CORPUS CHRISTI – SOLEMNIDAD DEL SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

(Domingo 3 de junio de 2018).

Padre Joaquín Rodríguez

Mis queridos hermanos:

Cada día, de Oriente a Occidente, la Iglesia ofrece el sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, cuya institución conmemora todos los años en la tarde del jueves santo. Sin embargo, una vez concluidas las fiestas pascuales, nos invita nuevamente a dar gracias por el don sin medida que nos hizo Cristo, al convidarnos a su mesa y quedarse presente entre los hombres en el Santísimo Sacramento.

Nuestra piedad encuentra un alimento de excepción en las tres oraciones de la misa, que evocan gradualmente un aspecto esencial del misterio de la Eucaristía. -La colecta recuerda que el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo es el memorial de su pasión; la oración sobre las ofrendas pone de relieve el significado del banquete del Señor: “el pan único y el único cáliz son el signo de la unidad entre todos los que participan en la comunión”, la “unidad en la fe y el amor” es el primer don y fin buscado en la celebración eucarística; la antífona de comunión evoca la intimidad que origina la Eucaristía entre Cristo y quien la recibe; y la oración de poscomunión nos hace descubrir el sabor anticipado de la vida divina que compartiremos con Cristo en el cielo.

Este año las lecturas atraen nuestra atención hacia el misterio de la sangre de Cristo: En el evangelio, oímos que Jesús declara a sus discípulos “esta es mi sangre, sangre de la Alianza” (Marcos 14, 12-16 . 22-26). De este modo, evocaba el sacrificio de la alianza sellada entre Dios y su pueblo en el Sinaí (Exodo 24, 3-8). Pero también prefiguraba el sacrificio que iba a ofrecer sobre la cruz. Cuando en la epístola meditemos sobre el alcance del sacrificio de Cristo, celebraremos, una vez más, el memorial con una fe más viva (Hebreos 9, 11-15).

La sangre de Cristo purificará nuestra conciencia, nos enseña la carta a los Hebreos, texto neotestamentario con sabor a antigua alianza; documento providencial que rescata, con un lenguaje evitado ordinariamente por los autores del Nuevo Testamento, imágenes y símbolos sin los cuales nos hubiera resultado, en la distancia con que el tiempo transcurrido nos va separando de los “acontecimientos salvíficos”, casi imposible comprender en su totalidad los símbolos contenidos en la Pasión de Cristo; símbolos vinculantes para la comprensión y asunción del “lenguaje” amoroso-ritual de Dios en la fragua definitiva de la “Alianza de Amor” con su Pueblo y, por él, con toda la Humanidad.

La sangre es el fluido de la vida, en el lenguaje semita representa la vida misma que no puede ser profanada. Derramar la sangre es la expresión suprema de la entrega y del amor. “Beber la sangre del Cordero” es la expresión suprema de: “entrega generosa sin límites”, “entrega sacrificial redentora”, “donación de la vida”, “comunicación de los dones supremos de Dios” y “comunión”, “lugar privilegiado del encuentro en el Sacrificio en el que el Amor se entrega por Amor”.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image