MITOS DE LA INDEPENDENCIA, ETC.

Por Hugo J. Byrne

Mi amigo Roberto Luque Escalona recientemente escribió un ensayo sobre la naturaleza mitológica en algunos episodios de la historia de Cuba, tal como la escribían historiadores cubanos en el tiempo en que tanto él como yo asistíamos a las aulas de la primera enseñanza. Mi naturaleza es “meter la cuchareta” en cada oportunidad que se mencionan asuntos históricos. No me interesa llevarle la contraria a Luque.

Estoy en total acuerdo con su percepción sobre Bartolomé de Las Casas, conocido como “el Defensor de los indios”. Si vamos a juzgar por los resultados, su defensa no tuvo el menor éxito. Por otra parte Las Casas en esa su muy sincera defensa, de acuerdo al “Archivo de Indias” se contó entre quienes originalmente propusieran la trata. La lógica de Las Casas era que un esclavo negro era una inversión y, como tal, quien lo adquiriera debía alimentarlo y cuidarlo adecuadamente porque de no hacerlo perdería irremisiblemente su inversión. En resumidas cuentas no logró que los conquistadores dejaran en paz a los indios y ayudó a traer la oprobiosa e inhumana trata de negros esclavos y a crear para el futuro un inevitable problema racial. Cuando después se percató de lo que había ayudado a hacer, trató con pies y manos de deshacerlo, pero ya era tarde.

En lo que se refiere al jefe Hatuey y su presunta renuncia al paraíso si había españoles por esos lares, podrá ser un mito, pero uno sin la menor importancia histórica. Por otra parte Hatuey no era Taíno ni Siboney. Procedía de la isla de Santo Domingo por la que pasara una invasión de indios originarios de Sudamérica llamados “Arawaks” o “Caribes”. Estos no toleraban la dominación europea y peleaban a sangre y fuego contra ellos y otras tribus. Sus posibles víctimas les tenían terror y sus descendientes son los Seminolas de Florida, que están aún en teórica guerra con Estados Unidos pues lo único que “Old Hickory” Jackson pudo lograr de ellos fue un armisticio.

Hay muchos mitos relacionados con todas las guerras y no me parece justo singularizarlos con las guerras por la independencia de Cuba. Sobre el real objetivo de la incursión de 1895 para destruir la industria azucarera con la que Madrid chuleaba a los cubanos, ella logró su objetivo sin la menor duda. Por supuesto fue siempre una ofensiva y no una "Invasión". Nadie necesita invadir su propio predio. Es perfectamente diáfano que alcanzara el objetivo que buscaba Máximo Gómez. Esto fue ampliamente demostrado por sus consecuencias. Y nunca ha sido un mito.

Los mitos verdaderos son que los periódicos de Hearst y la explosión del Maine provocaran la Guerra Hispanoamericana. Esta fue decidida, contra la opinión del Presidente McKinley, por los máximos dirigentes del Senado de Estados Unidos, bajo el liderazgo de su influyente rival político, el senador Henry Cabot Lodge. Los líderes republicanos del Senado eran presionados fuertemente por legítimos intereses del capital que sufría grandes pérdidas a consecuencia de la tea y de los explosivos insurrectos durante 92 sangrientos días en su victoriosa ofensiva económica.

Ya va siendo hora de olvidarnos del mito de que todas las guerras se ganan conquistando territorio y tomando ciudades permanentemente. Eso solo funciona cuando los bandos opuestos son similares en potencia ofensiva.

Conquistar territorio y tomar ciudades permanentemente para después tener que defenderlas, habría sido una estrategia suicida para un ejército que estaba en desventaja numérica y material de veinte a uno. Tomarlas, avituallarse de ellas, destruir las fortificaciones permanentes y dejar que el humillado y desalentado enemigo regresara desmoralizado y abatido a los suyos, fue la fórmula adecuada en la victoria cubana. Esa era la estrategia de Máximo Gómez, un soldado capaz de enfrentar a todos y a cada uno de los generales españoles, de acuerdo a la muy respetada opinión de su principal adversario y el mejor militar que Madrid empleara contra la insurrección en Cuba, el General Arsenio Martínez Campos.

