MI PERSONAJE INOLVIDABLE

Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

Sígame en: http://twitter.com/@AlfredoCepero

Hubo, por otra parte, una faceta de su personalidad que muy pocos conocieron: Chea la recaudadora de fondos para la "guerra necesaria" de la que habló en su momento José Martí.

Hace un par de semanas, un grupo de cubanos del Área Metropolitana de la capital de los Estados Unidos me hicieron el honor de invitarme a pronunciar un panegírico en celebración de la vida y el legado de José Martí. En el curso del mismo hice mención de compatriotas ya fallecidos, entre ellos Chea Pedroso de García Beltrán, que se habían destacado en labores patrióticas y culturales en aquella área con el fin de mantener viva la lucha por nuestra libertad. A mi regreso a Miami recibí un correo electrónico de la hija de Chea, Diana Beruff, agradeciendo mi gesto de reconocerle esos méritos a su señora madre. Ese fue el detonador que desató este cúmulo de emociones y recuerdos que hoy comparto con ustedes sobre aquella gran dama que hizo del servicio a Cuba la cruzada de su vida ejemplar.

En el curso de mi larga vida he tenido el privilegio de conocer y tratar a personas de extraordinarios talentos y cualidades. Luego, cualquiera pensaría que Chea Pedroso confrontaría una gran competencia para superar los méritos de esos personajes que he tenido el honor de conocer. Sin embargo, en mi mente, en mi afecto y en mi corazón nadie podría competir con esta cubana excepcional por el título de "mi personaje inolvidable". Y aquí debo aclarar que el título no es mío sino lo he tomado de una sección permanente de la Revista Selecciones que me abrió una ventana al mundo más allá de mis entonces limitadas fronteras mientras yo crecía en el bucólico pueblecito de Amarillas, cerca de la Ciénaga de Zapata.

Conocí a Chea Pedroso a mediados de 1961a través de su yerno Jorge Beruff con quién me quedé varado en las montañas de Guatemala junto a alrededor de doscientos soldados del Batallón Siete de la Brigada 2506. Vivía Chea por entonces, acompañada de su marido, hijos y nietos, en una espaciosa mansión del área residencial de Key Biscayne, dentro de los límites de la ciudad de Miami. Algunos amigos de Jorge visitábamos la casa, tanto por el afecto con el que éramos recibidos como por alguna que otra golosina que se nos ofrecía y nos calmaba el hambre de aquellos primeros tiempos de miseria heroica.

Sin embargo, mi percepción de estas visitas cambió de lo gastronómico a lo intelectual y patriótico cuando tuve la oportunidad de compartir ideas, inquietudes y aspiraciones con esta señora que tenía suficiente edad para ser mi madre. Esta mujer se había criado en el seno de una familia acaudalada que había fundado el Banco Pedroso y contaba con inversiones en la industria azucarera cubana. Por su origen y formación debió haber sido una persona indiferente a las penurias del hombre de pueblo y por su condición de madre, esposa y abuela debió haber concentrado sus energías e inquietudes en cuestiones familiares. Eso es lo que hacen las abuelas y las amas de casa que cuentan con recursos para no tener que salir a ganarse el sustento.

Pero Chea no fue una madre, abuela o esposa al estilo tradicional. Fue una mujer que desafió todos los patrones y rompió todos los moldes. Fue digna heredera de matronas de nuestras gestas libertarias como Emilia Teurbe Tolón, Marta Abreu de Estévez o Gertrudis Gómez de Avellaneda. Puso su fortuna material, su riqueza espiritual y su talento intelectual al servicio de la felicidad de su pueblo cubano. Digo su pueblo porque esta mujer, a pesar de su cultura y su refinamiento, se sentía tan parte del pueblo cubano como el Liborio de nuestro vernáculo. Y prueba al canto.

