TRUMP, WOODWARD, EL N.Y. TIMES…Y MARCO RUBIO

Por Hugo J. Byrne

Bob Woodward, antiguo reportero del Washington Post y a quien nadie conocería de no haber sido némesis de Richard Nixon durante el escándalo de Watergate, recién ha publicado un nuevo libro. Ha escrito varios y empecé a leer uno de ellos hace muchos años, pero no recuerdo el título. Me aburrí en el tercer capítulo. Aún debo tenerlo por algún rincón y traté de encontrarlo esta mañana.

Busqué sin éxito en los estantes de la sala. No vale la pena revisar el closet de la entrada, desplazando abrigos viejos, apolillados rollos de planos, cuatro ventiladores, un calentador eléctrico y mi vieja caja de herramientas, que aunque pequeña, pesa más que un matrimonio mal llevado. En los anaqueles superiores de ese closet hay muchos libros, pero puedo leer casi todos los dorsos desde abajo. Podría utilizar una escalerita para leer los que no alcanzo a ver, pero no me tientan esas piruetas: me caí varias veces el año pasado y dos en lo que va de éste.

Este nuevo libro se publica simultáneamente con un "editorial de opinión" del New York Times (que aquí llaman "op-ed."). Lo más intrigante de ambos relatos no es que traten exactamente del mismo tema. El libro de Woodward, por supuesto, está firmado por él, pero sus aseveraciones tienen origen en una "fuente anónima". El Times va más allá que eso, pues el artículo, que implica más o menos lo mismo que el libro de Woodward, no lo firma nadie.

El "delator fantasma" en la novela del Times se identifica como un miembro activo de la "resistencia contra la administración de Trump", infiltrado en la Casa Blanca. No leeré el libro de Woodward y aún menos tengo intención de comprarlo. Todos los miembros del "Staff" ejecutivo en la administración, entre ellos los señalados como presuntas víctimas de la ira del Presidente, han desmentido enfáticamente a Woodward y al Times. Esto incluye al Jefe del Staff de la Casa Blanca, General Kelly y al Secretario de Defensa, General Mattis.

Nunca he creído en fantasmas y aún menos en los creados en el cacumen de Woodward, o deslizándose como Drácula por las oficinas del "Times". Es cierto que el "reportero estrella" ganó, junto a su colega, el antaño peludo y hoy barrigudo Karl Bernstein, el Premio Periodístico "Pulitzer". Recordemos que también Obama ganó el Nóbel de la Paz en el 2008, antes de tomar posesión como Presidente. El Nóbel de la Paz y el de Literatura hace muchísimo tiempo que son bromas de burdel con matiz radical izquierdista.

Ejemplo es el Premio Nóbel de Literatura, con el que fuera galardonada hace años una india gorda y con trenza, llamada Rigoberta Menchú. Menchú escribió un tratado sobre el genocidio de los indígenas centroamericanos a manos de los regímenes militares. Entre las víctimas Rigoberta mencionó a su propio hermano. El único problema era que ese hermano todavía estaba vivo y disfrutando de buena salud. ¿Le retiraron el Nóbel a Rigoberta? Si el lector lo confirma, déjeme saber.

En cuanto al New York Times, nadie honesto quien conozca su infame historia editorial, puede acreditarle un adarme de confianza. Fue el NYT quien negara la historia horrible del holocausto rural en la Unión Soviética, durante muchos años. El asesinato en masa de los llamados "kulaks", superó no sólo en número, sino también en crueldad al de los judíos en Alemania y Polonia durante la guerra. Las víctimas de los soviets no perecieron en cámaras de gas, sino en barcazas hundidas en lagos y ríos medio congelados. La mayoría fue víctima del hambre forzada. Se calcula que los nazis exterminaron unos seis millones de judíos, gitanos y otros "indeseables". Se sabe que los soviets aniquilaron a más de 20 millones de campesinos.

Fue el New York Times quien llamó "reformador agrario" a Maozedong. Mao se ganó el cake del genocidio. Algunos cálculos determinan que su preocupación por el exorbitante crecimiento demográfico en su país forzó a Mao a masacrar a más de sesenta millones de chinos. Sus herederos fueron más condescendientes: Beijing permite sólo un vástago por familia.

Fue el difunto Jefe Editorialista del New York Times, Herbert Mathews, quien visitó a Fidel Castro en su cubil de la Sierra Maestra. A este no lo llamó reformador de nada. Sólo el "Robin Hood de la Sierra". No necesito hacer cálculos sobre cuántos crímenes cometió ese bastardo antes de hacer su entrada al seboruco grotesco de Santa Ifigenia. Los lectores tienen una idea aproximada...

En mi criterio no es necesaria una investigación a fondo para saber quien escribió el mamotreto (op-ed) del New York Times. Fue el NYT. En cuanto al libro de Woodward, su informante confidencial es… Woodward.

Nadie ponga en dudas que la prensa "main stream" y el Partido de las Acémilas son lobos de la misma camada. Como tales son bien capaces de intentar engañar al electorado cada vez que puedan. Observen lo que pasó con el Senador por Nueva Jersey Cory Booker, durante su payasada en el largo interrogatorio previo a la confirmación del Juez Kavanaugh a la Corte Suprema. Pienso dedicarle a "Espartaco" Booker mi próxima descarga.

Los lectores se preguntarán lo que hace el Senador Marco Rubio en este contexto. La respuesta es… nada. Sin embargo, quiero comentar sobre un suceso que ocurrió ayer en Washington DC, en el que estuvo involucrado el Senador por Florida. Un poco de "rambling" nunca está de más.

En una entrevista "impromptu" ayer entre varios grupos del llamado "social media" y el Senador Marco Rubio de Florida, un gordito que es notorio creyente en conspiraciones siniestras y que responde al nombre de Alex Jones, empezó a interrumpir a Rubio con frecuencia y hasta llegó a darle una palmadita en el hombro derecho para atraer su atención.

Por breves segundos Rubio no reaccionó, pero en seguida torciendo el cuello a la derecha para mirar a Jones de frente, le dijo: "No vuelva a tocarme." Ante la inesperada reacción de Rubio, Jones le preguntó por qué. Rubio le dijo "Porque a usted no lo conozco" y le repitió, "no vuelva a tocarme". Pretendiendo no entender la situación, Jones ripostó "¿Va a llamar a la policía?" La respuesta de Marco no tuvo desperdicio: "No voy a llamar a ninguna policía". "Yo mismo te tranquilizo" ("I handle you myself!").

Tengo entendido que Alex Jones perdió su empleo horas después. No tengo la menor idea si ambas cosas están relacionadas. En todo caso ojalá que Jones haya aprendido algo elemental: con gente de sangre cubana siempre se debe andar con pies de plomo ("never a dull moment with Cubans around").

 

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