¿GANAMOS O PERDIMOS?

Por Esteban Fernández

Algunos -quizás muchos- piensan que perdimos la batalla contra el castrismo. Desde el punto de vista militar y guerrero está demás decir que todavía no hemos logrado el objetivo supremo.

Los motivos por los cuales parece perdida esta lucha los he analizado cientos de veces y este escrito no es para eso. Por lo tanto, quede claro que como bien dijo Yogi Berra "It aint't over till it's over".

Pero en el terreno personal solamente tengo que hablar por 10 minutos con algún viejo amigo (como Jesús Ysidro Hernández) que se quedó rezagado -y ahora llega- para comprender mi gran triunfo al salir de Cuba. Todos coinciden en decirme: “Mi hermano, con la forma de ser tuya hubieras terminado muerto o cumpliendo una larga condena en la cárcel”.

La gran victoria no es mía sino de todos nosotros y ¿dónde radica? En haber vivido en libertad cincuenta y pico de años.

Y más importante que eso: haber logrado tener unos hijos en el extranjero que no han padecido ni un solo minuto de esclavitud y latrocinios. Sin haber sufrido el adoctrinamiento feroz ni la chusmería rampante.

El 95 por ciento de nosotros nos esmeramos y conseguimos que los muchachos se dedicaran a estudiar en un país libre. Casi todos estamos orgullosos de ellos y de sus diplomas obtenidos.

Ni nosotros ni nuestros hijos tuvimos que chivatear a nadie, ni vestirnos de milicianos, ni ir -y mucho menos enviar a nadie- a la cárcel.

Sí, hubo varios meses -y quizás años- de pasar más trabajo que un forro de catre, pero eso fue pasajero, y casi todos logramos salir adelante. Dignamente y con la moral en alto.

Más de 50 años comiendo lo que nos dé la gana, rodeados de miles de papeles higiénicos para limpiarnos los fondillos, la mayoría viviendo en casas propias, con un par de carros parqueados afuera. Y en Miami veo hasta barcos en las entradas de mansiones cubanas.

No hemos extrañado ni un solo “producto cubano” estando en el destierro. Comemos, almorzamos y cenamos. Muchísimos años de hijos abriendo valiosos regalos en cada una de las Navidades.

Hemos tenido el derecho de poder criticar públicamente -además de defecarnos en el castrismo- a todos y cada uno de los presidentes de la nación que nos brinda refugio. Sin sufrir las consecuencias por ello. Y gozando del privilegio de aplaudirlos sin tener la obligación de hacerlo.

¡Muy bueno es poderle decir a los detractores de Donald Trump: “No te preocupes que en tres o siete años ya sales de él”!

¡Muy agradable es ver a los nietos jugando inocentemente sin temer que tengan que ponerse la pañoleta de pioneros!

Hemos disfrutado de Disneylandia y de la Montaña Mágica, de vacaciones, de cuentas de bancos, y al final de la jornada: de buenos retiros.

El cubano decente y laborioso no ha sufrido ni un solo día, ni un solo segundo, encerrado en una jefatura de policía por expresar puntos de vista. Y muy tranquilos de no haber sido discriminados nunca.

Entramos en tiendas de renombre y el que más y el que menos sale de allí con una bolsa llena de ropas de calidad.

Pasamos por el Sizzler y vemos un enorme anuncio a su entrada que dice: “Bisté y Langosta $14.99” y si nos da la gana entramos y nos las zampamos.

Y la gran nación que nos brinda refugio jamás nos pide agradecimiento, ni hay que decir que el titulo obtenido por el hijo se lo debemos al presidente de turno.

Aquí solo nos piden que respetemos las leyes vigentes y NOSOTROS LAS OBEDECEMOS a pie juntillas.

Y si al mismo tiempo de haber logrado el bienestar personal -y de nuestro herederos- hemos cooperado de alguna forma a lograr la libertad de los que atrás quedaron, sin haberle dado ni un solo centavo al castrismo ENTONCES PODEMOS DORMIR FELICES.

 

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