Con el fracaso de Bahía de Cochinos fueron muchos los cubanos que engavetaron la patria y se dedicaron a echar raíces y a hacer fortuna. Chea se negó a ser uno de ellos. Un grupo de hacendados cubanos, entre ellos los oprobiosamente célebres hermanos Fanjul, le propusieron que invirtiera con ellos en la compra del Central Talismán, en la zona de West Palm Beach, en la Florida. La respuesta de Chea: "Yo no puedo invertir en una industria que le hará en el futuro la competencia a Cuba cuando restauremos en ella la libertad y la democracia."

Pero con el tiempo se acabaron los fondos que trajo a un exilio que, como muchos de nosotros, pensó sería de corta duración. Toda la familia se trasladó a la zona metropolitana de Washington a comenzar una nueva vida. La vida del exiliado de a pié donde cada miembro de la familia buscó empleo según sus habilidades y experiencias. La mansión de Key Biscayne se redujo a un modesto apartamento que compartía con su esposo Marcelino, dedicado entonces al campo de los seguros. Chea encontró empleo en la exclusiva tienda por departamentos de Lord and Tailor, en el área de Seven Corners, en el condado de Fairfax. Juro que Lord and Taylor jamás ha tenido a una representante de ventas con mayor distinción y elegancia.

Pero la patria, siempre la patria, presente en su pensamiento y en sus quehaceres. Organizó un grupo de damas cubanas que se dedicaron a celebrar nuestras fechas patrias y a auxiliar a los recién llegados a la zona de Washington. Fue en esos trajines en los que me la encontré cuando yo también me trasladé de Miami a Washington en 1964. Cuando fundé con otros compatriotas la Casa Cuba de Washington le pedí ayuda a Chea y ella se puso a nuestra total disposición. Nos ayudó a organizar grupos de jovencitas cubanas para interpretar nuestras danzas y a distribuir boletos para sufragar los gastos de los eventos que fueron siendo más elaborados según pasó el tiempo.

El mayor de todos fue un acto que produje a nombre de la Casa Cuba el 5 de septiembre de 1976 en el Teatro Eisenhower del Centro Kennedy para las Artes Escénicas. En el mismo, los exiliados cubanos festejamos el bicentenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos agradeciendo a este país su acogida a nuestra comunidad. Con una cartelera donde figuraron Celia Cruz, Fernando Albuerne y Pedro Vargas; así como una orquesta bajo la dirección del maestro Julio Gutierrez, llenamos las 2,500 butacas de dicho teatro. Cuando le comuniqué mis planes sin fondos para llevarlos a cabo, Chea me dijo: "Tu eres tan arriesgado como Julio Lobo que se mete en las empresas sin contar con los fondos". Pero acto seguido, se convirtió en una de las principales personas que me ayudaron a llenar la sala.

Hubo, por otra parte, una faceta de su personalidad que muy pocos conocieron: Chea la recaudadora de fondos para la "guerra necesaria" de la que habló en su momento José Martí. Cuando Tony Cuesta, el aguerrido y discapacitado jefe de Comandos L, andaba escaso de fondos para hacerle la guerra a la tiranía pedía ayuda a Chea Pedroso. Una mujer ya de recursos materiales limitados pero de un inagotable capital patriótico. Con su prestigio y su poder de persuasión Chea reunía a cubanos del área de Washington y, dólar a dólar, recaudaba fondos para los Comandos L.

Un día Cuba será libre y serán muchas las historias de hombres y mujeres que se rebelaron en las montañas, padecieron prisión y cayeron ante los paredones de fusilamiento. Parques, calles, plazas y escuelas serán bautizadas con sus nombres para honrar sus memorias en gestos de justificada gratitud por sus servicios a la patria. Me temo, sin embargo, que muy pocos sabrán de la contribución desinteresada y el patriotismo silencioso de cubanos como Chea Pedroso. Por eso yo cierro estas líneas con la inmensa satisfacción de haber contribuido, aunque sea en forma limitada, a hacer justicia a quien considero una verdadera heroína de nuestra libertad.

2-12-2018

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image