COITOS DEL CRIMINAL Y CRÍMENES COMETIDOS CONTRA COMEBOLAS.

Por Esteban Fernández

¿Qué pasó en enero de 1959? Que miles y miles de cubanos se desbordaron en apoyo incondicional de quien creyeron un dios y un héroe y resultó ser el más mezquino de los hombres. Eso trajo millones de consecuencias dañinas para la nación. Les voy a contar un par prácticamente desconocidas por millones de compatriotas.

Creo innecesario decir que Fidel Castro Ruz -quien siempre fue un engreído- aceptó completamente y se creyó a pies juntillas el endiosamiento. Confundió eso de "Esta es tu casa Fidel" con "Este es tu culo, Fidel". Él consideró –y se lanzó a conseguirlo- que se le podía abalanzar a toda mujer fidelista que le gustara.

Daba lo mismo si era la esposa de un comandante, de un capitán, de un ministro, la mujer de un dignatario extranjero o de un escritor famoso. Llega al extremo de, a lo descarado, gustarle la viuda -tras despedir su duelo- de un "mártir" oficial del Ejército Rebelde, y lanzarle a sus perros de presa a camelársela.

Porque él nunca se dignaba a fajarle a nadie, para eso tenía a sus cúmbilas de cachanchanes y guardaespaldas que se lanzaban a informarle a la mujer: “El comandante está muy dolido con la muerte de su valiente esposo, desea entrevistarse con usted en el cuarto tal del Habana Libre”.

Si determinada dama se negaba o quería dar un escándalo, o comenzaba a pregonar que “el comandante era un mal palo” -algo que todas coincidieron en decir- se les aparecían Camilo o Ramirito para asustarlas u ofrecerles un par de miles de pesos cubanos o un puestecito en un ministerio. Sólo le decían: "Tú cállate que te conviene".

Personalmente me enteré de un teniente de las milicias que, para quitarlo del camino, estuvo ocho meses preso en "El Príncipe" porque Fidel se encarnó en su novia. Cuando a través del país -y eso yo lo pude palpar de cerca- una mujer recibía varios cestos llenos de manjares y vinos importados, ya los pícaros sabían que era el comienzo que terminaría en el lecho apestoso del comandante en jefe.

Y otra tontería funesta fue producida por la ingenuidad de los guatacas que se creyeron que Fidel Castro de verdad era un tipo accesible y fácil de sonarle un abrazo. En realidad -ya desde la Sierra- el monstruo estuvo rodeado de una guardia pretoriana (asesinos, judocas, campeones de tiro) que le partían el carapacho al ingenuo que le partiera de sopetón para encima. Si tenían buenas o malas intenciones les importaba un bledo.

Así es que el arrodillarse ante un miserable caudillo trajo como consecuencias la destrucción de país pero también muchos cabrones, tarrudos, mujeres voluntaria o prácticamente obligadas al coito, y simpatizantes barridos por las ráfagas de las ametralladoras AK47 tratando de lamerle las botas al genocida.

 

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