EL TRIANGULO DEL MAL

Por Rigoberto Díaz Cutiño

La situación actual en Venezuela y Colombia están estrechamente ligadas y a la vez ambas están ligadas a la tiranía cubana. El negocio de las drogas, armas y otras mercancías en la frontera colombo-venezolana está a cargo de las guerrillas y otras organizaciones criminales colombianas y de las Fuerzas Armadas y el Gobierno venezolano. Añádase ahora la grave situación creada por la masiva emigración de venezolanos hacia tierra colombiana.

El negocio del narcotráfico en esta área mueve miles de millones de dólares, que fluyen en varias direcciones. Una parte sustancial contribuye al sostenimiento de la dictadura venezolana. Las narcoguerrillas y otros grupos del crimen organizado dependen de este negocio, de la minería ilegal y la extorsión. Por supuesto, los demás entes participantes en este negocio criminal también reciben lo suyo. Es conocido que estas sucias ganancias salpican a muchos colombianos, incluidas las altas esferas del Estado.

Igualmente no puede separarse de todo esto a la tiranía cubana, madre de las criaturas guerrilleras y de la dictadura venezolana. Es de conocimiento público la participación del Gobierno cubano en el comercio de las drogas en la región, que involucra a sus agentes de inteligencia, altos oficiales de las fuerzas militares y funcionarios del cuerpo diplomático.

Este malévolo triángulo, integrado por las dictaduras de Cuba y Venezuela y la recalcitrante izquierda colombiana, ahora tiene una connotación particular, debido a la confluencia de circunstancias muy especiales para sus tres componentes. Por una parte, Venezuela está en una situación socioeconómica al borde del abismo. Esto hace que la situación de la dictadura se vuelva cada vez más insegura y el fantasma de una sublevación militar, el enorme rechazo y presión internacional, la precariedad de las arcas gubernamentales y el ruido de una posible intervención humanitaria, aviven el nerviosismo y la incertidumbre.

En el caso de Colombia, a la espera de las elecciones legislativas en los próximos días y las presidenciales para mayo próximo, está ante una gran agitación política, donde lo que está en juego no es exactamente quien será el próximo presidente, sino si se conserva el sistema democrático o si la nación suramericana pasa a formar parte del bloque castropopulista del continente.

Las filas democráticas colombianas tienen que llegar a un grado de unidad y acción como nunca antes a fin de evitar el triunfo de la izquierda. Esta izquierda en bloque es la gran esperanza del Foro de Sao Paulo y especialmente de La Habana y Caracas, para establecer un importante santuario comunista en Colombia.

Casi todo el tejido de la izquierda y parte de la centro-izquierda colombiana está contaminado, en mayor o menor magnitud, con la ideología comunista o filosofías cercanas a ésta. Las FARC(supuestamente ahora un partido político) fueron a las negociaciones de La Habana, de la mano de los Castro, para ascender al poder en Colombia, pero por el momento no podrían ganar las elecciones, por lo que se acomodan a un proceso de transición y acompañan a un candidato de conveniencia, que hasta el día de hoy, según las encuestas, es el exguerrillero Gustavo Petro.

En el extenso campo de la izquierda se observa una considerable tendencia a la unidad, lo que oscurece más el horizonte democrático. Esta tendencia se alimenta del rechazo al uribismo, de una cierta cercanía político-ideológica entre sus componentes y del apoyo de una buena parte del país al Acuerdo Gobierno-FARC. También hay que considerar el enorme peso del Gobierno colombiano, que está en bando contrario respecto a las fuerzas democráticas de la derecha.

Si la izquierda gana las elecciones presidenciales en Colombia, el riesgo de que colapse el sistema democrático es de enormes proporciones. Entonces la tiranía cubana y sus discípulos chavistas contribuirían a desmontar la institucionalidad democrática en el país. También el narcotráfico y otros negocios vinculados al crimen organizado podrían alcanzar niveles nunca vistos y con ello se beneficiarían las dictaduras de Cuba y Venezuela.

El riesgo del sistema democrático colombiano es aún mayor si se considera el enorme caudal financiero de las narcoguerrillas, las que manejan miles de millones de dólares. Ya en Colombia es palpable que este dinero se usaría en la compra de votos y otros sobornos.

Si pierde la izquierda, entonces el Acuerdo Gobierno-FARC estaría en gran peligro, al menos tal como fue firmado. Además los operadores del crimen organizado podrían quedar en una situación muy difícil; se agravaría la ya complicada situación social y muy probablemente las FARC volverían al monte a ocuparse de lo suyo, que en realidad no han abandonado del todo.

Con el fracaso de la izquierda colombiana en los próximos comicios presidenciales, la dictadura chavista sufriría una reducción sustancial en su negocio ilegal en la frontera colombiana, incluida la droga proveniente de Bolivia, que pasa a Venezuela a través de esa frontera. Y como están ya las cosas en este último país, esto pudiera resultar catastrófico para la dictadura.

Como es conocido, Cuba está en una situación deplorable. La sociedad se hunde en otro período crítico de subsistencia. La drástica reducción del suministro de petróleo venezolano y una alta reducción de los ingresos por concepto de servicios cubanos a Venezuela, han resquebrajado la siempre reducida economía cubana. Súmese a esto que la tiranía cubana no tiene una fuente de subsidio a donde acudir, por lo que para el Gobierno cubano es vital mantener e incrementar el subsidio venezolano.

En la región hay otros entes que actúan a favor de este perverso eje, no solo por familiaridad ideológica, sino porque el fracaso de sus amigos en Colombia, supondría una sensible pérdida para ellos, debido a que se benefician de los subsidios que les otorga la dictadura venezolana. Me refiero a los Gobiernos de Nicaragua, Ecuador, El Salvador y Bolivia, fundamentalmente.

Para empeorar las cosas, hay actores extracontinentales que son firmes aliados de este despreciable triángulo caribeño. Me refiero a Rusia, Irán y China, los que ya tienen importantes intereses económicos y geopolíticos en la región. Tampoco deben descuidarse los carteles del crimen organizado del continente americano, que desde hace varias décadas operan como socios de las dictaduras de Cuba y Venezuela y de las guerrillas y otras organizaciones criminales de Colombia.

Hay que significar la singular situación en la que está atrapado el Presidente Juan Manuel Santos y su Gobierno, aferrado a ultranza al controvertido Acuerdo firmado con las FARC son arrastrados al campo de la izquierda. Hay dos grandes bloques que se reparten la intención del voto con gran ventaja: la derecha y la izquierda. El Gobierno y sus bases quedan en medio de estos bloques, en una franja reducida y resbaladiza.

Pienso que es obvio que no debe esperarse a que la situación evolucione por sí misma, sino que los gobiernos representativos de la democracia y otras instituciones democráticas, sobre todo de América, deben actuar en consonancia con la urgencia que está planteada y hacerlo a tiempo, con suficiente energía contra este triángulo del mal, a fin de evitar el gravísimo peligro que amenaza la democracia en nuestro continente.

 

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