ADAM SHIFTY

Por Hugo J. Byrne

Ahora que diariamente vemos en la tele los ojos saltones y la mirada de ratón asustado del congresista por mi distrito Adam Schiff, me veo en la necesidad ingrata de recordar la primera vez que vi a este bribón, cuando me invitara a un "simposio" sobre el "Obamacare". Para la sorpresa de los votantes invitados, la reunión no tendría lugar dentro de los límites de esta ciudad, la más populosa e importante, sino en Alhambra en el sur del distrito.

Schiff fue electo congresista porque su predecesor republicano había votado a favor del "impeachement" de Bill Clinton. Lo que equivale a decir que desde entonces los votantes de estos lares eran casi tan ignorantes y confundidos como los de ahora. La excusa para no utilizar el Ayuntamiento de Pasadena fue que el mismo no tenía el espacio suficiente para un acto popular de ese tamaño. Pamplinas.

Al instante de llegar al lugar, el estacionamiento de una escuela, me percaté de que la reunión no era tal simposio, que define una reunión de personas de todos los criterios para manifestarlos abiertamente, sino un espectáculo organizado y controlado por Schiff y el Partido Demócrata de California. El pódium estaba totalmente copado por activistas de la izquierda demócrata. Todos cantaron a coro las maravillas del Obamacare, repitiendo mentiras como cotorras amaestradas mientras se paseaban entre los asistentes unos payasos con batas blancas y estetoscopios de juguete colgados al cuello. En ningún momento el público asistente tuvo oportunidad de manifestarse o siquiera tener un breve acceso a los micrófonos.

Llegué temprano y pude verificar que muchos de los asistentes llegaban en buses especiales hasta el sitio de la reunión. Si eran o no votantes del Distrito, no lo sé. Desde entonces conozco bien a Adam Schiff y no tengo el menor respeto por él.

Con "Shifty", como lo llama el Presidente Trump, resulta cierto eso de que la cara es el espejo del alma. Sin embargo, no he podido verificar que una hermana de Schiff esté casada con un hijo del judío renegado George Soros. Es básico para quien escribe para el público mantener siempre su credibilidad. Ese perro me mordió una vez y para mí es suficiente.

Adam es un politiquero de la izquierda radical demócrata. El partido de las acémilas ha caído en las redes obtusas de Alexandria Ocasio Cortez y el resto de su adocenado "squad". Realmente el congresista Schiff no tiene bandera alguna. Es un notorio "camaleón" al mejor postor, que se mueve en la dirección que más convenga a su carrera política. En este momento parece creer, como su colega Pelosi, en que lo mejor para él es formar filas con quienes demandan un juicio del congreso federal que remueva al Presidente Trump de la posición ejecutiva que ganara por medios rigurosamente constitucionales.

En realidad desde el mismo día de las elecciones presidenciales del 2016 una turba de rufianes y vándalos atacó y destruyó propiedad pública y privada en California sin ser molestados por las simpatizantes autoridades estatales y locales. Esta llamada "resistencia" no es otra cosa que subversión abierta. Pero cuidado, que Trump no es el objetivo final de estos bastardos.

Lo que desean es crear artificialmente una situación caótica. Recordemos el adagio español sobre el río revuelto. En medio de un caos ninguna sociedad puede sobrevivir, porque la vida misma no puede garantizarse ni protegerse.

Cuando la anarquía reina, que es siempre por muy corto tiempo, termina en un estado dictatorial y despótico. La llamada "resistencia" con todos sus corolarios subversivos "Antifa", el socialismo "democrático" del viejo carcamal, baboso y castrista "Bernie" Sanders, la llamada "Squad", de la guaricandilla Ocasio Cortez y las tres musulmanas radicales, incluyendo la que insultara al Presidente usando vocabulario de burdel, están al acecho para llamar al orden, al frente de un estado no solamente despótico, sino totalitario. Si el amable lector cree que estoy exagerando, recuerde que no se puede vivir de ilusiones. Mi sugerencia es que mantenga la pólvora seca y que recuerde lo que escribiera nuestro primer presidente:

"Estar preparado para la guerra es una de las formas más eficaces de mantener la paz".

 

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