OPINION

CULTURA

LA SEMANA

VIDA

FRASES FAMOSAS:  

“Los que no moderan pasiones son arrastrados a lamentables precipicios”, Andres Bello.

 

 

 

Por Fernando Londoño Hoyos

Periódico Debate

 

Fuimos los primeros en ensayar la terapia constitucional para resolver todos los problemas del país.

Nos metieron en la trampa de la séptima papeleta y en la ultra famosa Constitución del 91, que en últimas se abrió camino por un solo voto en la Corte Suprema de Justicia, el del conservador Hernando Gómez Otálora.

Así que convocaron elecciones para reunir una Asamblea Nacional Constituyente, de la que saldría la Carta Salvadora, la Carta Magnifica, el Bálsamo de Fierabrás que cura todos los males.

No lo recuerdan los que pregonan con tanta emoción este hecho sin paralelo, pero fue la votación menos nutrida de la Historia de Colombia. El último Constituyente obtuvo 20.000 votos, lo necesario para elegir Concejal en un pueblo pequeño.

Tampoco ponen de presente los historiadores que la primera decisión que tomó esa Asamblea fue la de prohibir la extradición de colombianos al exterior, por orden expresa y terminante de Pablo Escobar. Nuestra maravillosa Constitución vigente tuvo semejante padrino.

Luego vino esa historia triste, donde un grupo largo de constituyentes no sabía qué era una Constitución y ni había abierto ese librito despreciable.

La Constituyente fue convocada para modificar ciertos temas específicos, pero ella decidió que era competente para todo. Fue cuando el asunto llegó a la Corte y donde el voto de Gómez Otálora sirvió para uno de los prevaricatos más lamentables de la Historia.

Como no podía ser de otra manera, el resultado fue una Constitución caótica, con visos de izquierda y de derecha en ciertos temas esenciales: en el más importante de ellos, en los artículos 333 y 334. Léalos para comprobar que en el primero se consagra una economía liberal y en el que le sigue una marxista leninista en el que “la dirección general de la economía estará a cargo del Estado”. ¿Cuál prevalece? El que le da la gana a los intérpretes, empezando por la hoy santista Corte Constitucional.

Ese laberinto ha llevado al record mundial de reformas a una Constitución. Ya la pobre, tan mal trajeada, está irreconocible.

Los malos ejemplos abren camino. Y ese fue el que tomó Hugo Chávez,  quien tuvo la desvergüenza de jurar su mandato sobre esta “moribunda Constitución”.

Y ahí fue Troya para Venezuela, que por cuenta de su magnífica Constitución pasó de ser el país más rico de América a uno de los más pobres del mundo. Se le perdieron tres millones de barriles de petróleo por día, la autarquía alimentaria, las empresas industriales, la producción energética, todo. Más de cinco y medio millones de venezolanos que están en el exilio, dan buena cuenta de lo que pasó.

A pesar de esos antecedentes, estamos en plan de repetir la Historia. Comienza el nuevo experimento por Chile, donde los muchachos de hoy no supieron lo que sus padres, tan descuidados ellos, no les quisieron contar. Y ello fue que por la traición de la Democracia Cristiana llegó al poder el comunismo representado por Salvador Allende. Y que ese sujeto,  dirigido personalmente por el tirano de Cuba, Fidel Castro, arruinó el país, sin contemplaciones. Lástima que esta juventud extraviada no supiera lo que era hacer interminables colas para comprar un pedazo de pan.

Tampoco les contaron a estos juveniles reformistas, que gracias al manejo económico de los llamados Chicago Boys, Chile se recuperó y se convirtió en el país más rico de América Latina. Y que por esa economía capitalista liberal, florecieron las empresas, se multiplicaron las exportaciones y el crecimiento económico llegó a niveles de pasmo. Y que ellos gozan de un medio lleno de oportunidades, con muy bajos índices de pobreza y prácticamente sin miseria. Pero ahora quieren una Constitución nueva que los devuelva a los años de Allende. Para la estupidez no hay remedio conocido.

