SOBRE AMIGOS E INTERESES

Por Hugo J. Byrne

 

“Las naciones adultas no tienen amigos sino intereses”

                                                                  Charles De Gaulle

 

A los 50 años del desastre de Bahía de Cochinos, las reflexiones y los “post-mortems” de ritual sobre cuanto pudo ser y no fue en Cuba a partir de ese trágico evento, continúan influenciando los editoriales de las publicaciones y los motivos de discusión en las ondas de radio y televisión del exilio cubano. Es una herida abierta y sin posibilidades reales de cicatrización en el futuro inmediato. Aunque hace ya bastante tiempo que no abordo ese muy desdichado tema, me es imposible ignorarlo en un aniversario como este.

 

En el territorio de la isla (o el archipiélago, para los puntillosos) que antaño fuera asiento de la República de Cuba, el régimen castrista ha desplegado nuevamente el consabido desfile militar, con las ridículas gorras de plato reminiscentes de la era de los dictadores iberoamericanos de los años 30 y su aún más ridículo paso de ganso fascista. Un detalle agregado es la pirueta norcoreana de generalitos vociferantes saludando militarmente desde autos abiertos de tracción a cuatro ruedas.   Todo en honor del 50 aniversario de la “victoria de Girón” y de la declaración del “carácter socialista” del régimen.

 

Ausente de toda esta farsa de pompa y circunstancia está la realidad de que las llamadas “victorias” de los “combatientes internacionalistas” en África y América Central fueron obtenidas sobre pobres oponentes del Tercer Mundo. En su mayor parte estos antagonistas estaban mal armados, peor dirigidos y sin el respaldo de nadie en Occidente. Bahía de Cochinos tampoco fue una victoria verdadera, sino una autoderrota de Washington y no es necesario narrar las circunstancias de nuevo.

 

En cada ocasión que esas tropas de la “revolución invencible” se enfrentaran a una oposición real, como ocurriera en El Congo en 1965, el resultado ha sido ignominioso. En esa oportunidad los marxistas congoleses y sus mentores castristas, incluyendo al misterioso caudillo número 3 “Tatu” (Ernesto Guevara), fueron sacados de allí a patadas por el trasero por el Quinto Comando, con el apoyo decisivo de pilotos cubanos veteranos de la Brigada 2506.

Dos años después, de nuevo los cubanos libres hicieron posible que el terrorista atorrante Guevara fuera derrotado, humillado y esta vez eliminado en Bolivia. A diferencia de la fantasía que pasa por historia en La Habana, en los predios del Antropomorfo de Caracas y en los de su mascota, el Pitecantropus de La Paz (veterano de la lucha nativa contra “el Imperio Romano”), Guevara se rindió voluntariamente, entregando a los soldados una pistola con el cargador lleno, mientras que algunos de los guerrilleros a sus órdenes todavía combatían.

 

Las operaciones de contraterrorismo en Venezuela en los años 60, hicieron que algunos de esos mismos generalitos que ahora se pavonean en el desfile de La Habana fueran derrotados decisivamente por el entonces gobierno legítimo de Caracas. Esto convirtió a Luis Posada en el objetivo número uno de los Castro y su pandilla, ya que él era entonces director de la contrainteligencia venezolana (DISIP) y principal responsable de la soberana paliza que recibieran Arnaldo Ochoa (quien fuera fusilado en 1989 para tratar de ocultar torpemente la participación castrista en el mercado ilícito de drogas), Rosales del Toro y otros muchos “combatientes” (léase terroristas) como ellos.

 

A principios de los 80 fue el turno de la Isla de Granada, que Castro estaba convirtiendo en una avanzada del marxismo antillano con la cooperación del Primer Ministro Maurice Bishop, quien fuera asesinado por una facción comunista aún más radical. Allí Fifo disponía de unos 800 militares castristas al mando del Coronel Tortoló, quien rindiera a su tropa en menos de dos días de combate. Tortoló sabiamente evitó confrontar a los infantes de Marina y pagó por ello con la degradación a soldado raso y el envío al frente de Angola, del que regresaría fiambre.

 

Otro aliado del castrismo involucrado en el mercado de estupefacientes que mordiera el polvo de la derrota a fines de la misma década fue el Dictador de Panamá, Noriega, a quien se le vio llorar de miedo al ser capturado por fuerzas norteamericanas sin ofrecer resistencia.   Noriega usaba blandir un filoso machete en gesto amenazador para amedrentar al pueblo.   Ese machete simbolizaba su unidad de élite, los llamados “Machos del Monte”. Los marines no encontraron a ningún macho en el monte y ni rastro del machete de Noriega.

 

Infortunadamente fue sólo en la propia Cuba donde el castrismo obtuvo su única victoria de consecuencias hasta hoy permanentes. Para Castro, Bahía de Cochinos, aunque entregada en bandeja de plata por quienes eran supuestamente nuestros aliados, no deja de ser una victoria. Los tiranos permanecen allí y nosotros todavía somos desterrados.

 

Las enseñanzas fundamentales de esa derrota tienen mucho que ver con la realidad de que en las alianzas de intereses diferentes, ninguna nación que merezca ese nombre puede confiar ciegamente en la promesa de otra.

           

 

     

 

 

 

 

 

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