Autismo, el síndrome de los que viven en un mundo sin comunicación
Isabel Herrera

Aldea Educativa

                           

Aunque a decir de muchos expertos no existe una cura definitiva para el autismo, las personas que padecen esta discapacidad pueden, si reciben una educación y la terapia adecuada, lograr un crecimiento relativamente normal, e incluso disminuir a su mínima expresión las conductas no deseadas.

En cifras, de dos a diez individuos por cada 10.000 habitantes y de tres a cuatro niños por cada niña están afectados con esta desviación, que no realiza distinción alguna tomando en cuenta la raza o el nivel socioeconómico.
 

Es por ello que la sociedad trabaja en el diseño de mecanismos de adaptación de los autistas a su entorno, proceso en el cual uno de los elementos fundamentales es la detección temprana del síndrome.

¿Cuáles síntomas permiten reconocer a una persona autista?

Definido como un desorden del desarrollo de las funciones del cerebro, el autismo suele manifestar sus primeros síntomas durante los tres primeros años de la niñez.

Es común que el pequeño que lo padezca no pueda mantener el contacto visual y no se ría ni preste atención cuando se le presentan objetos en movimiento o que emiten sonidos, como es el caso de los móviles.

Por lo general, el niño autista tiende a ser miedoso, razón por la cual busca reducir los niveles de incertidumbre, apegándose a una rutina específica. Además, algunos de ellos son hipersensibles al tacto (por lo que rechazan las caricias) o hiposensibles (incapaces de percibir el dolor).

Las características más básicas con las que se asocia a un individuo con la discapacidad es la interacción social limitada, problemas con la comunicación verbal y no verbal y con la imaginación, así como actividades e intereses poco comunes.

Pero también puede que tengan hipersensibilidad auditiva, llegando a escuchar sonidos imperceptibles para el resto de las personas, y que posean habilidades extraordinarias en áreas relacionadas con el cálculo mental de fechas y calendarios, la realización de dibujos y una entonación musical perfecta.

En esencia, el autista no responde a su nombre y parece estar ajeno a la realidad y a la influencia de su comportamiento sobre los demás. Muchos de ellos se detienen en movimientos repetitivos tales como mecerse y enrollarse el pelo, o en conductas dañinas tales como morderse o golpearse la cabeza.

 

De origen impreciso

Los investigadores en esta materia suelen coincidir en que la causa del autismo es biológica y no psicológica.
A pesar de que no se conoce con exactitud qué ocasiona el desorden, al parecer se trata de un problema que se padece desde el nacimiento. Sin embargo hay que destacar que existen casos específicos que permiten pensar que podrían ser otros factores ambientales los que hacen que niños normales presenten el síndrome

 

Vale la pena señalar que algunos investigadores creen que el origen del autismo podría explicarse por razones de tipo genético, pero los hallazgos realizados hasta ahora requieren de investigaciones más profundas.

Un tratamiento, una terapia

Para remediar o combatir los síntomas de los autistas, son utilizadas una serie de terapias, diseñadas exclusivamente considerando la situación de cada individuo.

Durante el proceso que comprende la intervención médica y la educación, es muy importante el diagnóstico temprano, pues, los niños aprenden más efectivamente cuando están pequeños.

Una mejora substancial es lo que se obtiene después del entrenamiento estructurado y a menudo intensamente orientado en destrezas específicas de cada uno de los participantes. Lo que dice la experiencia es que con una detección a tiempo existe una buena posibilidad de influenciar favorablemente el desarrollo del cerebro.

En relación a la necesidad de un sistema educativo formal (ideado exclusivamente para las personas con la dificultad) explica Lilia Negrón, directora de la Sociedad Venezolana para Niños y Adultos Autistas, que internacionalmente se ha comprobado que para el desarrollo de la escolaridad en los autistas son necesarias aulas especialmente diseñadas con condiciones muy particulares, como organización, rutinas y un ambiente no restrictivo, con pocos ruidos, entre otros.

Afirma Negrón que es un error mezclar al autista con otros niños con problemas de retardo mental, básicamente, porque los primeros aprenden de forma visual y no sacarán mucho provecho de un aula donde el resto de los niños están por debajo de su nivel.

Lo cierto es que todo depende del grado de autismo que padezca el individuo. Pero es oportuno señalar que también son recetados algunos medicamentos que buscan reducir la conducta autodañina u otros síntomas problemáticos de la discapacidad, así como condiciones asociadas tales como la epilepsia y los desórdenes de atención. Se trata, por lo general, de sustancias que afectan los niveles de los químicos mensajeros en el cerebro.

 

 

La necesidad de motivación

Esperanza González del Val, maestra especialista en audición y lenguaje, no duda al afirmar que el tema de la motivación en la educación de niños autistas está quizá un poco olvidado.

Cuando se habla del asunto, inmediatamente se piensa en la gran dificultad que supone crear y mantener el interés en este tipo de personas, así como en los maestros y los padres.

En el caso de los maestros o guías, destaca la profesional que la principal fuente de motivación en ellos debe ser interna, es decir, la dedicación a este trabajo debe partir de sus propios deseos. Es necesaria una preparación teórica y práctica para realizar el trabajo de forma adecuada y que se desglosen los objetivos en pasos pequeños y concretos, de forma que sean fácilmente controlables.

En cuanto a los padres, es preciso decir que hay ciertos elementos que van a hacer más sencilla su labor y que van a favorecer sus sentimientos positivos. Uno de ellos es la información que manejen sobre el tema, que debe ser clara, sincera y ajustada a la realidad. Otro aspecto es la participación activa en el proceso educativo del hijo, después del periodo de mentalización y aceptación física y psicológica de la situación. Se recomienda que estos participen en un equipo que le permita tomar decisiones con respecto al futuro de su pequeño

 

Y en lo relativo a los niños con la discapacidad, González del Val explica que el entorno de éste debe estar lleno de entusiasmo, alegría y esperanza. Aclara que el autista no necesita compasión ni sobreprotección, ni tampoco requiere a su alrededor de actitudes derrotistas que asuman que "no puede", que "no sirve", que "fracasará". La idea es que el infante disfrute aprendiendo.

Porque, si bien todavía no existe cura para el autismo, las personas con este desorden pueden vivir una vida normal o casi normal. 

 

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