Ahora es el Perú el que quiere la misma terapia. El que parece ser Presidente electo, un profesor que se dedicó a enseñar porque no pudo aprender, quiere convocar una Constituyente. Seguro que ganan, allá también, los independientes. Los que quieren un marxismo salvador como el de Cuba, el de Venezuela, el de la Chile de Allende o el Perú de Velasco Alvarado. Veinticinco años de prosperidad y crecimiento no ha sido antídoto para esta otra idiotez.

Y nadie se equivoque, esa es la receta que nos traen. Si Petro o Fajardo llegaren  a presidentes, empezarán su mandato por convocar otra constituyente redentora. Y así podremos disfrutar de otra miseria sin orillas. Solo que la nuestra vendrá con un agravante. Y es que no tendremos para donde salir a buscar un plato de comida. El comunismo que nos recetan habrá hecho el milagro de convertir todos estos países a una pobreza tan absoluta que no habrá para donde salir corriendo. Que viva la Nueva Constituyente. La que tenemos no es suficientemente mala…

http://periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/30498-como-nos-creen-majaderos

Por Fernando Londoño Hoyos

Periódico Debate

 

Esperamos que muy pronto quede clara la novela de Haití y cómo habremos de rescatar el honor de Colombia y cómo nuestros hombres de armas fueron engañados y llegaron a Puerto Príncipe para misión muy distinta de cometer el asesinato contra el Presidente. Ya la primera dama salió en defensa de los nuestros y está claro que no fueron ellos los asesinos, sino que al contrario llegaron después del atentado a socorrer a la esposa del Presidente y sus hijos.

Pero el tema de hoy es harto distinto. Porque se trata de recordar que Haití está ligado, de manera entrañable y decisiva, a la Libertad de Colombia.

Después de que el Libertador fuera derrotado en Venezuela, después de los éxitos de su Campaña Admirable y por obra de las envidias y recelos de los hombres que debieron acompañar la causa de la Libertad y terminaron por sofocarla, volvió a la Nueva Granada para dar cuenta de sus desventuras y de sus derrotas. Nuestro gran Camilo Torres lo recibió con benevolencia y después de aquel “podeis ser un militar desgraciado pero sois un grande hombre”, le encomendó que se hiciese cargo de la defensa de Santa Marta y Cartagena. Otra vez las pequeñas almas dieron al traste con el intento de salvar esas ciudades de la invasión de Morillo, y el Libertador salió para el Caribe, partida el alma de amarguras.

Fue entonces cuando derrotado y sin esperanzas, escribió desde Jamaica la que llaman su carta profética, dirigida a un ciudadano inglés, en la que da cuenta de su talento formidable y su rara capacidad para anticipar el futuro.

Pero Bolívar no estaba para escribir cartas, sino para rescatar la Libertad. Parece que fue Luis Brion el que le aconsejó que fuese a Haitía para convencer a su Presidente, Alejandro Petion, que lo acompañara en su causa y le diese medios para empezar la invasión de Venezuela.

Llegó Bolívar a Puerto Príncipe el 31 de diciembre de 1.815 y por el feriado del primero de enero no pudo ser recibido por Petion. Pasada la festividad se iniciaron las conversaciones entre esos hombres providenciales.

Recordemos que era el Libertador un jovencito de 32 años, de mente superior y de un fuego interior que todo lo abrasaba. No se ha hecho énfasis en ello, pero a Petion debió sorprenderle que ese soñador caraqueño le hablase en perfecto francés, aprendido en los salones rutilantes de la Francia pos revolucionaria. Sea de ello lo que fuere, Petion se conmovió y entusiasmó, y dio órdenes precisas para que a Bolívar se le diesen hombres –de trescientos habla la Historia- fusiles y municiones para empezar la travesía.

