CONTROL COLECTIVO

Hugo J. Byrne

Hace un par de años un activista cubano desterrado se puso en contacto conmigo vía E-mail recabando mi cooperación en un esfuerzo para “modificar” la segunda enmienda de la constitución, limitando la posesión y uso legal de las armas de fuego. No solamente el caballero deseaba reclutar comentaristas de la actualidad para cooperar en tal actividad, sino que entre todos ellos tuvo el increíble despiste de escogerme como posible participante. Su mensaje describía “la necesidad imperiosa de hacer algo” para impedir que las armas de fuego tuvieran “acceso fácil” al público en general y a las escuelas en particular. ¿Quién puede sorprenderse de que con personas tan exquisitamente enteradas sobre la cura automática de nuestros peligros sociales, termináramos en el destierro y que nuestro país de origen se convirtiera en el zoológico actual?

Mi primer contacto con la aberración de que desarmar a la víctima es la mejor manera de combatir el crimen con armas de fuego, fue a raíz del asesinato del presidente John Kennedy. Recuerdo que alguien me facilitó un “bumper sticker” en el que se leía “Register Communists, not firearms” Algún tiempo después un vándalo rayó uno de los guardafangos de mi automóvil, arrancando parcialmente el anuncio de la defensa trasera. Ese antisocial, al cometer ese acto de vandalismo no estaba afirmando algún principio ético. Por el contrario, su mensaje es que yo no tengo el mismo derecho que él a expresar una opinión diferente a la suya

Desde hace muchos años no adorno mi auto con anuncios o propaganda. No para evitar que sea eventualmente dañado por algún antisocial. Esto último es inevitable cuando hay que estacionar en la vía pública durante horas por razones de negocios o trabajo. Todos los rateros son criminales, pero lo contrario nunca es cierto. Hacer daño gratuito a otras personas, sin objetivo de lucro se ha convertido en uno de los crímenes más comunes y costosos en términos de vida y hacienda en América contemporánea: ergo, quien provoca un fuego, quien daña la legítima propiedad ajena, etc.

El marxismo afirma que toda propiedad individualmente poseída constituye un robo a la comunidad. En otras palabras, la propiedad individual es un robo. Eso quiere decir amigo lector, que personajillos políticos tan repulsivos como el Senador Bernard Sanders, quien siempre ha vivido a costa de erario público puede llegar a presidente si continúa avanzando la noción idiota de que se puede obtener todo sin sacrificar nada.

La manifestación más reciente de esta patraña política, es la reacción casi universal ante la masacre de diez y siete estudiantes de un “high school” en Florida. El asesino, quien fue capturado poco tiempo después del siniestro había sido identificado como un probable peligro para la escuela y sus estudiantes. Aparentemente lo único que pueden recomendar los mismos políticos de siempre es el desarme ciudadano por medio de legislación o estatutos federales, estatales y locales. Nos dicen que se trata de “sentido común” para regular la adquisición legal de armas de fuego.

Sin embargo, de acuerdo al Servicio Secreto, en el 81% de los casos de tiroteos en las escuelas, alguien tenía conocimiento previo de que el atacante estaba planeando el crimen, o al menos pensando en cometerlo. En el caso específico de esta segunda masacre del día de San Valentín, aparentemente el Buró Federal de Inteligencia estaba al tanto de la peligrosidad del asesino, quien había sido alumno de esa escuela.

En California donde resido es demasiado notoria la falta de aplicación de la ley penal. No tengo la menor idea de cuántas leyes penales existen hoy en este estado regulando el uso o desuso de armas de fuego. Cuando seguía más de cerca esas estadísticas durante los años setenta, las regulaciones federales ascendían a más de 22,000. ¿Desea apostar algo el amable lector que en la actualidad esa cifra enorme puede haberse cuadruplicado? Quizás me quedé corto.

La realidad es que agregar más leyes restrictivas a la posesión legal de las armas de fuego nunca impedirá el uso criminal de las mismas. Es fácil desarmar al ciudadano obediente de la ley, pero no hay ley que desarme al criminal, pues la ley que castiga el crimen es papel mojado cuando no se aplica. Las infelices diez y siete víctimas en la escuela superior de la Florida no tuvieron defensores. No los tuvieron ni en la escuela, ni por parte del Buró Federal de Inteligencia, la más importante agencia federal investigativa, Esta última evidentemente poseía abundantes confidencias sobre los propósitos criminales del asesino.

Cuando los agentes del orden público del Reino Unido, llamados “Bobbies” (en honor a su fundador Robert PeeL) ejercían sus funciones desarmados, la posesión legal de armas de fuego por los ciudadanos honestos era una parte integral de las libertades públicas que gozaban los súbditos británicos y el crimen con armas de fuego era una muy pequeña fracción de lo que es hoy. Conversamente hoy los agentes del orden están armados y el crimen cometido con armas de fuego ha aumentado de forma espectacular.

Ahora voy a anotar algunas definiciones desconocidas por mucha gente en el tema de las armas de fuego. La definición de un rifle de asalto es la capacidad del mismo para disparar en ráfaga. Un AR-15 puede o no tirar en ráfaga. Si lo hace, es porque tiene un selector de tiro. El selector de tiro es usado exclusivamente por las Fuerzas Armadas y algunas agencias del orden. Un rifle semiautomático no es por definición un rifle de asalto, no importa cuánta interesada mentira oigamos por MSNBC o CNN. De hecho toda arma de fuego automática es de uso prohibido para la población civil desde los tiempos de la “ley seca”, cortesía de los muchachones del gatillo alegre de los años treinta y sus “Tommy guns”.

 

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