LAMENTO DE UN CUBANO VIEJO

Por Fernando J. Milanés MD

Pensando en ti noche y día, Cuba de mis amores, mí esperanza renacía, se aliviaban mis dolores. Pensando en ti, mar serena, pensando en ti, bello cielo, era más dulce mi pena

Y menor mi desconsuelo. Siempre en mi Cuba pensaba, siempre ambicioné volver,

Y este momento soñaba de otra vez mi Cuba ver.

No importa. que el mozo fuerte vuelva viejo, si alegre el corazón salta en mi pecho.

No importa lo que tuve que penar, lo que importa es que ya vuelvo para no marchar jamás.

Adaptación de Mi Aldea de la zarzuela Los Gavilanes

Aun cuando el destino lucia derrotar nuestra ambición de regresar al País que nos vio nacer, aun cuando al pasar de los años hicimos una nueva vida en una Nación que nos acogió y donde logramos dicha, creación de una familia y fortunas material y espiritual, nuestro deseo de por lo menos vivir nuestros últimos alientos allá, no desvanecieron Siempre tuve la esperanza de al llegar a la edad que tengo pudiera estar en una casa en Varadero, lugar del que tengo tantos recuerdos.

Mis primeros recuerdos fueron viviendo en una casa muy playera frente al mar, entre los pueblos de Jaimanitas y Santa Fe.

La importancia de estas primeras experiencias es conocida y forma una base para la personalidad futura. Mi hermana, solo 11 meses mayor, y yo fuimos educados en esa casa, comenzando en un colegio y relaciones con otros niños cuando teníamos entre 8 y 9 años.

Esta soledad me hizo tener una gran vida interior, creando fantasías e identificándome con los héroes de la radio como Los Tres Villalobos, Tamakun, El Príncipe Valiente y los peloteros del Club Almendares. Nuestro padre trabajaba mucho y se dedicaba a sus estudios con el fin de hacer investigaciones y escritos médicos. Nuestra madre, cuando no lo ayudaba nos enseñaba, era educadora, y repasaba lo que aprendíamos con la maestra que iba a darnos clases.

Tuvimos todo tipo de animales lo que nos hizo a los dos amarlos como si fueran nuestros amigos infantiles. Me pasaba horas en la terraza de la casa mientras me mecía en un silloncito gozando de la brisa marina, leyendo los libros que nos traía nuestra mama y oyendo música, especialmente valses de Strauss y opera cantada por Caruso.

Cuando jugaba a veces con el hijo de mi “manejadora” aprendí que existía una diferencia entre mis juguetes y los pocos que el tenia. Retrospectivamente, fue una impresión tan fuerte que acompañada de la explicación de mí madre que me dijo que era mi responsabilidad de repartir los míos para minimizar la disparidad, todavía recuerdo mis lágrimas en ese momento.

Me enseño sobre la revolución francesa, la americana, las ideas de Jefferson y nuestra mama forjo en mí de los 6 a 8 años mi ideología de responsabilidad individual y la necesaria compañía de tener compasión. Cuba, como país era único. La combinación de la geografía, belleza natural, una ciudadanía de mezcla Europea/Española y negros de África proveniente de tribus pacificas, y poseedores de belleza corporal y grandes sentimientos, creó un mestizaje ideal y una cultura idónea reflejada en nuestra comida, música, personalidad e idioma que aunque provenía de una pequeña isla tuvo impacto mundial.

La riqueza de la tierra y el clima, combinada con la cercanía a los EEUU, nos ofrecía un adelanto no solo en objetos materiales, sino en una educación que combinaba la nueva tecnología americana con la belleza descriptiva Europea. En ese ambiente estuve 24 años, terminando con la llegada del desastre Castrista. Solo los nativos como yo, y extranjeros que llegaban y no se querían ir, pueden creer lo que existía y se perdió.

Es un lamento que tenemos todos los cubanos que tenemos edades donde recordamos y atestiguamos lo vivido. Como no tener sueños de un regreso, aunque estos choquen con la realidad. El mío es sencillo. Me veo en un sillón, mirando el color de distintos azules del mar de Varadero, gozando la brisa, oyendo a Caruso cantar Vesti La Giuba “Pagliacci”, quedarme dormido y no despertar. Pero estoy y moriré aquí recordando el testimonio de Segismundo en la obra de Calderón de la Barca;

“¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.”

 

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