DECIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(1º de julio de 2018)

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

Luego de celebrar la Natividad de Juan el Bautista, el Precursor, volvemos a encontrarnos con Jesús en su misión de anunciar la Buena Nueva en clave de sanación. El relato de la resurrección de la hija de Jairo y la curación de la mujer que padecía flujos de sangre –“la hemorroísa”-, nos ponen de nuevo en el camino de la humanidad sufriente, retando la opción por una fe intelectual que muchas veces (demasiadas quizás) preferimos asumir a modo de evasión o excusa, opciones que suelen obstaculizar la acción de Dios más que la oposición frontal a sus designios.

La resurrección de la hija de Jairo (Marcos 5, 21-43), como las otras obradas por Jesús, manifiesta la llegada del Reino de Dios y anuncia la verdadera vida gloriosa que inauguró la propia resurrección del Señor. -Comienza así la restauración del orden originariamente querido por Dios y trastocado por los pecados de los hombres (Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-25). -El pecado se hereda, no como una maldición o condena pronunciada por el Creador, sino como una influencia genético-cultural en la que nacemos y nos desarrollamos entre obstáculos y manipulaciones, quehacer constante y maligno de nuestra humanidad. Cada día accedemos a más conocimientos que nos acercan a conclusiones que los autores sagrados ya sabían o intuían guiados por la inspiración divina. La biología moderna y la sicología, ciencias experimentales de nuestros tiempos, nos muestran cada vez más pruebas y resultados en ese camino de la curiosidad por conocernos mejor. Sólo nos faltaría la “sabiduría” para sacar las conclusiones justas y el “valor” para aplicárnoslas.

Ayudar al pobre es imitar a Cristo: En su segunda carta a los Corintios (II Cor. 8, 7-9.13-15) el apóstol san Pablo se dedica a pedir ayuda para los pobres de la Iglesia de Jerusalén, la Iglesia madre, para la cual Pablo organiza esta colecta a petición de Pedro y Santiago durante su primera estancia en aquella ciudad. En aquella Iglesia todo lo habían puesto en común; con altos ideales pero novatos en la organización de la Comunidad. Toda acción económica y material en la Iglesia debe partir de la generosidad que, a su vez, sea administrada y servida con espíritu práctico, realista y respetuoso de esa generosidad. La cooperación de todos no puede ser olvidada nunca al comenzar toda acción social y de carácter monetario.

Por último, no dejemos de fijarnos en la fe de la mujer enferma de una enfermedad vergonzante en aquellos tiempos. La fe auténtica siempre es valiente y nos lleva a inventar caminos que nos lleven a Cristo y nos permitan ese encuentro sanador y liberador al escuchar sus palabras: “Tu fe te ha curado, vete en paz y con salud”.

 

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