DEJEMOS DESCANSAR A MACEO

Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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El mensaje equivocado de la articulista presentó a Baraguá como una derrota y a Maceo como un capitán araña que dejó abandonados a sus soldados.

Mi buen amigo Roberto Azcuy, del Partido Unión por Cuba Libre, me envió hace unos días un artículo sobre el General Antonio Maceo escrito por la periodista Miriam Celaya y publicado en la revista cibernética "14 y medio". Roberto me pidió mi opinión y yo he decidido compartir mi respuesta con los lectores de La Nueva Nación.

Con el título de "No nos entendemos: el mito y la vigencia de Baraguá", frase supuestamente dicha por el General Maceo al General Martínez Campos, la autora apunta que: "Quizás no exista héroe tan propicio para el discurso oficial del castrismo como Antonio Maceo". Acto seguido presenta a un Maceo arrepentido y derrotado cuando dice: "… apenas 55 días después de proclamar la continuidad de la lucha armada el propio líder apelara a la mediación de su adversario, Arsenio Martínez Campos, para abandonar la Isla con rumbo a Jamaica."

Más adelante nos muestra a un Maceo que es una pobre caricatura del líder cuando dice que sale de Cuba: .." dejando en las montañas de Baracoa algunos puñados de guerrilleros sin pertrechos suficientes y sin apenas alimentos, quienes acabaron rindiéndose y aceptando la capitulación del Zanjón a mediados de junio de 1878, acentuando así una derrota que no se refleja en los libros de texto oficiales de la enseñanza en Cuba". El mensaje equivocado de la articulista presentó a Baraguá como una derrota y a Maceo como un capitán araña que dejó abandonados a sus soldados.

Todo indica que la Celaya no acepta la utilización de la figura de Maceo por la tiranía cubana y eso constituye una muestra de patriotismo y de rebeldía. Pero cae en la trampa de calificar a Baraguá de derrota para destacar las derrotas del régimen en esta larga noche de horror y miseria. En gran medida, los juicios de los seres humanos son determinados por la experiencia de sus vidas. Por eso, en estos sesenta años de tiranía he visto a muchos compatriotas tener una versión distorsionada de nuestra historia y de nuestros próceres.

La realidad es que Maceo no pertenece a nadie. No es de los tiranos ni de quienes los combatimos. Maceo no necesita defensa porque sus actos lo definen y defienden. Entrar en una disputa con los vende patria que nos oprimen sobre sus triunfos y sus derrotas es como revolcarse con un cerdo en un pantano. El cerdo se siente feliz y nosotros tenemos que darnos un baño para quitarnos el fango.

He admirado a Antonio de la Caridad Maceo y Grajales durante toda mi vida. Todo empezó en 1958 en que el Padre Franciscano Luís Zabala me pidió que escribiera un artículo sobre su natalicio el 14 de junio para la Revista Católica Quincena que titulé "Maceo se nos hace necesario". Como el optimista incurable que soy, me agradó la idea de celebrar su vida antes que lamentar su muerte.

Andando el tiempo, la doctora Remember Maceo, sobrina-nieta del glorioso general, me invitó a que hiciera el panegírico del héroe en la Sociedad “La Unión Martí-Maceo” de Ibor City, Tampa, Estado de la Florida, el 7 de diciembre de 2008. Titulé aquel discurso "Maceo, el hombre detrás de la leyenda". Quise describir al hombre tal como era porque, para mí, Maceo no es ni mito ni leyenda. Es incluso, mucho más que parte de la historia en la lucha por nuestra libertad. Maceo es la historia misma. Sin él, la historia de Cuba estaría incompleta.

Veamos por qué hago esta afirmación tan categórica. En el curso de su carrera militar, el héroe de Sao del Indio participó en más de 500 combates y entre su bautismo de sangre durante el ataque al Ingenio Armonía en 1870 y su caída en San Pedro en 1896 recibió el impacto de 25 balazos muchos de los cuales habrían resultado mortales para un hombre sin la constitución sólida y corpulenta de Antonio Maceo.

Pero si fuerte era su condición física mas fuerte aún eran su equilibrio psíquico, su solidez de carácter, su persistencia en la lucha y su optimismo innato. A tal punto, que se negó a aceptar el Pacto del Zanjón por el que se dio término a la Guerra de los Diez Años, a pesar de que el mismo había sido sancionado por su maestro y mentor Máximo Gómez. Como sabemos, en los mangos de Baraguá se llevó a cabo la famosa protesta que ha pasado a ser una de las páginas más heroicas e inspiradoras de nuestra historia.

Ahora bien, su hazaña más conocida fue la Invasión de Occidente. En solo 90 días, Maceo y una abigarrada tropa que se limitaba a 1,400 hombres cuando salió de Baraguá, muchos de ellos descalzos y mal armados, recorrieron 2,056 kilómetros en setenta y ocho jornadas, sostuvieron 27 combates, ocuparon 22 pueblos y despojaron al enemigo de 2,000 fusiles y 80,000 cartuchos. El 22 de enero de 1896 Maceo llegó a Mantua, el pueblo más occidental de Cuba, en la Provincia de Pinar del Río, para culminar una epopeya que muy pocos de sus compañeros de armas creían posible. Durante la invasión, Maceo libró más batallas y combatió contra más soldados que los enfrentados por héroes militares de la estatura de Simón Bolívar y José de San Martín en ese espacio de 90 días. De ahí su merecido calificativo de Titán de Bronce.

Después de esta historia de heroísmo y de sacrificio, ningún cubano que se respete a sí mismo puede negar que Antonio Maceo se haya ganado el derecho de disfrutar de un eterno descanso. Ahora nos toca a nosotros reconquistar nuestra dignidad y continuar su obra. Para imitar su ejemplo no necesitamos valor para arriesgar la vida. Basta con la vergüenza para contribuir en la medida de nuestras aptitudes y habilidades a la liberación de la patria.

Es cierto que las condiciones para nuestra lucha siguen siendo extremadamente difíciles. Como en 1895, luchamos contra un enemigo superior en números y en recursos. Como en 1895, somos ignorados por un mundo indiferente y muchas veces hostil. Como en 1895, estamos divididos por nuestros egoísmos y nuestros protagonismos. Como en 1895, estamos física y mentalmente agotados por este largo camino de frustraciones y errores.

Como inspiración, vienen a mi mente las palabras de aquel místico que venció sin disparar una bala al Imperio Inglés y fundó una nación que es hoy ejemplo de prosperidad y de libertad. En un momento en que se debilitaba la voluntad de sus discípulos, Mahatma Gandhi los conminó a seguir adelante con estas palabras “Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Lo que sería inaceptable es tener que mirarles a los ojos y decirles que no tienen patria porque no nos hemos animado a pelear”.

9-10-19

 

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