OBAMA: LIDER DE LA RETAGUARDIA

Por Charles Krauthammer

Traducción de Alfredo M. Cepero

(English version follows)

Obama puede estarse moviendo hacia algo que parece una doctrina. Uno de sus asesores se refirió a las acciones del presidente en Libia como “liderando desde la retaguardia”. Ryan Lizza, revista The New Yorker, edición del 2 de mayo del 2011.

 

Hablando en plata, liderar desde la retaguardia no es una doctrina sino un estilo. Las doctrinas conllevan ideas, pero como no existe idea alguna que sea capaz de darle sentido a la política exterior de Obama—la cuidadosa crónica de dos años elaborada por Lizza parece ser tan errática y confusa como los hechos que trata de describir—no nos queda más remedio que conformarnos con ella. 

 

Y en realidad describe con precisión tanto la perturbadora pasividad del presidente ante la Revolución Verde de Irán en el 2009 como sus indecisiones con respecto a Libia en que actuó muy tarde y después le pasó la papa caliente a una coalición discordante que ha hecho posible los derramamientos de sangre en un conflicto que no parece tener fin. Ha sido una política de dudas, retrasos e indecisiones, dominada por apelaciones a una ficticia “comunidad internacional” para que haga lo que solo los Estados Unidos están en capacidad de hacer.

 

Pero, según los asesores de Obama, detrás de ese estilo hay verdaderas ideas. En verdad, de acuerdo con Lizza, “dos convicciones de las que nadie habla”. En esencia, “que el poder relativo de los Estados Unidos en el mundo declina a medida que aumenta el poderío chino y que este país es odiado en muchas partes del mundo”.

 

Increíble. ¿Es esta la razón por la cual Obama esta reduciendo deliberadamente la presencia, la estatura y el liderazgo de los Estados Unidos en el mundo?

 

La primera convicción: Debemos liderar desde la retaguardia porque el poder relativo de los Estados Unidos está en declive. Aún cuando aceptemos la premisa, este razonamiento no tiene sentido. ¿Qué tiene que ver el aumento del Producto Interno Bruto de China con la inercia de los Estados Unidos en Libia, los errores de juicio en Irán y el apaciguamiento en Siria?  

 

Es cierto que China va en ascenso. Pero, en primer lugar, es la única potencia que aumenta su poderío militar en relación con el nuestro. Rusia se recupera de un poderío militar tan bajo que ya no cuenta como potencia en el mundo. Y las potencias europeas, con excepción de Gran Bretaña, se encuentran en total declive como lo demuestran su actuación en Afganistán y los actuales errores en Libia.

 

En segundo lugar, el reto de un creciente poderío militar de China esta limitado a un nivel regional en Asia. Esto podría afectar un conflicto con respecto a Taiwan. No tendría efecto alguno en conflictos alejados de las costas de China. China no cuenta con fuerzas navales de aguas profundas. No tiene bases en el extranjero. No puede proyectar su poderío a nivel global. Podría hacerlo en el futuro, pero ¿cuál es la lógica para que nos paralice en el presente?  

 

La segunda convicción: Debemos liderar desde la retaguardia porque somos odiados en el mundo. ¿Cuándo no ha sido así? ¿Durante la guerra de Vietnam? ¿Durante la presidencia de Eisenhower? Cuando al general se le ocurrió enviar a su vicepresidente a un viaje de buena voluntad por América Latina, Nixon fue escupido y amenazado con tal intensidad por las multitudes que tuvo que suspender el viaje. ¿Quizás mas tarde bajo el bendito Reagan? La presidencia de Ronald Reagan se caracterizó por inmensas manifestaciones en las capitales de nuestros aliados más cercanos donde los Estados Unidos fueron denunciados como una potencia bélica con la capacidad de conducir al mundo al holocausto nuclear.

 

Según Lizza, Obama alcanzó la madurez política en la etapa que siguió a la Guerra Fría en que “el poderío norteamericano provocó una dosis considerable de resentimiento”. Pero el mundo no empezó con la toma de conciencia de Barack Obama. El resentimiento era igualmente intenso en los años de la Guerra Fría.

 

El destino de todas las superpotencias es ser envidiadas, condenadas y acusadas de ser culpables de todos los problemas bajo el sol. Nada ha cambiado en absoluto. Si somos un país tan odiado, que alguien me diga por qué en los recientes disturbios en Tunes, Egipto, Yemen, Jordania y Siria no se produjeron manifestaciones contra los Estados Unidos.

 

¿Quiénes son entonces los que verdaderamente repudian la hegemonía norteamericana en el mundo? No es otro que el mundo en que vive Obama y en el que se formó intelectualmente. El de las élites universitarias y los activistas de la izquierda (incluyendo sus rara vez mencionados amigos terroristas Bill Ayers y Bernardine Dohrn); la iglesia en la que escuchó durante veinte años sermones mas antiamericanos que todo lo que se escucha en las manifestaciones callejeras de los países árabes.

 

Son las élites de izquierda las que odian al coloso norteamericano y quieren verlo de rodillas. Liderar desde la retaguardia y reducir el papel del poderío norteamericano en el mundo es una reacción de su propia visión de los Estados Unidos, y nada tiene que ver con la opinión que otros tengan de nosotros.

