VERCORS

Por Hugo J. Byrne

“Vinieron los sarracenos

y nos molieron a palos,

que Dios protege a los malos,

cuando son más que los buenos”

Nunca esa vieja rima castellana fue probada más dramáticamente que en la sangrienta y desigual batalla de Vercors, macizo supuestamente impenetrable” en las estribaciones de los Alpes Franceses. En una reciente búsqueda de información sobre temas de “guerra asimétrica”, como ahora hemos dado en llamar los estrategas de recliner a la guerra de guerrilla y sabotaje, me encontré con un ejemplo clásico de cómo tener éxito en esos bretes, o de cómo fracasar. No tengo nada en contra de los ilustres guerreros en sillas de extensión, ya que en la actualidad me cuento entre ellos.

Pocos minutos después de la medianoche el 6 de Junio de 1944, el antiguo oficinista Noel Pool de Somerset, Gran Bretaña, se lanzó sobre suelo francés desde la escotilla de un bombardero Sterling. Probablemente Pool no sabía que era el primer oficial aliado en invadir Europa como parte de la operación “Overlord”. Pool ya no era oficinista, sino Teniente de Comandos en el “First Special Air Service”. Noel hizo un salto accidentado, pues se golpeó con la cola del Sterling y flotó en su paracaídas medio inconsciente hasta tierra, sobreviviendo el batacazo gracias a la oportuna intervención de una brisa que empujara el paracaídas hasta un campo arado.

La misión del Teniente Pool era dirigir la primera unidad de “Overlord” que entrara en contacto con la resistencia francesa llamada “Maquis”, nombre que traducido literalmente del francés quiere decir maleza (o manigua, para no confundirla con la que los guajiros de antaño usaban para referirse a una dolencia). La cooperación entre esas unidades y los franceses combatiendo la ocupación empezó mucho antes del desembarco de Normandía, pero ésta se centuplicó con él.

El cuerpo de guerra al que pertenecía Pool era una entre varias unidades aliadas con órdenes de coordinación, entrenamiento y aprovisionamiento de los guerrilleros franceses que luchaban activa y eficientemente contra la ocupación alemana. Labor nada fácil cuando se tiene en cuenta que estos grupos estaban fieramente divididos entre sí, al extremo que con la misma furia que usaban frente el enemigo común, podían guerrear uno contra el otro en cualquier momento y estuvieron muy cerca de eso en varias ocasiones. Especialmente durante las primeras horas de la liberación de la capital de Francia.

Una de las principales de esas facciones obedecía las directrices de Stalin desde Moscú y su principal baluarte estaba en París. Irónicamente cuando la aplastante derrota aliada del verano de 1940, ese mismo grupo saboteó la defensa franco-británica, cooperando abiertamente con el invasor. Stalin los usaba como marionetas en beneficio de sus ambiciones expansionistas, que entonces consideraba garantizadas totalmente en virtud del Pacto Ribbentrop-Molotov.

El otro grupo importante y más repartido entre las ciudades menores y las áreas rurales, era el que seguía los lineamientos del Comité de “Francia Libre” presidido por el General Charles De Gaulle desde Londres. Este grupo dirigía la mayor parte de las operaciones bélicas del Maquis mediante mensajes en código transmitidos por la BBC.

La actuación de estas unidades británicas y norteamericanas compuestas de oficiales entre los que muchos hablaban correcto francés, tenían por su naturaleza furtiva que desarrollarse dentro de las zonas ocupadas por el enemigo. Este no daba cuartel con quienes tomaba prisioneros.

Imbuídos de la única doctrina práctica en operaciones de guerrilla, que consiste en “golpear de súbito, destruir y desaparecer” (olvidé la frase en su francés original) estas unidades tuvieron un éxito rotundo en su misión de destruir y desconcertar al enemigo. Entre sus más venerados héroes se contaba el entonces Mayor de 24 años William Colby, quien se lanzara en paracaídas casi entre las líneas alemanas. Muchos años después Colby sería Jefe de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA).

Otro guerrero legendario fue el Comandante Británico Pierre Bourgoin quien dirigiera las fuerzas de la “4th Special Air Service Brigade Unit” (SAS) con incursiones increíbles en el área de Bretaña donde estaban situadas ocho divisiones alemanas amenazando el inmediato desembarco aliado a Normandía. Bourgoin era ordenancista y muy mal encarado. Por alguna razón desconocida de mí, Bourgoin era también manco del brazo derecho, casi desde el hombro. En una ocasión el oficial alemán a cargo de una redada inútil en una aldea de Bretaña ordenó detener a todos los mancos allí, confiando encontrar a su némesis. Los palurdos de esa zona no sabían si indignarse o reírse, pero ninguno de ellos era Bourgoin. Éste quien con ese nombre y apellido podría descender de los normandos de “William the Conqueror”, nunca fue hecho prisionero.

El éxito espectacular de los líderes de guerrillas franco-británicos y americanos en Francia se debió fundamentalmente en que mantuvieron siempre la doctrina de la dispersión y evitaron contra viento y marea presentar un frente compacto al enemigo. Sin embargo, varias unidades de guerrilla al sureste del Río Ródano y en medio de un área abrupta y montañosa, trataron de establecer una posición permanente en el Macizo de Vercors, donde reclamaban fundar “una República Independiente”. Increíble, absurdo error.

Sin equipos pesados, artillería, o reales defensas en profundidad, sino solo respaldados por la aspiración a confrontar al enemigo hasta la muerte, el Maquis de Vercors fue rápidamente aniquilado. No tengo idea exacta de cuántos de ellos fueron hechos prisioneros, pero sé que sufrieron más de 750 muertos.

El desembarco por el sur de Francia, incluyendo los ejércitos franceses veteranos de las campañas de África e Italia, cambió todo el curso de la guerra en esa nación, disolviendo las guerrillas como unidades de combate. Los antiguos Maquis o Maquisards, fueron reclutados como soldados regulares en el Ejército Francés, distinguiéndose en los sangrientos combates del asalto en Alemania.

Combatir una insurgencia guerrillera ha sido desafío cotidiano de las naciones occidentales desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Esa insurgencia ha devenido en ataques suicidas contra víctimas inocentes recibiendo con justicia el apelativo de “terrorista”. Las fuerzas de ocupación alemanas también llamaron terrorismo a los ataques de partisanos contra los invasores. Sin embargo, fueron esas fuerzas germanas quienes iniciaron una campaña de terror mediante la captura de rehenes inocentes, llevándolos al cadalso como represalia.

El reducto montañoso de Vercors al suroeste de la ciudad de Grenoble, que visité en 1986, fue el escenario triste de una matanza innecesaria, producto del orgullo y obscureciendo el sentido común. Contra Vercors las fuerzas alemanas amasaron 8,000 efectivos entre sus mejores tropas de montaña. ¿Para qué regalarle semejante victoria al enemigo?

 

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