CUBA: LA PATRIA TIENE LA RAZÓN

Por Rigoberto Díaz Cutiño

En la lucha contra la tiranía cubana hay numerosas organizaciones; entre ellas se incluyen partidos políticos, foros cívicos y de derechos humanos, instituciones académicas, periodistas independientes, etc. Pero este amplio espectro de las fuerzas contestatarias adolece de un serio problema: la falta de unidad.

Hay un constante accionar de estas organizaciones, con cierta intensidad, pero de forma dispersa, lo que reduce en mucho el éxito de su esfuerzo. Dicho éxito depende fundamentalmente de un plan mancomunado, del apoyo del pueblo y del ingreso de los suficientes recursos materiales y financieros. La tiranía está ampliamente fortificada. La oposición debe agruparse para aumentar su fuerza, actuar en bloque y no desgastarse solo en pequeñas escaramuzas aisladas.

La oposición por sí misma no podrá derrotar la dictadura. Esta no le teme a la oposición, o al menos muy poco. Tiene un gran control sobre la misma: la infiltra y en muchos casos la manipula, la reprime brutalmente, la calumnia y descalifica ante el pueblo y ante la opinión pública internacional y restringe permanentemente su radio de acción. La gran preocupación del Gobierno cubano es que se produzca la interacción entre la oposición y el pueblo.

Sin embargo al régimen no le ha quedado más opción que convivir con la oposición, aunque no la reconoce. Su accionar mayor consiste en impedir esta articulación pueblo-oposición. Precisamente es hacia ahí donde hay que dirigir el mayor esfuerzo de nuestra causa: educar al pueblo para la lucha; proporcionarle herramientas para que éste despierte y se movilice, se solidarice con los opositores y llegue a integrarse al cuerpo de la lucha contra la tiranía.

El crecimiento de una conciencia de causa y de acción es imprescindible para que este pueblo, que está anestesiado por la desinformación y el terror, se descubra y potencie. Así se derrumbaría lo que queda de mitos como "el bloqueo", la "santidad" de Ernesto Guevara y de Fidel Castro, la "culpa del Imperio", etc. Al respecto cito un pensamiento del Mahatma Gandhi: "No estoy pidiendo a la India que practique la no violencia por su debilidad. Quiero que la practique para que adquiera conciencia de su poder y su fuerza". (GANDHI, Grupo Editorial Tomo. Segunda edición , p. 93. México, D.F./2003).

La convocatoria a la unidad no es por sí misma una solución. Aún lográndose un consenso de reunión, falta un acuerdo práctico de concepción de un plan de lucha y como ejecutarlo. A lo largo de varias décadas han sido muchas las tribunas desde las que se ha convocado la unidad del universo opositor. Es algo repetitivo, pero poco sustancioso. Mayormente ha quedado en lo retórico y cuando hubo algún progreso no ha sido duradero.

Debemos convocarnos como nunca antes, reuniendo voluntades e inteligencia, en un Congreso de la Patria o el nombre que se le quiera dar, con sede permanente al interior de Cuba y con la necesaria representación en el exilio cubano. Abracemos la idea de que la liberación de la patria no es asunto privado de nadie ni de ningún partido. Es tarea de todos los patriotas que se convoquen a tan magna causa.

Esta convocatoria a la unidad debe estar acompañada por la clara manifestación de la voluntad de unirse, de trabajar cordialmente, no como subordinados unos a otros, sino personas con voz y voto. Implica deponer toda pretensión de liderazgo exclusivo; nunca anteponer las aspiraciones personales o la visión individual de un grupo; estar dispuesto a trabajar en equipo e incluso a admitir un liderazgo común; comprometerse a hacer un uso lo mejor posible de los recursos materiales y financieros, sometido al escrutinio permanente.

Lo referente al dinero es algo medular, de mucho cuidado, pues por varias décadas se han destinado sumas multimillonarias a la lucha por la democracia en Cuba, sin embargo la oposición en La Isla, en su inmensa mayoría ha carecido de los mínimos recursos, no solo para la lucha, sino para su subsistencia y la de su familia.

Tarea harto difícil esto de trabajar por alcanzar la unidad de las fuerzas pro democracia; considero que es una tarea que exige un esfuerzo excepcional. Ya en nuestra historia tenemos el supremo ejemplo de la labor de nuestro José Martí en el siglo XIX. Su encomiable labor aunando voluntades, reconciliando líderes, ejerciendo una pedagogía de excelencia con su verbo apasionado, culto pero con suficiente claridad, cargado con esa agradable furia poética, filosófica, idealista, humanista y patriótica que integraron su ilustre personalidad. Y aunque imperfecta, se logró la unidad para "la guerra necesaria", y se ganó esa guerra.

