DE NATURALES TRAICIONES

Por Hugo J. Byrne

 

 

Tú que pasas con voz adolorida,

el rostro adusto, el ademán vencido,

sé como Ulises que afrontara erguido

de adversos dioses fiera acometida.

 

Y pon ante la mar embravecida

la prora al viento, y el incauto oído

sordo a la voz, el canto o el gemido

de las torvas sirenas de la vida.

 

Así recorrerás los anchos mares,

y los largos caminos seculares

donde toda traición tiene su asiento.

 

Y como el gladiador de la leyenda,

podrás entonces levantar tu tienda

y tremolar tu pabellón al viento.”

 

Juan Daniel Byrne (1885-1958, “Ulises”, poema en cuatro sonetos-1947)

 

El notorio cese de la cobertura del agente de la tiranía castrista Carlos Serpa Maceira, trae conclusiones negativas pero inescapables y provoca reflexiones críticas. La primera de todas es que, en general, aún no hemos alcanzado a comprender la enorme diferencia entre una “dictadura” y un régimen totalitario. 

 

Regresemos al ABC político: los regímenes de Juan Vicente Gómez, Porfirio Díaz, Machado, Pinochet, Trujillo, Somoza, Batista y hasta cierto grado Perón, eran simples “dictaduras”; una mezcla de diversos grados de despotismo represivo, combinado con una variable autonomía individual en casi todo aquello que en la sociedad no implique peligro directo al mandón, su régimen, sus intereses y los de la clique que lo apoya.

 

Por regla general el dictador no quiere serlo. Al contrario, sería popular si pudiera. Aspiraría a ser gobernante legítimo si su rechazo por el pueblo no bloquara el camino que ordena su ambición de poder. Desearía ser genuinamente amado por el pueblo. Recordemos a Batista. A veces el dictador es un sujeto predispuesto a la paranoia y, ayudado por la adulación de sus cortesanos, llega a considerarse objeto de una legítima adoración colectiva. Al decir de muchos historiadores ese endiosamiento convirtió a Gerardo Machado en dictador. 

 

No cabe duda que el ejemplo mejor en nuestros días de un dictador paranoico es Muammar El-Quadaffi. Ignoremos para este análisis su estrafalaria vestimenta de cortinas y sobrecamas, o su autocomparación con la Reina Isabel de Inglaterra (cuyos sombreritos imita). Que El-Quadaffi está orate no necesita mucha demostración. Sólo es necesario oírlo y verlo en medio de sus descargas, sin la menor necesidad de esperar por la traducción inglesa o castellana. El asesinato indiscriminado a que somete a los libios en estos días nos hace recordar el título de un reciente ensayo de Carlos A. Montaner: “Los locos también matan”.

 

Al tirano totalitario típico, por el contrario, le interesa un comino el fervor popular. Quienes hayan leído sus obras, aprendieron que, al igual que su simpatizante el comunista español Pablo Picaso cuando se burlaba de quienes lo llamaban genio del pincel, Lenín tenía muy pobre opinión de las masas con las que contaba para su revolución mundial. Con frecuencia Lenín demostraba su desprecio por sus colegas de ocasión, llamándolos “compañeros de viaje” y “tontos útiles”. Lenin, como Castro y el desaparecido Kim Il Sung, habían aprendido de Nicolás Maquiavelo que “un príncipe que aspira al poder sabe que ser temido es siempre mejor que ser amado”.

 

La “dictadura del proletariado”, no es tal dictadura, sino algo mucho más formidable y siniestro: un régimen totalitario. La etimología de la palabra totalitario está relacionada con el control total de todas las actividades sociales y económicas de un estado y fue la Unión Soviética el primer estado totalitario contemporáneo de Europa y el mundo. El Fascio de Mussolini y el Nacional-Socialismo de Hitler, para usar terminología musical, fueron variaciones sobre el mismo tema. Empero, el eclecticismo económico de los fascistas y nazis mantuvo sus respectivos totalitarismos en un nivel inferior al de la Unión Soviética. En eso se basaba su mayor eficiencia.

 

En el panorama mundial de hoy existen solamente dos estados genuínamente totalitarios y esencialmente mesiánicos, a pesar de ser seculares: el de Corea del Norte, bajo la dinastía tarada de los “Kim” y el que rige a Cuba bajo la familia Castro. La Venezuela de Chávez es sólo un serio aspirante al vergonzoso estatus, pero sin haberlo alcanzado todavía.

 

Este largo preámbulo explica a Serpa Maceira. No es el primer infiltrado y probablemente, tampoco sea el último. No solamente un régimen totalitario puede controlar por acción directa o subversión muchas de las actividades de la llamada disidencia dentro de Cuba, sino que a través de la misma con frecuencia manipula al exilio cubano de Miami y de otras muchas localidades en Estados Unidos y otros lugares.   Recordemos al infiltrado que cometiera la villanía de casarse con una señora cubana en Miami con el propósito de encubrir sus actividades asesinas contra los pilotos de Hermanos al Rescate. 

 

En 1987 el jefe de la contrainteligencia castrista en Praga, un espía llamado Florentino Aspillaga Lombard, cruzó la frontera con Austria, presentándose a la Embajada de Estados Unidos en Viena. Allí, a cambio de asilo en Norteamérica, ofreció información sobre cuántos agentes de la “Central Intelligence Agency” en Cuba eran en realidad esbirros encubiertos de Castro y cuáles eran sus actividades. 

 

La información brindada por Aspillaga en Viena dejó atónitos a los diplomáticos norteamericanos: todos los agentes que la C.I.A. había reclutado en Cuba hasta el año de 1987, incluyendo a su Jefe Operacional, eran espías de La Habana. Días después de la deserción de Aspillaga, en las Oficinas Centrales de la C.I.A. en Langley, Virginia, se recibió un mensaje codificado del Jefe de Operaciones de la Agencia en Cuba, confirmando todo lo denunciado por Aspillaga. El mensaje terminaba con el hipócrita lema de “Patria o Muerte”. La eficiencia de la subversión castrista está en proporción directa a la naturaleza totalitaria del régimen.

 

Sin embargo, la inteligencia castrista no es infalible y en años recientes ha sufrido notables derrotas como el arresto y sentencia de la espía Ana Belén Montes, su agente más importante en toda su funesta historia y la que hizo gran daño a los intereses de Estados Unidos y Cuba Libre. La captura de los cinco espías de la Red “Avispa” demostró torpeza e improvisación increíbles por parte de un servicio que gozaba antaño de maligna eficiencia. 

 

Aún así, la subversión de La Habana puede todavía hacer gran daño y nada la puede contrarrestar mejor que nuestra determinación encarándola. Para un servidor, los únicos castristas buenos y sinceros son los que ya han mordido el polvo y mi actitud en relación a la disidencia siempre ha reflejado y reflejará esa convicción.  

 

                   

 

 

 

 

 

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