MIS IMPRESIONES SOBRE EL AMOR

Por Hugo J. Byrne

A la memoria de mis padres, a mi esposa, a mis hijos, sobrinos, nietos y bisnietos. (No los listo a todos por sus nombres, porque la lista llevaría diez cuartillas).

“Por una mirada un mundo.

Por una sonrisa un cielo,

Por un beso… ¡yo no sé

que te diera por un beso!”

Gustavo A. Bécquer (“Rimas”)

Escribo esto el día 14 de febrero de 2018, pues prefiero describir la escena que tengo en la mente en la misma efemérides, porque soy “un poco antiguo” como “el Caballero de Gracia” de la zarzuela. Ayer tenía las mismas convicciones de hoy, que serán las mismas que tendré mañana y el día de mi mutis. Las impresiones son otro tema, harina de otro costal. Pues siempre cambian algo, aunque sea un adarme. ¿Qué esto no se publicará en la fecha adecuada? Para los enamorados todos los días son 14 de febrero. Con tal que se publique antes de mi obituario, soy feliz.

No pretendo aquí definir el amor. Eso se ha tratado sin éxito desde que existe la raza humana. Lo único que puedo afirmar es lo que el amor significa hoy para un servidor de los lectores, a propósito de este Día de San Valentín. Lo primero que debo afirmar es que el amor es un sentimiento poderoso y profundo. Por amor se sacrifica todo. Hay quien dice que el odio puede llegar a ser igualmente poderoso. Quizás en algunos casos y por tiempo limitado. No hay odio que dure toda la vida con la misma intensidad. El amor sí. ¿Por qué? Los agravios y daños que nos hacen se van disipando con el paso del tiempo. El olvido es un excelente dispositivo mental para aliviar el sufrimiento. Recuerden que olvido no equivale a perdón.

Por el contrario, el amor se mantiene firme como la Roca de Gibraltar. ¿Existe un ser humano quien ame menos a sus hijos hoy que en el día en que nacieron? El tiempo, si acaso, incrementa el amor. ¿Cómo se demuestra el amor? No es necesario. Cuando amamos, quieras que no, se nos sale por los poros. Nada puede ocultarse más difícilmente.

¿Cuál es el mejor regalo para el 14 de febrero? ¿La joya más fina o las flores más caras? Bueno, ya se me salió el “chauvinismo”. Cuando pienso en términos de amor no puedo separarlo de mi género. El amor es un sentimiento irrefrenable cuando va acompañado de la pasión. Los cínicos llaman eso la “revuelta de las hormonas”. Soy cínico, pero todavía llamo pasión a ese glorioso despertar de los sentidos. Bécquer lo definió genialmente en un verso: “¡Mientras exista una mujer hermosa, habrá poesía!”.

Bueno, hasta aquí mi “chauvinismo”, término mal usado en el idioma inglés y que realmente quiere decir ultra nacionalista: Nicolás Chauvin era un bonapartista fanático, quien creía que solo los franceses eran seres humanos: “Chauvinism” es sinónimo de “Jingoism”.

Nada se compara al amor de una madre. Padre es todo hombre normal que participa intensamente en la crianza de niños o niñas. No importa ser padre biológico, o de crianza. Conversamente, madre hay una sola. Es simplemente justo reconocer que una madre es capaz de amar a sus hijos como nadie más puede hacerlo.

Cuando nos referimos al amor hay que tener mucho cuidado. Amar a la Patria, por ejemplo, no es un sentimiento comparable al amor hacia la novia, la esposa, la amante, o viceversa. Se ama a la patria como se ama a los hijos, nunca esperando algo a cambio. No se cobra por lo que se da. Si se cobra es sólo negocio. Un simple cambalache.

Es admirable morir por la patria. El himno nacional cubano en su última estrofa (de la versión usualmente cantada) afirma que “…morir por la patria es vivir”. Lo creo firmemente. Vivir por la patria es quizás menos admirable, en apariencias. Nunca imaginé ofrendar mi vida por mi patria. En cada oportunidad, sin embargo, fui a integrar las filas de todo esfuerzo por su redención, a costa de lo que fuera. El amor por la patria es un sentimiento romántico. Es como el amor de Don Quijote por Dulcinea, que resiste el más elemental razonamiento.

En breves minutos me sentaré a mi mesa para saborear un exquisito enchilado de camarones, obsequio de mi esposa. Entonces brindaremos por el amor que nos une. Ella es una parte de la patria que no me pudieron quitar. Amables lectores: ¡para todos, el deseo ferviente de un muy feliz 14 de febrero!

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image