EL DR. CATÁSTROFE

Por Luis Ventoso,

ABC de Madrid

Robert Gabriel Mugabe, héroe de la lucha anticolonial de Zimbabue que degeneró en tirano, se ha muerto a los 95, dos años después del golpe palaciego que lo depuso de una poltrona en la que llevaba 37 años atornillado. La parca ha alcanzado al Dr. Mugabe en un hospital de Singapur. Atrás quedaba su gusto por los ternos de corte perfecto de Savile Row, uno de los rasgos que admiraba del opresor inglés. Solo quedaba de él un anciano quebradizo, de barba descuidada y ataviado con un chándal Adidas de rapero que le caía holgado. Para su país fue el Dr. Catástrofe. Logró convertirlo en el arranque de este siglo en el más mísero del mundo. Pero la historia pudo ser otra...

La familia del futuro sátrapa era muy pobre. Educado en el catolicismo más fervoroso por su madre, el niño tuvo la suerte de que un cura irlandés reparó en su despierta inteligencia y le consiguió una beca. Robert pudo estudiar una carrera en Sudáfrica, en la misma universidad por donde pasó Mandela, su reverso luminoso. Tras trabajar como profesor, en 1960 retorna a su país, Rodesia del Sur, colonia británica, y se mete en política. Marxista al principio, abraza la lucha contra el colonialismo como líder intelectual de la guerrilla y en 1964 acaba en la cárcel. Se pasará diez años preso, pero aprovecha el tiempo: tres títulos a distancia en la Universidad de Londres. Ya libre, se impone en las elecciones de 1980 y se convierte en presidente del nuevo país: Zimbabue. Contra pronóstico, emerge un líder conciliador, que tiende puentes con la minoría blanca que había mangoneado su tierra. Convierte a la guerrilla en un ejército, abre escuelas y hospitales, hasta recibe en su casa al expresidente blanco Smith, el mismo que estando preso le había denegado un permiso por la muerte de su hijo de tres años. Mugabe incluso designa ministro de Agricultura al jefe de los granjeros blancos. Con sus recetas de concordia el país prospera durante tres años. Aumentan la alfabetización, la producción agrícola y hasta la esperanza de vida. El joven Zimbabue, «la despensa de pan de África», promete.

Pero en 1983, el docto y atildado Mugabe destapa su otra personalidad. Ordena la operación Gukurahundi, una limpieza étnica en el suroeste del país, y mata a más de 20.000 civiles (ni hay recuento de las torturas y violaciones). En 1992 muere Sally, su mujer, freno de sus peores instintos. Mugabe se casa entonces con una secretaria cuarenta años más joven que él y comienza el desgobierno absoluto. Asalta las tierras de los 4.500 terratenientes blancos y los priva de su propiedad. Pero lo que logra es el abandono total de las granjas y liquidar la industria agrícola nacional. El hambre azota a un cuarto de la población. La esperanza de vida se desploma (37 años ellos y 34 ellas, la más baja del planeta). La inflación es de chiste: 14 millones por ciento. De la bombilla se retorna a la lámpara de aceite. Los colegios y escuelas languidecen o cierran. Un estado fallido, arrasado por la cleptocracia y la burramia económica. Un ejemplo espectacular del efecto de la política sobre los países.

https://www.abc.es/opinion/abci-catastrofe-201909062318_noticia.html

 

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