Hoy no tenemos a alguien que se acerque a la estatura del Apóstol, pero ello no es óbice para que no encontremos lugar para la unidad, aunque sea imperfecta también. Miremos detenidamente al ejemplo de nuestro Apóstol y alentémonos. Yo advierto que primero hay que librar la lucha por la unidad de las fuerzas opositoras y entonces intensificar la lucha final hasta lograr la libertad de nuestra patria.

En la unidad, si no fuera posible todos, caben muchos; desde los más ortodoxos, pasando por el centro, hasta aquellos colocados muy a la izquierda. El estar en un amplio frente de lucha por la libertad de Cuba, implica identificarse consecuentemente con el propósito central de nuestra causa: el derrocamiento de la tiranía en el menor tiempo posible. Consecuentemente se adoptarían tácticas y procedimientos, dejando espacio para la creatividad y se tendría en cuenta el tipo de labor que realice cada organización.

Hay varias posiciones respecto a como arribar a la salida de la dictadura. Así estamos desde hace varias décadas, sin alcanzar mayores resultados. Lejos de alcanzar la tan pregonada unidad, lo que ha ocurrido es una creciente dispersión de la lucha, cosa que debilita y deja a la dictadura en una posición cómoda para reprimirla. Es decir, desde la misma oposición se facilita el trabajo que corresponde a las fuerzas represivas. ¿No se tiene conciencia de esto?

Hago la salvedad de la primera década, cuando nuestros compatriotas escenificaron una gloriosa gesta, arriesgando plenamente sus vidas y arma en mano combatieron la horrenda tiranía y ofrendaron en miles de casos sus preciosas vidas, legándonos un gran ejemplo y un martirologio insuficientemente conocido, pero que algún día la patria agradecida lo colocará en el sitial de honor del que es acreedor.

En esta etapa la lucha contra el régimen no solo ocurrió dentro de Cuba, sino que parte de ella se desenvolvió en el exterior, donde miles de compatriotas acopiaron recursos y los enviaron a nuestro país; también se prepararon y fueron a nuestra tierra a combatir la tiranía. Ellos también arriesgaron sus vidas y muchos perecieron en la contienda. Para no abundar en ejemplos destaco el emblemático caso de la heroica Brigada 2506.

Debemos volver la mirada hacia esta etapa de la lucha de nuestro pueblo contra la tiranía castro-comunista y apropiarnos de lo útil que hay en ella. Esta etapa se extendió más allá de esta década, cuyo escenario principal fueron las cárceles castristas, en las que miles de nuestros compatriotas, con una voluntad de acero, protagonizaron una heroica resistencia a los esbirros del régimen y fueron víctimas de una crueldad comparable con el más descarnado fascismo y con el mismísimo infierno. Aquí creció significativamente la lista de mártires.

En la segunda mitad de los años setenta otros tomaron las banderas de la lucha y constituyeron el movimiento de derechos humanos, al que sucesivamente se sumaron partidos políticos y otras organizaciones contestatarias. En la década del noventa hubo un gran crecimiento del movimiento opositor, el que se extendió al presente siglo. Esto llevó a un importante reconocimiento internacional que puede apreciarse en el otorgamiento de los Premios Andréi Zájarov a Oswaldo Payá, Guillermo Fariñas y a Las Damas de Blanco, entre otros reconocimientos significativos a otras organizaciones y opositores.

Persistió la continuidad de la lucha, la que tuvo un momento aciago en la conocida Primavera Negra del año 2003, cuando en una redada nacional fueron encarcelados setenta y cinco de nuestros hermanos de lucha y sometidos a permanente tortura en un alto grado de salvajismo, además de la onda expansiva que generó esta situación, que alcanzó no solo a los familiares de los compatriotas presos y a la oposición, sino a parte del pueblo.

Ahora el problema está en pasar a una etapa superior de la lucha. Ya hay numerosas organizaciones opositoras y miles de miembros en sus filas, mas se necesitan decenas de miles de activistas, cuando menos, pero no trabajando fundamentalmente al interior de cada organización. Hay que ir al seno del pueblo, extraer activistas, entrenarlos, devolverlos a ese pueblo y continuar con ese creciente activismo masivo.

