LA VERDAD Y LA JUSTICIA EN EL CASO POSADA
Por Hugo J. Byrne

 

Esta es una ocasión feliz para Cuba y para todos los hombres y mujeres libres del orbe.  La exoneración total de Luis Posada Carriles tiene una importancia extraordinaria. Al fin se refutan por completo infames calumnias y se evidencian los reales culpables de nefandos crímenes.  Es una vindicación definitiva, pues el Departamento de Justicia agotó en este proceso todos los posibles cargos en su jurisdicción legal.  Después de este fallo tratar las mismas acusaciones sería violar flagrantemente la quinta enmienda. La formidable decisión de El Paso es también síntoma inequívoco de que la verdad, aunque aún se oculte de manera corrupta en gran parte de los medios de difusión, empieza a abrirse paso inexorablemente. La tecnología electrónica hace llegar esa verdad, cada vez más amplia y directamente a casi todo el mundo. 
 
Es curiosa la reacción de la llamada prensa “main stream” en inglés.  Al recordar la prisión de Posada en Venezuela, CNN omitió que el activista cubano fue exonerado tanto por una corte militar como por otra civil y que su fuga ocurrió cuando se preparaba un injusto segundo juicio civil, al ser apelada su absolución por las presiones de La Habana y el prejuicio procastrista del entonces Presidente Carlos Andrés Pérez, confeso enemigo de Cuba libre.   Por su parte la super izquierdista BBC ni siquiera mencionó esos fallos.  Sólo proclamó que el guerrero cubano “se fugó de la prisión cuando esperaba un juicio civil”.  Irónicamente, hasta la extremista cadena musulmana Al Jazeera fue más objetiva.   
 
Los unánimes siete mujeres y cinco hombres jurados de la Corte Federal de Texas, eran en su mayoría de origen hispano.  Yo agregaría que probablemente tuvieran un conocimiento limitado sobre la situación de Cuba anteriormente a las 13 semanas que durara el juicio. Sin embargo, ese desconocimiento del único país verdaderamente totalitario del hemisferio, se desmoronó paulatinamente a medida que la eficiente defensa desarrollara su trabajo.
 
Lo único que nos resta es dar las gracias a quienes la merecen y establecer para la posteridad quienes son los que perdieron.  Porque este no es un triunfo de Luis posada solamente, sino de muchos.  También otros muchos salieron derrotados.
 
Empecemos con esos perdedores.  El primero de ellos es el verdugo de Cuba, Fidel Castro.  El desaseado hijo ilegítimo de Birán soñó con recibir a Posada humillado, escarnecido y encadenado, para cebar en el patriota rebelde el rencor infinito que contra Cuba y su libertad heredara de su padre, un voluntario peninsular del carnicero Weyler y de la España colonial e integrista de 1896.  Habiendo sido incapaz de lograrlo, se transó por que lo condenaran en los predios del odiado “Imperio”, para que pasara el resto de su vida en prisión. 
 
Antes había enviado a sus matarifes a Guatemala para eliminarlo físicamente y estuvo bien cerca de lograrlo. Pero no contó con que Luis se defendería con la determinación de un león. Ahora usó a sus perros de presa en misión pacífica, como testigos de cargo.  “Good try Fifo, but no cigar”.
 
El segundo perdedor es el Fiscal General de los Estados Unidos, Eric Holder, quien aspiraba a complacer a la tiranía de Cuba de manera similar que lo hiciera en la década de los 90 con Elián González.  El problema es que para lograr éxito en una empresa de esta envergadura hacía falta una mínima cantidad de materia gris y Holder para suerte nuestra es además de racista bastante torpe.  Sus subordinados en El Paso eran reflejo de él.
 
El tercer perdedor es el Antropomorfo de Caracas, quien siempre hace cuanto puede por contentar a quien lo mantiene en el poder, pero esta vez sin éxito alguno.  Su lacayo local es el picapleitos José Pertierra, a quien parece lo asustó algo que sobre temas familiares dicen que le susurraran a boca de jarro en un hotel de El Paso. Dicen también que su reacción instantánea fue correr despavorido a la carpeta.  Se lamentó entonces y ahora lo hace de nuevo.  Mi sugerencia al Antropomorfo es que busque mejor representación legal.
 
Tenemos que dar gracias. Gracias en primer lugar a Dios, sin cuyo favor nada se puede. Después al Letrado Arturo Hernández, quien hizo una labor magistral, en cuyo desempeño no sólo demostró sus extraordinarias habilidades legales, sino también su amor por la justicia y pasión por Cuba y su libertad. Hernández pertenece a una generación muy posterior a la mía y ser testigo de su actuación en la corte fue una experiencia impresionante y grata. Gracias también a los demás abogados de la defensa, pues este fue un fantástico “tour de force” colectivo de organización y eficiencia.
 
Gracias mil a todos los cubanos exiliados que alzaron su voz y a tantos otros quienes anónimamente brindaron su esfuerzo, energía y peculio, en esta gesta magnífica.  Sin su colaboración generosa, la que continúa para cubrir los muchos gastos, nunca hubiera podido arribarse a este día de gloria nacional.
 
Finalmente, gracias a Luis Posada por nunca flaquear, manteniéndose impávido y sonriente ante la calumnia, la infamia y la amenaza, haciendo gala de optimismo y determinación inconmovibles hasta el final. Ni el atentado criminal que casi lo mata y dejara con dificultad oral, ni largos años de prisión en tres paises distintos lograron amedrentar al viejo guerrero.  Luis reverdece la tradición espartana de Cuba, plasmada en los versos de Bonifacio Byrne cuando en el siglo XIX escribiera en su poema “A mi bandera”:
                            
                             “Desde el fondo de obscuras prisiones
                               no escuchó ni la queja más leve
                               y sus huellas, en otras regiones,
                               son letreros de luz en la nieve”

 

 

 

 

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