PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

(18 de febrero de 2018)

“Domingo de la Tentación”

Padre Joaquín Rodríguez

Mis queridos hermanos:

Recién hemos comenzado la Cuaresma de este Año del Señor y hoy nos encontramos con la llamada más comprometedora en el seguimiento de Cristo, o sea, nuestra vocación cristiana. La misma se refiere a “vencer la tentación”, debido a que es fundamental para seguir al Maestro que, como Buen Pastor, va delante del rebaño en esa “opción fundamental” en la vida del creyente: Optar por Dios, desde el principio y en todo momento, alimentarnos de su Palabra, vivir la autenticidad de la respuesta a su llamada amorosa y redentora. -El pasado miércoles 14 de febrero nos congregamos en la iglesia parroquial a escuchar el llamado que nos hacía el propio Jesús a la conversión; conversión que nos invitaba a plasmar en las obras fundamentales del “ayuno” la “oración” y la “limosna” y, todo ello en secreto, donde sólo entra el “Padre que está en los cielos” (Mateo 6, 1-6.16-18).

Hoy nos encontramos junto a Jesús en el desierto de Judea, lugar de encuentro con Dios. La Cuaresma es ciertamente un “desierto espiritual”, un “lugar” privilegiado que apartamos cada año al prepararnos para la celebración anual solemne de la Pascua, del misterio al que hemos sido incorporados en el Bautismo, pasando a través de las aguas redentoras, de la muerte a la vida; “misterio pascual” que nos hace miembros de Cristo en su Iglesia y con el que comprometemos nuestra vida en su etapa peregrina hasta su destino final y glorioso del Reino de los Cielos.

Del pacto sellado por Dios con Noé tras el diluvio tomamos la primera lectura (Génesis 9, 8-15). Esa alianza es un primer esbozo de la que se concluirá entre Dios y el hombre con la muerte y resurrección de Cristo (I Pedro 3, 18-22). El evangelio nos muestra a Jesús a merced de Satanás (el Tentador) en el desierto (Marcos 1, 12-15); en Jesús, la Palabra viva de Dios, que vive “de toda Palabra que sale de su boca”, han llegado los tiempos del combate supremo y de la alianza eterna.

Ciertamente, la Cuaresma es combate: Combate en el espíritu, combate interior; y combate del espíritu con el Tentador, que no descansa en su intento de descarriar a los hijos de Dios. Y muchas veces lo logra, pero nunca sin nuestro consentimiento y colaboración. De modo que, la Cuaresma que hemos comenzado, es de nuevo un tiempo de “desierto”, de “combate” y de “compromiso total” con Dios que se manifestará, día a día, en nuestras “obras” de: AYUNO o sea, privación y mortificación, pero ayuno fecundo que se oriente a la generosidad con los necesitados y al servicio; LIMOSNA o sea, desprendimiento y asunción del compromiso evangélico de la pobreza en el espíritu y de la donación personal del tiempo, los bienes y el amor redimido de la caridad; y ORACION, que es la fuente de la caridad que se traduce, en el lenguaje vital del Evangelio, en las obras y el servicio a Cristo en el prójimo. Todo un programa en un tiempo limitado en el espacio de nuestras vidas, pero pleno de la presencia de Dios y de su misericordia.

 

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