CAMINANDO POR LAS CALLES

Cástulo Gregorisch

Caminando por las angostas

calles de La Habana Vieja,

sus adoquines me hablan

con su lenguaje de piedras,

cientos de historias me cuentan

de lo que un día ella fuera,

cuando sus viejas farolas

alumbraban su realeza,

ciudad que se distinguía

por su música y sus fiestas,

la alegría correteando

por sus calles y sus aceras,

una ciudad divertida

de cabarets por doquiera,

sus tiendas abarrotadas

de algodones y de sedas,

abundancia de manjares

que se ven solo en las ferias,

economía apoyada

por extensa clase media,

el sol brillando en el cielo

cual de un gigante la tea,

alumbrándola de día

para que no se durmiera,

la luna en traje de gala

con su séquito de estrellas,

la luz del sol reflejaba,

coquetona, jaranera,

imaginario abanico

hecho de hojas de palmeras,

mantenía el frescor

de su brisa mañanera,

reportaban las noticias

la libre radio y la prensa,

libertad que le otorgaba

un demócrata sistema,

surge una revolución

que había anidado en la sierra,

inunda las tranquilas calles

con malévolas ideas,

y en poco tiempo aniquila

de La Habana su belleza,

perpetuándose por siglos

destruyen calles y aceras,

lo que fueran adoquines

hoy convertidos en arena,

la ciudad hoy se derrumba

abrumada por las penas,

brutalmente maltratada

hoy se muere de tristeza.

¡Caminando por las angostas

calles de La Habana Vieja! . . .

 

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