CASA BLANCA, LIBERTINAJE E INQUISICIÓN

Hugo J. Byrne

Debería utilizar mi espacio a comentar los más recientes acontecimientos y en especial el castigo inflicto en el notorio genocida sirio Assad por una coalición de tres potencias occidentales. Sucede que ya tenía estas ideas listas para publicar. Tengan paciencia mis amables lectores pues entre mañana domingo y el próximo martes los pondré al día sobre mi análisis del “raid” a la producción y depósitos de gas venenoso del criminal marxista-musulmán y mandamás de Siria. Entones quizás pueda tener más detalles y hasta más elementos de juicio referentes a los cohetazos en Damasco de ayer viernes.

Entre toda la andanada de bazofia que el Partido Demócrata y sus aliados comunistas lanzan contra el Presidente Trump, ahora se agrega la acusación de libertinaje. De acuerdo a las pesquisas del Gran Inquisidor Robert Muller, Trump utilizó los servicios de una prostituta a quien pagara quién sabe cuánto por su íntima y breve compañía de hace muchos años, pero la que supuestamente recibiera $130,000.00 adicionales antes de empezar la campaña del 2016 para comprar su silencio. Todo ello de acuerdo al ya notorio “Torquemada-Muller”. La mujer involucrada, describe su oficio como “antigua Estrella de Pornografía”.

Antes de proseguir, deseo definir prostitución para beneficio los no enterados y para los bien enterados, pero siempre listos a engañar al resto de la manada. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Castellana define el segundo significado de prostitución, como: Actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero. Eso por supuesto abarca por definición a las “estrellas” de la pornografía y demás “artistas de la colchoneta”, sea el intercurso fingido, o “hard core”. Por lo tanto, cuando la llamada “Stormy Daniels” hace referencia a su estrellato pornográfico, está hablando de pura y simple putería.

Hagamos un poco de historia sobre las actividades de libertinaje en la Casa Blanca, siempre toleradas por los desvergonzados izquierdistas-demócratas, en caso que el Ejecutivo sea uno de ellos. El ejemplo más reciente es el del cara dura Charles Schumer, uno de los “escandalizados por Trump”. El Senador Schumer votó dos veces contra el “impeachment” de su colega demócrata Bill Clinton, después que el amoral y entonces Presidente, admitiera engañar al pueblo de Estados Unidos y al resto de las autoridades federales, bajo juramento: No tuve relaciones sexuales con esa mujer, Ms Lewinski.

Schumer votó “no” a todos los cargos contra Clinton cuando era miembro del Congreso y de su Comité Jurídico en 1998. En esa fecha el Congreso era “lame duck” (o sea que una buena parte de sus miembros demócratas había sido derrotada en las elecciones de noviembre del mismo año, aunque no Schumer). Después, en enero de 1999, como recientemente electo Senador por New York, el sonriente y corrupto politiquero, volvió a votar “not guilty” en los dos cargos remanentes.

La historia de “hanky-panky” en la Casa Blanca está abrumadoramente dominada por administraciones demócratas. Ambos presidentes John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson eran notorios libertinos. Las bacanales de Kennedy y la abyecta promiscuidad de estos dos sujetos nunca fueron anunciadas por los medios de publicidad. No porque fueran presidentes o por defender el prestigio nacional, sino porque de una u otra forma representaban la tendencia política, o peor: los infames intereses económicos ocultos de esos medios.

Otro gran promiscuo fue Franklin Delano Roosevelt, a quien se le conocieron por lo menos dos queridas durante sus tres administraciones y parte de la cuarta, hasta que un accidente cerebral terminara su vida. En el caso de Roosevelt, puede agregarse que de acuerdo al libro escrito por su propio hijo, el matrimonio con Eleonor no duró mucho, eventualmente convirtiéndose en “abierto”: Eleonor por su parte, tuvo una relación lesbiana que duró varios años con una reportera llamada Lorena Hickok.

Se ha escrito sobre otras relaciones ilícitas de la Primera Dama, siempre con otras mujeres, incluso con la aviadora Amelia Earhart, pero no existen testigos verificables. Aunque tuvo seis embarazos, de acuerdo a su propia correspondencia íntima publicada por sus descendientes, Eleanor detestaba tener relaciones sexuales con Franklin, su única pareja conocida del género masculino.

Por mi parte aborrezco asomarme a esta cloaca, no por santo, sino tratando de seguir el aforismo martiano de “no empañar mi vida hablando mal de mujer”. Pero la hipocresía de gentecita como Torquemada Muller y el resto de la hipócrita pandilla, no me deja alternativa.

Cabría preguntar, ¿qué relación podría existir entre la supuesta investigación de un posible complot entre Trump y el Kremlin para derrotar a la señora Clinton en noviembre del 16 y la supuesta relación sexual pretérita entre una prostituta y el Presidente? La pregunta queda en suspenso para quien tenga una respuesta lógica. Mientras tanto me permito sugerir que el Comité Especial investigando a Trump, cada día se asemeja más a los tribunales del “Santo Oficio” y el notorio Gran Inquisidor, Tomás de Torquemada, al Gran Inquisidor de hoy, Robert Muller.

 

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