Es cierto que Madrid mató a muchos generales del Ejército Libertador, pero no todos perecieron en combate. El Brigadier General William Ryan fue fusilado por los esbirros de Burriel, entre las otras muchas víctimas de los capturados en el Virginius. Un destino más cruel que el de Ryan lo enfrentaron muchos otros cubanos de ambos sexos, niños y ancianos, quienes no eran ni siquiera combatientes: las 250,000+ infelices víctimas de las órdenes criminales de Cánovas. Esto paró en seco cuando el anarquista Angiolillo ejecutara a Cánovas en Santa Águeda, en una acción financiada por el Dr. Betances, galeno puertorriqueño que dirigía las operaciones de la Junta Revolucionaria en Europa desde París. Entonces el “hit man” de Cánovas, héroe de los integristas y verdugo de los insurrectos, Valeriano Weyler, decidió prudentemente renunciar a su mando y refugiarse en la Península.

Cascorro y Jiguaní fueron centros de población que no pudieron conquistar los cubanos en 1897. Sin embargo, conquistaron las más importantes como Guáimaro y Victoria de las Tunas. Esas cuatro ciudades fueron atacadas y dos de ellas tomadas después de que el nuevo presidente de Las Cortes, Práxades Sagasta, ordenara el cese de la llamada "Reconcentración". Que los cubanos insurrectos desearan seguir peleando por su libertad después de sufrir ese genocidio que diezmara a casi la mitad de la población rural cubana y después de la muerte en combate del Lugarteniente General del Ejército Libertador, no fue precisamente un mito. Fue más bien un prodigio.

Conozco sobre "El Héroe de Cascorro" (Eloy Gonzalo) por un cubano exiliado que vio un monumento a su memoria en su villa natal. Sin embargo, un testigo cuyo profundo respeto castrense por el enemigo español transpira en su obra "Memories of two Wars", ni siquiera lo menciona. El futuro General Frederick Funston, Medalla de Honor del US Army en Filipinas, fue quien dirigiera la artillería cubana en Cascorro, Jiguaní, Guáimaro y Victoria de las Tunas. Nota cómica: Funston escribia “Cascorra” en vez de "Cascorro" y "ajiacco" por ajiaco.

Por otra parte, ¿Qué obligación tenían los historiadores cubanos de ensalzar las supuestas proezas de aquellos que lucharan con saña contra nuestra independencia, cuando objetivos testigos oculares ni siquiera las recuerdan? ¿Será Eloy Gonzalo otro mito de guerra?

Aunque gallarda, no fue la defensa española de Cascorro lo que forzara la retirada insurrecta después de cinco días de sitio, sino la eficiente inteligencia cubana. Ésta reportó que una columna colonial de más de 2,000 hombres entre caballería artillada e infantería, había sido observada partiendo de Puerto Príncipe en dirección a Cascorro. El General Gómez contaba con menos de 800 efectivos desplegados en posición de sitio: Reformando inmediatamente sus muy expuestas posiciones, el guerrero dominicano ordenó levantar el asedio.

Finalmente, otra insignificante discrepancia mía con el artículo de Luque. El machete no es solamente una herramienta de labranza, sino que con una configuración algo diferente, se convierte en un arma fabricada con el único propósito de prevalecer en la guerra en lucha cuerpo a cuerpo. Todavía estaba en uso reglamentario para ese efecto en Vietnam hasta 1965 por la Infantería de Marina y aunque no tengo a mano la evidencia, sospecho que aún sirve regularmente en las fuerzas especiales como la Legión Extranjera de Francia, los Royal Marines y los Navy Seals.

En Guadalcanal un forzudo sargento de la Infantería de Marina despachó a dos soldados japoneses quienes lo atacaron simultáneamente en su “fox hole” con bayonetas. Lo hizo con su “Collins” de reglamento, ya que se le había agotado la munición. A uno de los nipones casi lo corta en dos.

Los machetes usados por los oficiales insurrectos del 95, eran “Collins # 87. No tengo una foto a mano, a menos que incurriera en violación de “copyrights” agregando aquí las del libro “Collins, Machetes and Bowies 1845-1965” por Daniel Edward Henry. Sin embargo, de niño tuve en mi mano el machete que fuera de mi abuelo paterno y aseguro que a nadie se le ocurriría tratar de cortar caña o desmochar maleza con él. La empuñadura tenía una cabeza de águila, con guardas curvas en direcciones opuestas protegiendo los dedos. La hoja era perfectamente recta, flexible, afiladísima por ambos lados y terminada en triángulo. Tenía la configuración de una espada, pero con menos peso y algo más larga.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image