VARIOS TEMAS CONDENSADOS

Por Hugo J. Byrne

Mi nieto Scott Schmit cree que ser católico devoto equivale a lo que aquí llaman “bigotry”. No le gusta Mike Pompeo por ello y cree que si el fundador de “Wikileaks” fuera deportado a Estados Unidos, Pompeo lo condenaría al cadalso. Yo quiero mucho a Scott y aunque ya cuenta con treinta años de edad, aún tiene redención intelectual: la puede encontrar aprendiendo. Yo fui un católico Romano muy devoto, hasta que la actuación del Vaticano me separó de la grey. Sin embargo, antes de eso nunca se me ocurrió actuar como un fanático, pues no fue eso lo que aprendí de la Iglesia.

Bato palmas por el trancazo de Trump a un centro de producción y almacenamiento de armas químicas usadas por el Régimen de Assad en Siria para masacrar inocentes. El ataque fue coordinado con los gobiernos del Reino Unido y Francia. A quienes critican esa acción sobre Damasco como “intervencionista” o “imperialista”, les dedico una soberana “Trump-etilla”. Incluso habría apoyado sin reservas una acción similar hecha unilateralmente por Estados Unidos. Todo estado constituido y soberano tiene el derecho inalienable y la obligación de defender sus intereses.

Muchos esperaban una respuesta violenta de parte del Eje Putin-Assad-Irán. Nadie levantó un dedo: incluso malgastaron su intento publicitario en esa caja de resonancias llamada “Consejo de Inseguridad de la ONU”. Como dicen aquí “nadie les dio bola”, mientras que Nikki Haley los ponía en su sitio.

La situación creada por el movimiento llamado “Resistencia”, diseñado para derrocar al gobierno constituido de la República se pone cada vez peor. A pesar de la indiscutible mejoría económica del país, la ofensiva de la izquierda radical no cesa. Casi a diario, facinerosos y antisociales niegan el derecho a la libre expresión de quienes difieren de sus tendencias totalitarias. Eso es pan de cada día en muchos centros de estudios superiores que reciben “grants” del gobierno federal. El Ejecutivo no ha hecho nada práctico para detener esa violación flagrante de la primera enmienda.

Otro tanto me parece que ocurre con las llamadas Ciudades-Santuario que el estado donde vivo, apoya y con las que de hecho colabora. No soy experto en Derecho Constitucional, pero todavía me queda alguna memoria. ¿Fue acaso una violación constitucional del Presidente Eisenhower federalizar la Guardia Nacional de Alabama para escoltar a niños negros a las escuelas segregadas? ¿Tiene el Presidente Trump menos atribuciones que Eisenhower? ¿Puede alguien iluminarme sobre eso?

Si el lector cree que nuestra deuda nacional no es un problema de crisis inmediata, no debe leerme. Como lo anunciaba el virginiano Patrick Henry, lo mejor para mi es saber toda la verdad, para poder tomar las medidas correctivas adecuadas. La razón fundamental de que yo no apoyara a Trump en las primarias, fue su negativa a prometer acciones urgentemente necesarias en relación a los llamados “entitlements”. Por lo visto, seguiremos subvencionando a quienes impiden la práctica de nuestros derechos, violando la constitución con impunidad y aumentando nuestra ya casi impagable deuda.

Aplaudo muchas acciones tomadas por el Ejecutivo. La primera es su dedicación a mejorar nuestras defensas, objetivo respaldado por la constitución, a diferencia de los inútiles gastos en “bienestar social”. Un gran logro ha sido la reforma de los impuestos, primera reducción verdadera de los mismos desde que llegué aquí en 1961.

Otras reformas necesarias ni siquiera son atribuciones del Ejecutivo. ¿Ejemplo? La reforma del muy corrupto sistema jurídico de Estados Unidos. ¿Tiene sentido que los jueces federales sean designados por los políticos de turno, o que los estatales tengan que depender del voto popular?

