¿DÓNDE ESTÁ BARACK OBAMA?

Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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"No existe una América negra, una América blanca, una América Latina o una América Asiática. Los que sí existen son los Estados Unidos de América".

¿Dónde está el Partido Demócrata de John Kennedy que en octubre de 1962 se enfrentó a una Unión Soviética que amenazó la seguridad nacional de los Estados Unidos instalando cohetes nucleares en la Cuba tiranizada por Fidel Castro? ¿Dónde está el Partido Demócrata de Lyndon Johnson que en 1965 invadió la República Dominicana para evitar que se convirtiera en otra Cuba comunista? ¿Dónde está el Partido Demócrata de Henry Jackson, Sam Nunn y Bob Graham que fuera una vez defensor de los obreros y representante de la clase media? Ese partido ya no existe porque ha sido secuestrado por una izquierda fanática empeñada en cambiar en forma radical las instituciones y las leyes que han hecho libres y prósperos a los Estados Unidos durante más de dos siglos.

Esa es la agenda de la casi totalidad de los actuales aspirantes a la postulación presidencial por el Partido Demócrata. Una agenda determinada por una base del partido que tiene como objetivo eliminar las fronteras, desarmar a los ciudadanos, garantizar asistencia médica a inmigrantes ilegales y proporcionar educación gratuita a todo ser que respire desde los jardines de la infancia hasta las carreras universitarias. Un partido que se ha desplazada tan a la izquierda que hasta Barack Obama podría ser catalogado de conservador. Un hombre con la capacidad de llevarlo a un centro político que le permita competir en las elecciones generales del 2020. Por eso es sumamente extraño que no se le vea por ninguna parte. De ahí que la pregunta más importante sea: ¿Dónde está Barack Hussein Obama?

La respuesta podría estar en su "tejado de vidrio". Una conducta personal pletórica de mentiras, trampas y vanidades que estuvo acompañada de una Administración plagada de corruptos y violadores de la ley. El mentiroso congénito que vendió su incosteable programa de salud prometiendo: "Usted puede mantener su seguro y mantener su médico. Punto" no quiere arriesgarse a un enfrentamiento con Donald Trump. Sobre todo cuando sabe que Trump disfruta la confrontación y no adolece de las inhbiciones de John McCain y de Mitt Romney.

Obama, por otra parte, tal como afirmó en su momento el perspicaz analista político Charles Krauthammer, es un hombre inteligente que sabe escoger las batallas y el momento de llevarlas a cabo. De ahí, que nada es tan peligroso como una inteligencia al servicio de la maldad. Por eso no ha apoyado a ninguno de los candidatos del partido a la presidencia. Ni siquiera a su corrupto vicepresidente Joe Biden. Porque Obama estaba al tanto de las fechorías de Biden en Ucrania.

Otra prueba de su capacidad para la simulación ha sido la rapidez con la que pasó del anonimato a la Casa Blanca. Cuando el candidato John Kerry lo seleccionó para que lo presentara ante la Convención Nacional del Partido Demócrata del 2004 en Boston, Obama era un desconocido legislador estatal de Illinois. Esa noche nació una estrella en el firmamento político norteamericano. Escondió todos sus resentimientos raciales y sus resabios de izquierda diciendo: "No existe una América negra, una América blanca, una América Latina o una América Asiática. Los que sí existen son los Estados Unidos de América". ¿Qué norteamericano patriota no se habría sentido embargado de emoción ante tal elocuencia de un joven político de raza negra que era símbolo de los progresos en la igualdad racial?

Sin embargo, todas las ilusiones y esperanzas desaparecieron cuando este hombre llegó a la Casa Blanca. Su presidencia estuvo marcada por un sinnúmero de escándalos. Uno de los primeros fue su encubrimiento junto al Secretario de Justicia Eric Holder, del envío de 2,000 rifles de asalto a las mafias mexicanas en una operación encaminada a investigarlas y combatirlas. La operación "Rápido y Furioso" terminó en un fracaso que causó la muerte a centenares de mexicanos y al miembro de la Guardia Fronteriza de los Estados Unidos, Brian Terry. Obama y Holder obstruyeron las investigaciones del Congreso utilizando el recurso de "privilegio ejecutivo".

Otro escándalo de proporciones galácticas fue el asesinato en 2012 de cuatro norteamericanos en Benghazi, por bandas terroristas libias. El embajador Chris Stevens y sus subalternos Sean Smith, Glen Doherty y Tyrone Woods habían solicitado varias veces a Hillary Clinton el aumento de la seguridad en las instalaciones diplomáticas. La negativa de la entonces Secretaria de Estado produjo el infortunado desenlace. Tanto Obama como Hillary negaron toda responsabilidad. Pero lo más ominoso y despreciable fue el hecho que a la mañana siguiente del asesinato Obama tomo un avión con destino a las Vegas para participar en una recaudación de su campaña de reelección y terminar la jornada con una fiesta amenizada por los artistas Jay-Z and Beyonce.

Ahora bien, quienes más se beneficiaron de la tolerancia de Obama con la corrupción fue el matrimonio mafioso de Bill y Hillary Clinton. Por años, Vladimir Putin estuvo luchando por aumentar sus arsenales de uranio. Para ello, necesitaba el consentimiento del Secretario de Estado de los Estados Unidos. Hillary firmó un documento que permitió a Putin hacerse con el 20 por ciento del uranio correspondiente a los Estados Unidos. Putin pagó el "favor" instruyendo a uno de sus oligarcas rusos que donaran 2.35 millones de dólares a la Fundación Clinton, que es lo mismo que la familia Clinton. Cuando los periodistas preguntaron a la Casa Blanca, el entonces Secretario de Prensa, Josh Earnest contestó que el Presidente Obama no tenía objeción alguna al pago de ese dinero.

Ahora bien, lo más peligroso para Barack Obama son las manipulaciones y violaciones de la ley por parte de sus subalternos encaminadas a descarrillar primero la campaña política y después la presidencia de Donald Trump. Ninguno de estos funcionarios se habría atrevido a tomar medidas tan drásticas sin el consentimiento del presidente. Por ejemplo, la Asesora de Seguridad Nacional, Susan Rice, el Director de la CIA, John Brennan y la Embajadora ante las Naciones Unidas, Samantha Powers, violaron la ley cuando desenmascararon a varios asesores de la campaña política de Trump. Por ejemplo, los nombres de Michael T. Flynn, Paul Manafort, Carter Page y George Papadopoulos, por ser ciudadanos norteamericanos, no podía ser revelados en investigaciones sobre espionaje de ciudadanos extranjeros.

Otros dos personajes tenebrosos en toda esta trama son el mentiroso Director de Seguridad Nacional, James Clapper, y el filtrador de información clasificada, Director del FBI, James Comie. En declaraciones ante el Congreso, Clapper mintió cuando negó que su agencia hubiera espiado a millones de norteamericanos. La filtración de Comie a un amigo profesor de Harvard para que éste la transmitiera a la prensa fue el origen de la investigación de Robert Mueller sobre la falsa conspiración de Trump con los rusos para ganar las elecciones de 2016.

Hasta el momento, la prensa cómplice de los demócratas no ha mostrado interés alguno en investigar la responsabilidad de Barack Obama en todos estas artimañas. Pero con el advenimiento de los medios sociales quedan muy pocas cosas que puedan ser mantenidas en secreto por mucho tiempo. Por eso no vemos a Obama aparecer por ninguna parte.

10-22-19

 

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