Para el embarque solo fue segura la alta mar y el 26 de enero se completó con la entrega de dos mil fusiles, todas las municiones disponibles y raciones de boca para los hombres embarcados.

Fue con esa expedición que Bolívar partió para la Isla de Margarita y bien clara en la memoria la única exigencia que Petion le había dado como contraprestación a su ayuda: la libertad de los esclavos en todas las naciones que llegase a libertar.

Después de dificultades sin cuento, el Libertador tomó la Isla y con esa base llegó a tierra firme para iniciar la campaña gloriosa que lo traería por los llanos venezolanos a las puertas de la Nueva Granada, la que conquistaría superando el infranqueable páramo de Pisba.

Pero estamos caminando con demasiada prisa. Porque antes de ordenar sus tropas para emprender la obra titánica que dejamos dicha, la invasión de los llanos inundados y la superación de Pisba, el Libertador reunió en Angostura el Congreso sobre el que cimentaría la libertad y la democracia de América.

Fue en Angostura donde Bolívar pronunció el discurso que seguimos leyendo con pasmo más de doscientos años después. De esa pieza formidable rescatamos dos pequeños apartes que completan nuestra historia. “Un Gobierno Republicano es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la Soberanía del Pueblo, la división de los poderes, la Libertad Civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios”.

Y al final estas palabras: “pero yo imploro la confirmación de la Libertad de los Esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República.”

No nos dice la Historia si Petion leyó este discurso y si al leerlo recordó que cinco años antes había armado la expedición libertadora de Bolívar. Sea de ello lo que fuere, Haití estuvo en el origen de nuestra emancipación y la Libertad de los Esclavos fue la palabra empeñada por Bolívar y cumplida como “imploraría mi vida” por este coloso de todas las Américas.

Tal vez algunos no lo sepan. Pero a Haití debemos nuestra Libertad.

http://periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/30564-gracias-a-hait%C3%AD

Por Fernando Londoño Hoyos

Periódico Debate

 

El atentado en Cúcuta contra el Presidente y su comitiva, incluidos en ella los Ministros del Interior y de Defensa, no puede sorprendernos. Nos parece detestable, horrendo, más que peligroso para la paz pública. Pero sorprendernos, no.

Para que no se desgaste tanto el aparato investigativo del Estado, que nunca dirá lo que pasó, le economizamos el trabajo y las recompensas. Al Presidente lo quiso matar el narcotráfico. ¿Estamos?

También fue el narcotráfico el que puso la bomba en la Escuela de cadetes General Santander y las tres que estallaron en la Brigada de Cúcuta; el que ha humillado al Ejército cuantas veces ha querido, obligándolo a salir, como perro regañado, de los centros de producción de Cocaína del Cauca y del Caquetá; el que mantuvo cerrada la Carretera Panamericana durante meses; el que hace poco atacó una base militar de la que salieron en fuga vergonzosa los que cuidaban las instalaciones petroleras adyacentes; el que quema camiones, cuando le da la gana, en la carretera que lleva de Medellín al mar; el que paralizó, semanas enteras, el Puerto de Buenaventura y las exportaciones colombianas y las importaciones esenciales para el país; el que montó las barricadas que dejaron sin comida millares de personas en Cali, Popayán y Pasto; el que ha duplicado este año las cifras dramáticas de desplazamientos campesinos; el que ha vuelto pedazos a Bogotá y ha reducido al fuego los medios de transporte masivo de la capital y de Cali; el que ha montado retenes en todas las carreteras, sin que pueda hacerse nada para eludirlos sin el pago repugnante de la cuota fijada para esa extorsión; el que desde las llamadas ollas del micro tráfico produce los más altos niveles de inseguridad ciudadana que nunca se conocieron.