No importa que Trump decida algo para lo que esté autorizado constitucionalmente sin que algún juececillo “liberal” entre los muchos nombrados durante las administraciones de Clinton y Obama decidan darle curso a la objeción de algún grupo dedicado a destruir la República. ¿Ejemplo de tal grupo? El “American Civil Liberties Union”.

¿Qué habría de malo en usar un riguroso examen de oposición para ganar esas posiciones por méritos propios y un estricto conocimiento de la ley? ¿Por qué los jueces federales ocupan magistraturas vitalicias? Creo religiosamente en la separación de poderes, pero no entiendo las ventajas del presente status quo judicial.

Sé que en esto me estoy saliendo del plato con un tema que puede solamente resolverse mediante una nueva enmienda o una nueva constituyente. Hay un grupo “libertario” trabajando en eso, entre ellos, mi otro nieto Alec R. Mena y les deseo mucha suerte. Primero habría que educar al electorado, con la desventaja de que la educación hoy, tanto pública como privada está mayoritariamente en las manos arrogantes de quienes no creen en obediencia a la ley.

Nuevamente debo dedicarle espacio a mi amigo Roberto Luque, quien responde a mi análisis de un artículo suyo, al que llamé correctamente ensayo. No lo hice por generosidad. Veamos. El diccionario que tengo define ensayo, referido a la literatura, así: “Escrito en el cual un autor desarrolla sus ideas sin necesidad de mostrar el aparato erudito.” La segunda definición de la misma palabra: “Género literario al que pertenece este tipo de escrito”.

De acuerdo a esas dos definiciones todos los escritos nuestros son ensayos. El único escrito mío donde muestro “el aparato erudito”, tal como yo entiendo esa frase, es “Los Noventa y Dos Días”, sobre la campaña del 95, donde hago referencia por lo menos a seis o siete libros de historia, con algunos trabajos de historiadores nacidos fuera de Cuba. Entre ellos el Coronel Ferrara, oriundo de Nápoles y norteamericanos como Funston, George O’Toole y Richard Harding Davies.

No usé referencias ni bibliografía para mi ensayo “¿Dónde está Guadalcanal?” pero esto fue parte de lo que escribí en referencia a esa sangrienta batalla de la Segunda Guerra Mundial.

En algunos lugares donde no había alambre de púas los japoneses penetraron brevemente. Famosos por su habilidad en lucha cuerpo a cuerpo, los guerreros del Sol Naciente encontraron en los marines un hueso duro: el cabo Dean Wilson fue atacado por tres enemigos con bayoneta. Su M1 se trabó y tuvo que pelear con el machete reglamentario. El primer japonés se lanzó dentro de su “fox hole” y Wilson, hábil con arma blanca, casi lo corta en dos. Saltando fuera del hueco, Wilson también macheteó a los otros dos. Al final, el cabo estaba cubierto de sangre que no era suya. La batalla terminó con 800 japoneses muertos. Los marines perdieron 40.

Como puede observar mi amigo Luque, en el ensayo reciente me confié en la memoria que a mi edad a veces falla. No eran dos nipones sino tres. Wilson no era sargento sino sólo cabo. No escribo ficción porque me falta el talento que ello requiere. Si Luque necesita saber cuál fue mi fuente de información para ese trabajo, puedo enviarla a su residencia por correo postal cuando él lo desee.

Siento mucho no haber incluido en mi crítica la referencia de Luque a los Samurais y sus extraordinarias espadas. Nunca vi “El último Samurai”, lo que es una pena, porque el tema histórico siempre me interesa. Por algún lado tengo un libro que heredé de mi hermano, sobre la decisión loca de uno de los emperadores del Sol Naciente a destruir todas las armas de fuego de las fuerzas militares a su mando. Tal era su mística y absurda preferencia por el arma blanca.