 

La mayor parte de los presidentes que le antecedieron aceptaron la hostilidad hacia los Estados Unidos como una realidad de la cual no éramos culpables y creyeron—como lo cree la mayoría de los norteamericanos—en la justicia de nuestra causa y la nobleza de nuestras intenciones. Obama piensa que el antiamericanismo es un veredicto sobre la capacidad de los Estados Unidos para el liderazgo. Yo sugiero que su estilo de liderar desde la retaguardia es un veredicto sobre la incapacidad de Obama para ser líder.

 

Liderar desde la retaguardia no es liderar. Es una abdicación. Es también una soberana contradicción. Sin embargo, un periodista que simpatiza con el presidente convierte la opinión de uno de sus asesores en toda una doctrina. Sin dudas el presidente se siente halagado. El resto de nosotros totalmente aturdidos.

 

 

^THE OBAMA DOCTRINE: LEADING FROM BEHIND<
^By CHARLES KRAUTHAMMER=
     
     Obama may be moving toward something resembling a doctrine. One of his advisers described the president's actions in Libya as "leading from behind."
     -- Ryan Lizza, The New Yorker, May 2 issue
     
  WASHINGTON -- To be precise, leading from behind is a style, not a doctrine. Doctrines involve ideas, but since there are no discernible ones that make sense of Obama foreign policy -- Lizza's painstaking two-year chronicle shows it to be as ad hoc, erratic and confused as it appears -- this will have to do.


 And it surely is an accurate description, from President Obama's shocking passivity during Iran's 2009 Green Revolution to his dithering on Libya, acting at the very last moment, then handing off to a bickering coalition, yielding the current bloody stalemate. It's been a foreign policy of hesitation, delay and indecision, marked by plaintive appeals to the (fictional) "international community" to do what only America can.
     

But underlying that style, assures this Obama adviser, there really are ideas. Indeed, "two unspoken beliefs," explains Lizza. "That the relative power of the U.S. is declining, as rivals like China rise, and that the U.S. is reviled in many parts of the world."


 Amazing. (BEG ITAL)This(END ITAL) is why Obama is deliberately diminishing American presence, standing and leadership in the world?
 Take proposition one: We must "lead from behind" because U.S. relative power is declining. Even if you accept the premise, it's a complete non sequitur. What does China's rising GDP have to do with American buck-passing on Libya, misjudging Iran, appeasing Syria?
     

True, China is rising. But first, it is the only power of any significance rising militarily relative to us. Russia is recovering from levels of military strength so low that it barely registers globally. And European power is in true decline (see their performance -- except for the British -- in Afghanistan and their current misadventures in Libya).
     

And second, the challenge of a rising Chinese military is still exclusively regional. It would affect a war over Taiwan. It has zero effect on anything significantly beyond China's coast. China has no blue-water navy. It has no foreign bases. It cannot project power globally. It might in the future -- but by what logic should that paralyze us today?
 

 Proposition two: We must lead from behind because we are reviled. Pray tell, when were we not? During Vietnam? Or earlier, under Eisenhower? When his vice president was sent on a good will trip to Latin America, he was spat upon and so threatened by the crowds that he had to cut short his trip. Or maybe later, under the blessed Reagan? The Reagan years were marked by vast demonstrations in the capitals of our closest allies denouncing America as a warmongering menace taking the world into nuclear winter.  

"Obama came of age politically," explains Lizza, "during the post-Cold War era, a time when America's unmatched power created widespread resentment." But the world did not begin with the coming to consciousness of Barack Obama. Cold War resentments ran just as deep.

It is the fate of any assertive superpower to be envied, denounced and blamed for everything under the sun. Nothing has changed. Moreover, for a country so deeply reviled, why during the massive unrest in Tunisia, Egypt, Bahrain, Yemen, Jordan and Syria have anti-American demonstrations been such a rarity?

Who truly reviles America the hegemon? The world that Obama lived in and shaped him intellectually: the elite universities; his Hyde Park milieu (including his not-to-be-mentioned friends, William Ayers and Bernardine Dohrn); the church he attended for two decades, ringing with sermons more virulently anti-American than anything heard in today's full-throated uprising of the Arab Street.  
It is the liberal elites who revile the American colossus and devoutly wish to see it cut down to size. Leading from behind -- diminishing America's global standing and assertiveness -- is a reaction to (BEG ITAL)their(END ITAL) view of America, not the world's.

Other presidents take anti-Americanism as a given, rather than evidence of American malignancy, believing -- as do most Americans -- in the rightness of our cause and the nobility of our intentions. Obama thinks anti-Americanism is a verdict on America's fitness for leadership. I would suggest that "leading from behind" is a verdict on (BEG ITAL)Obama's(END ITAL) fitness for leadership.
 

Leading from behind is not leading. It is abdicating. It is also an oxymoron. Yet a sympathetic journalist, channeling an Obama adviser, elevates it to a doctrine. The president is no doubt flattered. The rest of us are merely stunned.
     

 

 

 

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