LA FASCINACION DE CARTER CON LOS TIRANOS

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

Jimmy Carter anduvo por la Habana hace unos días en uno de sus periódicos peregrinajes para visitar tiranos. Después de más de treinta años de haber sido rechazado abrumadoramente en sus aspiraciones de reelección, este hombre insiste en la misma conducta y promueve las mismas causas que hicieron de su presidencia una pesadilla y un desastre para el pueblo norteamericano.

 

Su política interna trajo como resultado un 18 por ciento de intereses hipotecarios, un 13 por ciento de inflación, un aumento significativo en los niveles de desempleo, un ínfimo crecimiento de productividad del 1 por ciento, un déficit presupuestario de 66,000 millones de dólares y una crisis energética donde las colas para obtener gasolina recordaban las de la Segunda Guerra Mundial. Quizás estas sean algunas de las razones por las cuales se siente tan identificado con su amigo Fidel Castro.

 

En su política internacional el saldo fue igualmente desastroso. Durante su período presidencial, entre 1976 y 1980, los sandinistas se apoderaron de Nicaragua, Torrijos recibió el regalo del Canal de Panamá, Castro desató la primera invasión extranjera de territorio norteamericano desde la invasión inglesa de 1812 con su Puente del Mariel y los mulas se adueñaron de Irán no solo para hacerse de una gigantesca fuente de petróleo sino para amenazar al mundo con un holocausto nuclear.

 

Pero el acontecimiento mas devastador y trágico de todo este período en la historia reciente de los Estados Unidos fue el secuestro y la retención por estudiantes fundamentalistas islámicos durante 444 días de 52 funcionarios diplomáticos norteamericanos que prestaban servicios en la Embajada Norteamericana en Teherán. Desde la navidad de 1979 hasta la toma de posesión por Ronald Reagan el 20 de enero de 1981 la Casa Blanca dio la impresión de una funeraria donde se efectuaban las honras fúnebres de la hasta entonces primera potencial mundial.

 

Estas fueron las condiciones en que los norteamericanos fueron a las urnas en noviembre de 1980 y la causa por la cual Ronald Reagan propinó a Carter una soberana pateadura en que le ganó 45 estados de los 50 que integran la Unión America. Para mayor humillación, un Carter sombrío y derrotado vio como Teherán soltaba a los rehenes en el mismo instante en que el nuevo presidente juraba su cargo. Prueba irrefutable de que los tiranos respetan la firmeza y desprecian la indecisión.

 

Por otra parte, este hombre no solo ha sido testarudo en su persistencia en el error sino ha roto todas las normas de conducta de los ex presidentes norteamericanos, los cuales se inhiben de opinar sobre cuestiones políticas internas o de relaciones internacionales del país después de abandonar la Casa Blanca.

 

En política internacional, este pobre hombre en busca de una redención de su desastre como presidente, mantiene estrechos contactos con Daniel Ortega, corre a Venezuela a convalidar los fraudes electorales de Chávez, hace causa común con Ahmadinejah, Hamas y Hezbollah en sus actividades terroristas para erradicar de la faz de la Tierra al Estado de Israel y se va a la Habana a apuntalar el edificio tambaleante de la tiranía castrista. En política interna, ha tenido la bajeza y el mal gusto de acusar de racistas a quienes se oponen a las políticas del Presidente Obama. ¡Cualquier barbaridad con tal de lograr un titular de sus amigos de la prensa de izquierda!

 

Por fin llegamos a la razón de este artículo que es su disposición a participar como payaso en el circo montado por los Castro para extender la vida de su agonizante tiranía. Además de dedicar elogios al Palacio Presidencial, de expresar esperanzas de que el régimen respete un día los derechos humanos que ha violado por medio siglo y de cumplir con el requisito de mentir sobre el estado de salud de Fidel Castro, Carter pidió el levantamiento del embargo y culpó a los cubano americanos y a sus líderes políticos en Washington de impedir un entendimiento entre los gobiernos de Cuba y de los Estados Unidos.

 

Pero lo más inaudito e insultante fue su afirmación de que los cinco miserables que contribuyeron al asesinato de cuatro jóvenes cubanos por la aviación castristas no son espías sino patriotas y su promesa de que intercedería a favor de los mismos ante el Presidente Obama. Por suerte, Obama necesita la Florida en sus aspiraciones de reelección y sabe que un indulto a estos criminales le costaría el estado y le ganaría un seguro boleto al basurero de la historia.

 

 De haber tenido un milímetro de respeto a sí mismo y de compasión hacia las víctimas de la tiranía, el señor Carter debió haber exigido—no pedido— libertad para todos los presos políticos, elecciones libres en una fecha cercana, entrada y salida irrestricta de los cubanos del territorio nacional y libertad de prensa, asociación y locomoción. Pero eso no podemos esperarlo de quien ha sido durante tres décadas alabardero voluntario de asesinos y tiranos.

 

Para lo que si tuvo tiempo fue para buscar cobertura a su conducta indigna en una reunión frívola y festinada con algunos líderes de la oposición interna. Les dio unas palmaditas en la espalda, les dedicó su sonrisa seráfica y quizás llegó a expresarles solidaridad y prometerles ayuda. Gestos y promesas que probablemente muy pocos de los participantes tomaron en serio pero aceptaron con elegancia para aprovechar la oportunidad de un escenario donde expresar sus justas demandas de libertad y justicia para nuestra patria.

 

Pero tanto los opositores internos como quienes trabajamos con ellos desde el exterior hemos llegado a la dolorosa conclusión de que estos tiranos se aferrarán al poder hasta su último aliento. Así lo han dicho en innumerables ocasiones y ya es hora de que los creamos. Porque esta es quizás la única verdad que han dicho estos miserables a lo largo de medio siglo.

 

El desenlace irremisible será una rebelión popular que bañara en sangre al noble pueblo de Cuba, y que empezará por reclamar la cabeza de los tiranos. Eso no podrán impedirlo las gestiones de Carter, el apoyo de gobiernos aliados, la indiferencia de organismos internacionales, ni el contubernio de mercaderes oportunistas. Porque, como he dicho en muchas ocasiones, la última palabra la tendrá el pueblo de Cuba.

 

 

 

 

 

COMENTARIOS


Muy bien Alfredo. Me atrevo a sugerir a quien debo escuchar, que le envies una copia del articulo de Biscet a Mary Anastasia O'Grady, nuestra amiga con la columna mas importante en todos los medios de los EEUU, en Wall Wall Street Journal. Abrazos. Juan Tomas
Hace 2966 dias.

Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image