CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

(11 de marzo de 2018)

Padre Joaquín Rodríguez

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único”. Mis queridos hermanos: He querido comenzar nuestra reflexión de este domingo enunciando esta declaración que hoy encontramos en el evangelio de san Juan (Jn 3, 14-21); frase que resume admirablemente todo el mensaje de la redención que, durante la Cuaresma, nos prepara para la celebración de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Porque sólo el Amor, “el Amor de Dios”, puede acercarnos a la comprensión del “Misterio de la Redención” que, como misterio nos sobrepasa en la comprensión y, también, en el merecimiento de su realización y complemento en nosotros que, por él, hemos llegado a ser hijos de Dios.

La pasión es interpretada por el evangelio de Juan como una elevación o exaltación; del mismo modo que Moisés levantó una serpiente de bronce en el desierto para que los israelitas la mirasen y quedasen salvos de la muerte, así la crucifixión es el comienzo de la glorificación de Cristo.

En la primera lectura de hoy (II Crónicas 36, 14-16 . 19-23) vemos dos reflexiones referenciales: La primera (36, 14-16) al exilio de 70 años en Babilonia, interpretado como castigo y camino de rehabilitación espiritual del Pueblo de Dios; manifestación de la “ira del Señor” ira justa que busca, a su vez, un remedio saludable y restaurador de la identidad y unidad del Pueblo, que en el exilio se purificó y consiguió renovarse en la esperanza que al fin sería colmada por la gracia del perdón y la “vuelta a la tierra prometida”, como una verdadera gesta liberadora realizada sin embargo por el brazo de un extranjero: “Ciro, rey de Persia”, en “cumplimiento de la Palabra del Señor” (36, 19-23).

Dios es “rico en misericordia”, nos enseña san Pablo en la segunda lectura (Efesios 2, 4-10) También el título de una extraordinaria encíclica de San Juan Pablo II, esta declaración siempre nos sorprende en la incredulidad; porque el apelativo no se aplica sólo a quienes no creen en Dios, sino también a no creerle a Dios su amor misericordioso, que es el único amor verdadero y divino que conocemos, aunque muchas veces no sepamos reconocerlo.

Cuando hablamos de la economía de la GRACIA, no podemos prescindir de la misericordia como punto de enlace con su verdadera fuente que es DIOS-AMOR. El Señor nos llama hoy a asumir la sana curiosidad espiritual de Nicodemo, ungida con una buena dosis (como la del Fariseo) de humildad, reconociendo nuestra necesidad de ser iluminados por Aquel que es la “Luz que ha venido a este mundo”.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image