el anterior, también ilegal: el Tribunal de la Suprema Injusticia. 

De ahí, la composición de la asamblea que dizque reemplazó a la Asamblea: una parranda de ganapanes, buenos para nada, sin mucha ilustración y que solo sirve para ponerle el refrendo a cuanta barbaridad les envíen desde el Palacio de Ciliaflores o la sede del PUS.  Ambas, siguiendo los lineamientos que les mandan desde la sala operacional de los cubanos del G-2.  O lo que sus inmensas agallas les hacen saber que se podrá redituar algo…

¿Que ahí hay unos cuantos diputados de la oposición?  Sí, es verdad.  Pero son los que le vendieron el alma al diablo para poder poner sus amplias posaderas en una curul.  Me refiero a Bernabé, Timoteo, Bertucci, etc.  Y están allí, no porque se ganaron el puesto, sino porque se fueron lloriqueando ante el poder: “¡No salimos y eso que hicimos todo lo que ustedes nos pidieron a fin de legalizar los comicios!”.  Y, para que dejaran la molestadera (y porque creen que sentarlos allí le daba una cierta verosimilitud de legalidad a la corporación recién “elegida”) les regalaron los cupos. 

Entonces, no es votar por votar.  Es hacerlo para que se respete la decisión de la mayoría.  Hay algunos ilusos que alegan que no es perentorio que haya un CNE imparcial ya que, en el 2015, con el mismo cenáculo pútrido (ahora con algún cosmético cambio de nombres) obtuvimos la mayoría.  Para que puedan ver la realidad actual habrá que emplear el viejo dicho tribunalicio non bis in idem.  Además, habrá que hacerles recordar que, apenas instalada esa Asamblea, se sacaron de la manga lo de anular las elecciones de Amazonas (que, pasados cinco años, el muy neutral tribunal supremo, no ha resuelto).  Y, después, inventaron lo del “desacato”, que es una figura penal imputable solo a personas naturales pero que se la acuñaron a toda una corporación.  Fueron cinco años en los que se dieron la lija de desconocer la voluntad popular.  ¿Por qué va a ser distinto ahora? 

La verdad es que desde ese año para acá, los malandros en el poder han perfeccionado los trucos para poder ganar aun con el ochenta y cinco por ciento de la población en contra.  Lo que todos hemos presenciado en las dos “elecciones” más recientes es que han aumentado los toldos rojos a pocos metros de los centros de votación; y que, desde estos, además de comprar votos por una pitanza, se les imparten órdenes a los milicianos (copartidarios) que, se supone, están para cuidar aquellos, para que expulsen a los testigos de la oposición a la hora del escrutinio.  Y para que no cierren las mesas a la hora debida sino hasta después de que lleguen los autobuses con los copartidarios que, por desilusión o por remolones, se quedaban en sus casas. 

Porque, ahora, con los datos en tiempo real, proporcionados al PUS desde el CNE, se sabe quiénes no han votado, se les recoge y se les lleva a votar a juro.  Por eso es que han aumentado los votos “asistidos” en una proporción nunca antes vista, ni justificable.  Es que ahora, para asegurarse de cómo sufragan esos copartidarios remisos, les ordenan solicitar un “asistente”, que es quien en realidad acciona el pulsador de la máquina.  Y, para más añadidura, a la hora de los escrutinios, los camaradas se quedan solos, sin testigos.  Y ahí es cuando pelan por la lista de los abstencionistas reiterados (que también les mandan desde el CNE) y votan por esos eternos ausentes.

Como las anteriores triquiñuelas (que no pilatunas), hay muchas más que por falta de espacio no reseño.  Por eso, hay que exigir que, para que haya elecciones limpias, creíbles, debe ser cambiado el CNE.  Y, si de ñapa se logra cambiar a los “magistrados” del dizque TSJ, ¡mejor!  Hay que compeler al régimen a que acepte esas condiciones.  Si no, no hay que acercarse a los centros de votación.  Pero para forzar a la cúpula malandra que usurpa el poder hay que sentarse frente a ellos.  No para conversar, que es lo que ellos quieren, sino para negociar.  Suena feo el verbo, pero es el pertinente.  Porque si no se les deja algo, sencillamente no dejarán el poder.  No está de más recordar un viejo adagio: “Al enemigo que huye, puente de plata”.  Así nos disguste.

Si se logra lo anterior, lo demás es menos arduo: lograr que las FAN se porten de acuerdo a la Ley, lo ético y lo sensato cívicamente; que vengan observadores, no meros “acompañantes, de países con sentido y práctica de la democracia; que pueda permanecer público en los escrutinios; que haya una depuración aguas debajo de los compañeritos que pululan en el CNE y sus representaciones regionales.  Ahí si vale la pena ir a depositar el voto.  Pero eso no se logrará si no comenzamos, desde ya, a poner presión al régimen. ¡Manos a la obra!