Empero, los mambises y los Samurais pertenecen a dos universos diferentes. Nunca se me hubiera ocurrido esa controversia por razones que describí claramente en mi artículo “Los Noventa y dos días”: Ningún historiador serio incurre en lo hipotético. Esa tarea no requiere investigación objetiva, sino imaginación y talento literario, siendo en consecuencia del dominio exclusivo del escritor de ficción. Sin embargo, la relación entre causa y efecto en la historia revela una concatenación fascinante, cuyos eslabones son imposibles de ignorar.” Todavía no me considero historiador, pero sigo tratando.

Es importante que no deje fuera de estas notas al Cacique Hatuey quien fuera quemado en la hoguera en la parte oriental de Cuba. Creo que Luque y yo estamos de acuerdo en que estaba en rebeldía y procedía de Santo Domingo. No presumo saber mucho de Cuba precolombina y Luque está correcto en la etnia de Hatuey. Sin embargo, solo tenemos dos fuentes de información. Una es el “Archivo de Indias”. La otra es nuestro sentido común. ¿Por qué le aplicaron una ejecución reservada para herejes cuando el mandoble de una espada era más que suficiente? Algunos de aquellos extremeños podían matar a cualquier indio hasta con las manos. Aparentemente los conquistadores no lo consideraban solamente “un indio en cueros” y quisieron hacer un ejemplo de él.

Cuando estudié Economía Política en el bachillerato, uno de los temas se llamaba “interdependencia económica.” De esos estudios aprendí que a partir de la revolución industrial, ningún estado necesitaba poseer industrias en suelo ajeno para verse afectado en sus intereses económicos a causa de las convulsiones bélicas por esos lares.

Estados Unidos era el principal comprador de azúcar de la Cuba Colonial. Imagino que en 1895 muchos negocios aquí dependían de esas importaciones y el Senador Henry Cabot Lodge seguramente se refería a ellos cuando en un discurso en sesión de ese cuerpo legislativo enfatizara que “nuestros intereses se veían muy negativamente afectados por el conflicto cubano”.

Para finalizar, recurro a otra historia que conozco bien, el malogrado sitio de Cascorro. En “Memories of two Wars” Funston le dedica todo el merecido crédito a los defensores, quienes eran un destacamento inferior en número a los atacantes. Carecían de artillería o “Gatlings”, e inteligentemente hicieron el mejor uso posible de sus Mausers en un reducido perímetro que defendieron hombro con hombro, con tenacidad y coraje.

Los edificios principales de Cascorro eran la Iglesia del pueblo y lo que Funston llamaba “La Taberna”. En las cercanías había una aldea llamada “Machaca”, escenario de varios encuentros. La columna de rescate proveniente de Puerto Príncipe y armada de artillería, estaba ya entrando cuando Gómez ordenara levantar el sitio. ¿Volar un polvorín? En su limitado perímetro no hubiera quedado ni el recuerdo de los soldados españoles. Además, ¿volar un polvorín conteniendo solo balas de Mauser? ¿Con cuál propósito, si dependían enteramente de ellas?

Los soldados españoles de Cascorro prevalecieron frente a Gómez por la misma razón que los británicos lo habían hecho en 1879 en Rorke’s Drift, Suráfrica, cuando algo más de un centenar de ellos resistieron el ataque salvaje de 4,000 Zulúes por dos días hasta que estos últimos se retiraran. Como los españoles en Cascorro veinte y seis años después, los británicos usaron el “cuadro cerrado”, que según dicen ellos, inventara el “Iron Duke” en Waterloo.

Para los defensores de Rorke’s Drift, hubo creo que unas once “Victoria Crosses”. Los españoles más generosos, honraron a todos los defensores de Cascorro con la “Laureada de San Fernando”. Por su parte Gómez, quien se las sabía todas, a diferencia de los zulúes quienes dejaron centenares de muertos ante los parapetos, nunca intentó una carga contra los sitiados, quienes ocupaban el terreno alto y eran buenos tiradores.

El tema está agotado, por lo menos en lo que a mí concierne. Siempre es un placer debatir a mi amigo Luque. Espero que lo sea también para los lectores.

 

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