PARTICIPAR O NO PARTICIPAR EN LA FARSA CONSTITUCIONAL

Por Rigoberto Díaz Cutiño

Son varias las opiniones de los cubanos, y no cubanos, sobre la participación o no en el proceso de reforma constitucional que despliega el régimen castrista. Considero que no hay varias verdades sobre el caso. Pero como tal vez no haya una verdad absoluta, pues puede resultar que el núcleo de tal verdad podría estar acompañado de otro u otros argumentos, todo lo cual, al final, conformen la más acertada posición. Yo expondré una vez más mi posición, con el mejor ánimo de abordar el asunto.

Algunos plantean "aprovechar la oportunidad que ofrece la dictadura" para participar en los "debates" y exponer las opiniones que rechacen o modifiquen el proyecto del régimen. Además plantean concurrir al referendo que le sigue y votar no.

Ya mucho antes se desarrolló una campaña sobre un plebiscito vinculante en el que se le plantea al pueblo cubano una extensa pregunta, que puede resumirse en qué si quiere ser libre o no. Estos mismos promotores ahora dirigen la misma pregunta al pueblo, pero cambiando el plebiscito por una constituyente.

Otros consideran que lo más acertado es no asistir ni a las reuniones sobre el documento constitucional ni a las votaciones del próximo referendo de febrero de 2019. Hay también posiciones intermedias que dan la opción de participar o no y otras posiciones aguadas que proponen la modificación o eliminación de tal o cual artículo del panfleto.

Sobre lo de "aprovechar la oportunidad", pienso que en eso cabe desde el infantilismo político hasta la complicidad con el régimen y la confusión. Las dictaduras -para no ser absoluto- prácticamente nunca regalan esas oportunidades democráticas, porque es totalmente contrario a la esencia dictatorial y debe resultarle letal si le fallan los mecanismos de fraude. Hay quienes aconsejan participar para expresar el rechazo al régimen y a su proyecto; también para exponer cambios radicales. Mas el tirano y todos sus sostenedores saben que el pueblo los odia y quiere vivir en libertad.

A mí me resulta totalmente claro que la tiranía no va a acceder a los requisitos democráticos, que plantean los promotores de participar en el fraude constitucional. La tiranía no convoca para escuchar, sino para aparentar que escucha y cambia. La tiranía no convoca para cambiar, sino para legitimarse, atornillarse y blindarse más. Convoca para que le apoyen su propuesta y venderla como la más rotunda muestra de "apoyo" del "pueblo revolucionario". Cualquier otra cosa no tiene cabida ni la menor posibilidad de éxito en esta convocatoria fraudulenta.

¿De qué debates estamos hablando? Las reuniones convocadas en este proceso fraudulento son previamente organizadas por los funcionarios del régimen, incluida la Seguridad del Estado, los que establecen todos los filtros y obstáculos que consideren para impedir que los convocados inconvenientes lleguen a tales reuniones; si llegan, no se les permita opinar, sean expulsados del foro o incluso, arrestados. Algunos podrían expresar sus opiniones, como parte del juego "democrático", pero lo más probable es que su opinión no rebase ese momento.

La Constitución ya está hecha o se terminará únicamente con lo que decida incluir la alta cúpula de los señores del poder. Me cito a mí mismo en un artículo publicado en agosto de este año: " Las herramientas legales de la dictadura son exclusivamente suyas; fueron concebidas e instauradas para servirse a sí misma. Nada de derechitos para la masa esclava. Cualquier intento de usar esas herramientas en sentido contrario ha sido inviable, y la corriente del tiempo indica que así seguirá".

No se engañen creyéndose tal "oportunidad". Es el mismo jueguito-fraude de siempre, el que esta vez incluye la novedosa convocatoria al exilio cubano para que participe en la farsa. Por cierto, pienso que el exilio patriótico cubano no se prestará a tal ignominia. Si ya está determinado que el Partido Comunista seguirá siendo el ente superior e intocable y si el socialismo(léase la tiranía) es irrevocable, todo lo otro es pura farsa y pérdida de tiempo. Los que siembren en ese terreno de "oportunidades" se sorprenderán cuando vayan a la siega y no encuentren las espigas, y de paso, hayan perdido toda la semilla.

Nada menos que el recién nombrado Presidente cubano, en la mismísima sede de la ONU, se encargó de adelantar los resultados del llevado y traído proceso de reformas constitucionales, que en nada cambian la tiranía. El señor Díaz-Canel dijo: "El cambio generacional en nuestro gobierno no debe ilusionar a los adversarios de la Revolución. Somos la continuidad, no la ruptura". En ese mismo discurso el presidente impuesto dijo: " por decisión de la abrumadora mayoría -el subrayado es mío- de las cubanas y los cubanos daremos continuidad a la obra emprendida casi sesenta años atrás.

Repito: cuidado con el engaño, porque esta vez la tiranía está más interesada que nunca en legitimarse con algunas reformitas intrascendentes solo en la piel del sistema. Todo el proceso de sucesión, sobre todo después de la ausencia del tirano mayor, tiene un momento trascendental para el régimen en el referido panfleto constitucional. Además, si el régimen logra arrastrar a las urnas a una gran mayoría de votantes, entonces sus cómplices en el exterior tendrían aún mayor asidero para reconocer la dictadura y apoyar su continuidad. No participar masivamente en la farsa colocaría a la dictadura, al menos, en una posición incómoda.

Ya se sabe de sobra que el pueblo, con sus necesidades y aspiraciones, no está representado en el régimen y que tampoco lo está en este proyecto de irrisorios cambios constitucionales. El régimen solo se representa a sí mismo. ¿Entonces por qué participar en estas rastreras maniobras del régimen? Entiendo que votar NO puede considerarse una forma de oponerse a la tiranía, pero a la vez, ante la total ausencia de garantías, se le hace el juego a esa tiranía, la que al final sería la única ganadora.

Participar en esa farsa, aunque votes no, significa que participas en el fraude, el que se inicia cuando la dictadura -totalmente ilegítima- no convoca al pueblo a una constituyente, mediante un proceso libre y transparente. El viciado proyecto de reforma constitucional lo elaboró lo más siniestro de la cúpula de la tiranía. Lo hizo para ella y contra el pueblo, y ahora se lo ofrece a este para que se lo apruebe y a la vez firme su sentencia de esclavitud perpetua. Realmente no estamos ante una Constitución; estamos ante una ordenanza, algo preestablecido desde el poder y mandado a ejecutar.

Pienso que si se vota no a la farsa, técnicamente se deja en vigencia la actual Constitución. Si no se concurre a votar es un claro mensaje de desobediencia y de rechazo a la tiranía. No participar en nada de lo que está convocando la tiranía es el NO más rotundo que se le puede expresar a la misma. Convoco a quedarse en casa o salir de paseo el día del referendo. De todas formas la farsa va, porque como dijo el tirano Stalin, en el marco del Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1934: "Lo importante no son los votos, sino quien cuenta los votos".

 

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