No es fácil entender, conociéndose como se conoce el enemigo, por qué no se lo ataca. Por qué se mantienen maniatada la Policía y maniatado el Ejército para que cumplan de verdad y a fondo su tarea. Por qué no despegan los aviones con el glifosato para erradicar sus cultivos. Por qué no se extraditan esos bandidos. Por qué se insiste en la parodia de mantener en el Congreso los criminales a los que Santos entregó el país. En suma, por qué no se hace nada contra el enemigo que por muy poco no asesinó al Presidente y a sus Ministros.

La noticia del atentado llegó de la mano de otra, que el Gobierno ha querido en vano opacar. Los cultivos ilícitos están disparados. El área sembrada de coca voló a la cifra astronómica de doscientas cuarenta mil hectáreas, de las que producen tres veces más cocaína que hace quince o veinte años. Hablando literalmente, sin aspavientos retóricos, estamos nadando en coca. Poner en entredicho esa cifra escandalosa porque contrasta con la de las Naciones Unidas en la llamada SIMCI, es una simple tontería. El dato de la Secretaría de Estado es producto de mediciones tomadas con satélites y no tiene contradicción posible. Este paro, de más de año y medio, no ha servido más que para multiplicar las siembras de coca y la producción de la mil veces maldita cocaína.

Los que cometieron el atentado contra el Presidente no eran aprendices. Sabía bien cómo disparar y dónde pegar los tiros. Si fallaron fue por suerte o por milagro. Como ustedes quieran.

Dice el viejo adagio que no hay mal que por bien no venga. La tragedia de la que escapamos debe servir para tomar valerosas decisiones. Porque ha planteado una alternativa ineludible: o es Colombia, o es la coca.

Llegó la hora de las grandes definiciones. La batalla contra los cultivos ilícitos y contra sus hermanas de sangre, la explotación de los ríos para la producción de oro, no puede eludirse. Dejemos atrás el cuento de la erradicación manual, que no sirve para otra cosa que para contar mentiras y sacrificar sin piedad gente inocente. Dejemos en el olvido la intervención de la JEP para permitir la extradición de bandidos. Dejemos también en el olvido la prohibición de los bombardeos y de las fumigaciones aéreas. Dejemos las consideraciones con las ollas, con los traficantes, con las embarcaciones que portan la coca, con el manejo grotesco de los miles de millones de dólares que se pasean orondos por el país. O destruimos el negocio nefando de la cocaína o estamos perdidos.

Celebramos, como todos los colombianos de bien, que el Presidente haya escapado con vida de este atentado atroz. Pero que la lección sirva para que hagamos velas hacia las grandes soluciones. Los desafíos son para aceptarlos. Los que quisieron matar al Presidente nos han dejado bien advertidos de lo que se proponen. La cuestión queda entre aceptar el reto o arriar definitivamente las banderas para dejar el país en manos de los dueños de la cocaína.

http://periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/30433-matar-al-presidente

Por Fernando Londoño Hoyos

Periódico Debate

 

Se atribuye al Conde Duque de Olivares la frase de este título, dicha cuando veía los tercios reclutados para la guerra de Flandes salir en pos de una gloria esquiva y una muerte próxima.

Po eso suponemos que el Comité del Paro, compuesto por gente bastante menos avisada que el Conde, pero igualmente insensata, dice lo mismo cuando ve marchar los jóvenes que lo siguen sin saber por qué ni para qué. Que hermosos marchan a la muerte.

Los españoles tenían la vaga idea de combatir por la gloria de la patria. Los de acá no tienen la menor por idea de la razón que los impulsa a matarse y matar a otros que no conocen. Ni les importa.

Y así, entre canto y canto y entre grito y grito vamos por los cien mil muertos por el Coronavirus, según la cifra oficial, que campea a sus anchas en los desfiles de las huestes del Comité del Paro. Si le creemos a la Organización Mundial de la Salud, que calcula entre dos y tres veces más los muertos que los registrados oficialmente, estamos por los lados de trescientos mil muertos por la plaga. Si solo fuese un tercio de la cifra compuesta por los jóvenes que gritan idioteces por un puñado de billetes que ponen en sus manos para protestar, quiere ello decir que el Comité del paro carga con cerca de cien mil colombianos asesinados. “Qué hermosos marchan a la muerte”.

