¡ ME LIMPIO CON EL GRANMA ¡

Esteban Fernández

 

Durante 1959 nunca llegué a saber si fue una burla o una imbecilidad de Castro, la cuestión fue que durante los inicios de la dictadura una de las primeras consignas fue: "¡CONSUMA PRODUCTOS CUBANOS!".

 

Desde luego, el "Mesías" no dio una lista clara y precisa de cuales eran los productos cubanos y la realidad era que la inmensa mayoría del pueblo no tenía ni la más ligera idea de cuales verdaderamente eran esos bienes nacionales.

 

Lo triste del caso fue que poco a poco nos fuimos dando cuenta que los artículos de la Isla eran MUY POQUITOS. Ya a mediados del año 1962, cuando yo salí de Cuba, me parecía que si verdaderamente queríamos seguir la tonta consigna no quedaba más remedio que "enjabonarnos" la cabeza con guarapo y usar gotas de limón en los ojos irritados. Si nos enfermábamos teníamos que tomarnos dos cucharadas de azúcar prieta, y ponernos pantalones y camisas confeccionados con tela de sacos de papas.

 

Porque la verdad es que yo en 1959 era tan inocente que me creía que hasta Colgate y Palmolive eran mercancías nuestras. Pensé "Sí el loco este de verdad se pelea con los americanos por lo menos aquí sabemos hacer el Ajax, el polvo de lavar Ace y los jabones Camay. De lo único que estaba bien seguro era de que la Coca-Cola era americana, pero  perfectamente podíamos sobrevivir tomando Materva e Ironbeer.

 

Inclusive un día le pregunté a mi padre: "Viejo, ¿los carros Ford y Chevrolet son  cubanos?", y mi padre, que NUNCA fue fidelista, me respondió riéndose: "Muchacho, aquí ni el par de patines que tú montas ni la carriola que yo te regalé un 6 de Enero son cubanas, son Made in USA".

 

Sí, era cierto que había un montón de cosas cubanas, pero el castrismo no dio una explicación lógica y convincente de como utilizarlas, y la vieja decrépita del Comité recomendaba que "Usáramos las cáscaras de los mangos para cepillarnos los dientes, ponernos pulpa de guanábana debajo de cada axila como desodorante, y usar las hojas de los tabacos como papel higiénico". Tremendo berrinche que cogió la chivata cuando le dije: "No, compañera, yo me limpio con el Granma"...

 

Las tiendas y las bodegas vacías, lo poco que verdaderamente era cubano requería materias primas extranjeras, y llegó un momento en que me parecía que lo único cubano era el refresco CAWY (iniciales de los hijos del dueño: Carlos, Alberto, Wilfredo e Ibrahim) los tabacos, la sal y el café.

 

Es decir que si los cubanos queríamos seguir la consigna castrista al pie de la letra los cubanos terminaríamos "cochinos, con peste a grajo, alcohólicos de tanta Hatuey, Polar, y Cristal, diabéticos de tanta azúcar, con cáncer en los pulmones de tantos habanos, y con la presión alta de tanta sal". Pero la verdad fue que hasta esas cosas también escasearon.

 

Y de pronto la radio lanzó otra consigna: "¡Ahorre agua!" y yo sinceramente me asusté y pregunté: "¿Qué pasa aquí, el agua tampoco es cubana?".

 

Al fin salí de Cuba (con bicarbonato en los sobacos) y lo primero que hice fue ir a visitar un Súpermercado en Miami, y con tremenda sorpresa noté que el lugar estaba atestado de "productos cubanos", y lo que se me ocurrió fue pensar: "No lo puedo creer, que inteligentes son los PRODUCTOS CUBANOS ¡se asilaron primero que yo!"... Increíblemente ¡hasta los casquitos de guayaba y la Malta Hatuey llegaron al exilio antes que yo!...

 

Pero donde por poco me desmayo fue cuando, con disimulo y desconfianza, me acerqué al anaquel donde colocan  los paquetes de azúcar (pensaba encontrarme ese departamento vacío) y  ¡allí había  MAS AZÚCAR HAWAIANA que toda la que dejé atrás en el pueblo de Güines!

 

Mientras tanto, Castro cambió la consigna y  les disparó a los cubanos latas de carne rusa.

 

Y la moraleja, desde 1959, es muy sencilla: “¡Qué clase de porquería es el castrocomunismo!.

 

 

 

 

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