DOMINGO DE RAMOS EN LA PASION DEL SEÑOR

(14 de abril de 2019)

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

Hoy iniciamos la Semana Santa. Al conmemorar la entrada de Jesús en Jerusalén podemos fijarnos en diversos aspectos que ésta nos revela sobre el plan de Dios y el cumplimiento del mismo anunciado en las Sagradas Escrituras. Quisiera que nos fijemos hoy en la mansedumbre del Señor que se presenta sobre una cabalgadura humilde y, así, es reconocido por los humildes, por ese “resto fiel” de Israel que convoca y arrastra a una gran multitud que lo aclama, y “lo bendice porque viene en nombre del Señor”. Los enemigos de este plan y del camino de la humildad y la mansedumbre se pierden en sus envidias y juicios y, al fin, deciden darle muerte. Este pudiera ser un resumen del misterio que actualiza la Liturgia de este Domingo, Liturgia que despliega ante nuestros ojos los acontecimientos de la Pasión: Camino necesario y único hacia la Resurrección.

Otro aspecto importante, y que está implícito en el camino que Jesús escoge para manifestar el plan y la gloria de Dios, es el de su Libertad. No hay entrega total y meritoria que pueda realizarse sin este ingrediente tan básico que distingue la imagen divina que quiso el Creador imprimir en nuestra naturaleza. La Eucaristía, también hoy, sella esta revelación por la que recibimos torrentes de gracias; podemos comparar la humildad y el camino por el que Jesús la representa (el misterio del anonadamiento, rebajándose a la categoría de hombre pecador) con la Eucaristía con que siempre la celebramos y en la que, constantemente, somos renovados: “Así como entonces el Señor entró en la Ciudad Santa a lomos del asno, así también la Iglesia lo ve llegar siempre nuevamente bajo la humilde apariencia del pan y del vino”.

El Evangelio de la procesión (Lucas 19, 28-40), así como la Pasión (Lucas 22, 14-23, 56), son en este día del mismo Evangelista que preside el Ciclo C en este año litúrgico. El Viernes Santo proclamaremos la Pasión según San Juan, como todos los años. El Jueves Santo conmemoraremos la institución de la Eucaristía con el acento de nuevo en el rebajamiento humilde del Cristo, manifestado en el Lavatorio de los pies, señal que anuncia y convierte en servicio la muerte en la Cruz.

Las otras lecturas de esta Misa nos convocan a una mirada profunda en la Pasión misma a través del Canto del Siervo de Yahvé (Isaías 50, 4-7) y el himno cristológico de Filipenses (Fil. 2, 6-11) que nos describe, en versión paulina, el misterio del “Nombre de Jesús”, misterio que revela el propósito de “Dios que salva” manifestado y realizado en Cristo: “¡Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre!"

Concluyamos recordando que hoy celebramos, con la entrada en Jerusalén, nuestra propia vocación de “iniciados”: “Si morimos con El, viviremos con El”. Elegimos a Cristo “que nos eligió y nos amó primero” y decidimos seguirlo por el camino de su Cruz, para poder llegar con El, con paso seguro a la gloria, suya y nuestra, de la Resurrección: “De la verdadera vida y de la verdadera libertad”.

 

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