Los médicos y los científicos pueden decir lo que quieran. La turba sigue gritando y el Covid sigue matando. Este domingo, escribimos antes de ese momento nefasto, se sustituyen los bloqueos por un gran concierto en el Parque Nacional, que matará un buen número de personas. Pero qué importa. Todo sea por el derecho a la protesta pacífica.

Con el concierto o sin el concierto, los bloqueos y las algazaras continúan. Bogotá da cuenta de ello y Cali lo sigue sufriendo. Garantía de que continuaremos con las UCI llenas, los hospitales en dramática emergencia, la reactivación de la economía cada vez más improbable, los precios de los alimentos en las nubes, los pobres cada vez más pobres y el hambre cada vez más despiadada.

Lo que salga costando este paro, nadie lo sabe. FASECOLDA se queja de siniestros por más de ciento cuarenta mil millones de pesos. Los riesgos no asegurados multiplican esa cifra varias veces. De ahí los negocios cerrados, el desempleo galopante, las pequeñas y medianas empresas destruidas. Nadie sabe si algún día regresen ni a qué costo.

Las exportaciones de café de un mes entero andan bloqueadas en Buenaventura. Las de azúcar siguen en la línea. Los ingenios cerrados, los cafetales sin abono, las gallinas que mueren por millones, la leche que para en los caños, la carne a precios imposibles, ahí queda parte del cuadro lamentable. Pero qué hermosos marchan a la muerte.

Algo de circo tiene que acompañar la falta de pan. El Congreso le acaba de quitar al ex Magistrado Leonidas Bustos, sus títulos y prerrogativas y lo manda a la Corte, a sus colegas, para que lo pidan en extradición a Canadá. Tiempo y esfuerzos perdidos. Intento vano. Y lo piden por patrañas de doscientos millones de pesos y un reloj Cartier. No se vive años en Canadá con un reloj y doscientos millones. La fortuna de Bustos no la toca nadie y sus compañeros de Corte tendrán buen cuidado en dejar el tema en silencio. Cuentan los vecinos de ese sujeto que vieron salir de su apartamento una pinacoteca impresionante. Nadie acudió para incautarse de ella cuando era tiempo. El cartel de la toga sí funciona, amigos queridos.

En Cali mataron a mansalva un policía dentro de un CAI y tasaron la tortura en diez puñaladas y tres disparos. No será Vivanco el que proteste, ni el Arzobispo Monsalve el que lo llore.

Pero al tiempo, qué triunfo el de la Justicia, el Policía que causó sin quererla la muerte de Dilan Cruz, mozalbete nada ejemplar, valga decir, irá a la jurisdicción ordinaria. Quisiéramos saber cuál Policía se atreverá a disparar su arma disuasiva con ese antecedente. Que las turbas paralicen, maten, incendien, qué mas da. La impunidad está garantizada.

Mientras tanto, hombres en uniforme muertos por francotiradores, bombas que estallan en las Brigadas y un Comandante del Ejército que da griticos pero no combate, y un Director de la Policía al que le parece muy bien que la cambien por otra, condenándola como culpable de todos los heridos y los muertos. Y no hablar, para qué, del Comandante en Jefe. Que masacren política y moralmente  a sus hombres, no interesa. ¡Con tal de que Soros quede tranquilo!

Esta es Colombia, Pablo. Pero qué hermosos marchan nuestros jóvenes a la muerte.

http://periodicodebate.com/index.php/opinion/columnistas-nacionales/item/30361-qu%C3%A9-hermosos-marchan-a-la-muerte

EL MUNDO

EL TIEMPO