En el punto en que estamos se requiere hacer un alto y convocarnos a reflexión todos. Pienso que la oposición , tanto dentro como fuera de Cuba, tiene un movimiento poco ascendente, se mueve generalmente sobre la misma rutina. Tenemos que salir todos al encuentro de todos y que en ese encuentro reine la mira en la patria y la creatividad. No hay que disolver ninguna organización o abandonar algún programa. El desarrollo de la lucha y las circunstancias aconsejarían los cambios y reajustes necesarios en lo general y en lo particular. Lo que se impone ante todos es darle prioridad a un programa o acuerdo común, donde quepa todo el que realmente quiera y se comprometa a trabajar por la libertad de nuestra patria.

Nuestra lucha está urgida de unidad real, pero esto requiere altruismo, el suficiente tamaño espiritual que nos permita apartar las aspiraciones personales que obstruyan la imprescindible unidad; apartar las pequeñeces que muchas veces van atadas a nuestro ego. No mirar al de al lado desde arriba, sino dialogar y trabajar con franqueza. Los que tienen más conocimiento y mayor experiencia, ponerlos al servicio de todos, es decir, de la gran causa patriótica. Esto es una tarea muy difícil y quizás constituya el nudo gordiano en cuanto a la falta de unidad en las filas de la oposición. Nuestra Cuba esclava nos reclama colocar por delante el "yo patriótico". Hay que evolucionar.

El régimen sigue firme. Que la debacle económica y social no nos lleve a equivocación; eso ha sido algo permanente. La prosperidad no es atributo de las tiranías comunistas, por el contrario, estas se apoyan en la necesidad y la miseria permanente para eternizarse.

La dictadura tiene suficiente control sobre la oposición; se ha acostumbrado a vivir con ella -contrario a lo que desearía. Esta obligada convivencia es un importante logro del movimiento opositor cubano. El régimen a quien mayormente le teme, al menos por ahora, es al pueblo; teme mucho que se tome la medicina liberadora que ya posee la oposición y que se cure de la pandemia de ceguera y miedo causada por la tiranía. Hay que ir al pueblo y ganarlo para la lucha; tarea muy difícil teniendo en cuenta la desesperanza, la desidia y el miedo que embarga a nuestra gente, pero parafraseando el dicho: esos son los cubanos que tenemos y con ellos tenemos que trabajar.

En el caso de Cuba estamos en una situación muy específica. No se puede considerar a la tiranía un adversario, tal como Gandhi, por ejemplo, consideró al Imperio Británico. El concepto de adversario tiene una connotación civilizada que implica al menos cierta dignidad, reconocimiento mutuo. La dictadura cubana nunca ha tenido la más mínima gota de dignidad, nunca negociará ni admitirá algo que amenace la pérdida de su poder. Lo que queda es la lucha junto al pueblo y escalarla permanentemente.

No debemos andar con pañitos tibios, enarbolando proyectos mansos, que no son viables. Por ejemplo aquellos que se pronuncian porque el régimen acceda a su autodestrucción mediante consulta popular. Para la tiranía eso es como preguntarle si quiere que la dejen viva o que la maten. De la magnitud, calidad y velocidad de nuestra lucha depende el arribo a la libertad.

No debe ponerse un exceso de expectativas en el apoyo internacional a nuestra causa, aunque hay que hacer todo lo posible por lograrlo. Este apoyo tiene una connotación muy relevante en nuestra lucha; pero ese apoyo hay que conquistarlo; primero con el empuje de nuestra lucha y segundo, con un intenso e inteligente trabajo ante las fuentes de ese apoyo. En la misma proporción que crezca el cuerpo de la oposición y su enfrentamiento a la tiranía, así podría crecer el apoyo internacional a nuestra causa. En esto corresponde un papel muy importante al exilio patriótico cubano.

Me permito citar nuevamente a Gandhi: "La no violencia, en su estado dinámico, significa sufrimiento consciente. No significa sumisión a la voluntad del malvado, sino rebelión del alma entera contra la voluntad del tirano". (p 35, o c).

Hay que orientar nuestro oído hacia el llamado de nuestros mártires, poner el alma entera en sintonía con las exigencias de la patria. Nosotros tenemos nuestras razones personales y de grupos, pero la patria, que nos acoge a todos, tiene más razón. Nosotros somos sus servidores. Ella, con voz dolorida, desde nuestro Himno Nacional nos recuerda permanentemente: "Del clarín escuchad el sonido; a las armas, valientes, corred". La patria tiene la razón.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image