CARTA A CUBA

Por Esteban Fernández

Mi Cuba, mi amor eterno: se han cumplido 56 años sin verte y te adoro más que nunca. Jamás he dejado de quererte, ni ha pasado un solo día de mi vida sin que de alguna forma te recuerde.

Siento que yo debía estar en un libro de récords como la persona que más ha mencionado o escrito tu nombre, hablado en público sobre ti, y añorado más.

He corrido pequeños peligros tratando de salvarte, de liberarte de los que te tiranizan. He dedicado toda una vida a odiar a los que te han destruido. Y no me arrepiento, en realidad hubiera querido que los riesgos hubieran sido mayores.

He criticado a quienes te olvidan, te desprecian, y a los que no te han defendido. Pocos han ofendido públicamente al monstruo que se adueñó de ti más que yo.

Ni un solo centavo ha llegado a las manos de tus opresores por conducto mío. Ni directa ni indirectamente. Y tampoco he recibo un solo dólar por mi labor, completamente altruista, en favor de tu emancipación.

Jamás he permitido que tu destrucción física, ni el adoctrinamiento de tus pobladores, me lleven a sentir desprecio hacia ti. Yo -en la distancia- con las casas despintadas y cayéndose, con los baches en tus calles, con Comités de delatores en cada cuadra, con tantos hijos del diablo que han nacido dentro de tus entrañas, yo te sigo observando como una vez te vio Cristóbal Colón: “Como la tierra más hermosa que ojos humanos han visto”.

No, no te visito, ni te visitaré jamás, mientras que tenga que pedirle permiso a la banda de criminales te han llenado de oprobios.

56 años ignorando a todo aquel que -aunque sea llenos de buena fe- me han pedido que me olvide de ti.

Evito a todo el que intente decirme: “No pienses más en Cuba, olvídate de esa Isla que solamente está en tus recuerdos, esa Cuba ya no existe” porque son palabras que recibo como latigazos en mi espalda.

Contra viento y marea, a mi no me sale de lo más profundo aceptar tu disolución como país, y me mantengo firme creyendo que Dios no podrá permitir eternamente que no vuelvas a reinar entre los países más prósperos y libres del planeta.

Te quiero Cuba, aunque por ese amor quieran colocarme dentro de una minoría de cubanos en extinción, aunque me llamen "dinosaurio", y aunque llegara a ser el último que te venere.

Sé que es imposible físicamente poder volver a vivir otros 56 años sin verte, pero si eso fuera posible te seguiría queriendo igual, queriéndote más.

Y si la reencarnación existiera, y volviera a nacer, con todos los defectos que muchos te achacan, con todas las críticas que tengo contra las nuevas generaciones, quisiera VOLVER A NACER SIENDO CUBANO.

Cuba, tú has sido mi madre, mi novia más querida, mi primer y más grande amor, la tierra que no olvido. Mi devoción absoluta para todos los que han anegado con sangre tu fértil tierra tratando se salvarte, y mi rencor eterno contra todo aquel que sus botas te han pisado esclavizándote.

Y todos los que no te quieran, todos los que le ha dado las espaldas a tu sufrimiento, todos los que de alguna forma cooperan con tus opresores, todos los que no quieran oír y leer nada de ti, aléjense de mí, quítense de mi camino, ignórenme, que yo no los quiero en mi vida, no los necesito, no me interesan su amistad.

Si bien mi cuerpo salió y se alejó de ti, mi corazón siempre se quedó allí, porque Cuba -y quiero que te quede muy claro- jamás te he dicho “Adiós”. Hoy, mañana y siempre te dije, te digo y te diré “Hasta Luego”.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image