MI SALUD, TRUMP Y MI PC

Hugo J. Byrne

Dedico este trabajo a mi esposa Migdalia, a mis hijos Carolyn, Hugo y Sergio, a mi genial sobrino Rick Blanco, a mi gran amigo Demetrio Pérez Jr. y a la memoria de otro amigo del alma recién entrado al umbral de la eternidad, el hombre del Renacimiento Dr. Manuel Coto, a su compañera de por vida Norma Coto y sus dos hijos.

Mi salud

A todos mis amigos, muchos y buenos, les envío un fraterno abrazo desde mis cuarteles generales de Pasadena. Estoy mucho mejor y aunque todavía no recuperado cien por ciento, ya estoy listo para enfrentarme victoriosamente con todos los problemas de salud que puedan acecharme a los 38 años de edad. ¿O son 83? No importa. Matemáticamente el orden de los factores no altera el producto. ¿Cuáles dolencias me amenazan? La más pesada es AOLytis.com.

El primer síntoma de esa enfermedad, notoria entre los viejos que usan la red, es un letrero de color rojo, que impertinente anuncia en el monitor: “Wrong ID or Password”. Inmediatamente después de ello los nervios se tensan y se manifiestan unos deseos irracionales de cambiar esa necesaria información por algunas palabras de nuestro idioma muy castizas y jugosas, que nunca admitirían en AOL. Acto seguido, también aparecen síntomas autodestructivos, como si de repente la atracción terrestre aumentara el doble la tendencia a caernos en el trasero.

Esto último, muy humillante, ocurre acompañado de una sensación de amor propio herido. Si el lector o lectora cuenta con más de ochenta primaveras debe adoptar precauciones mínimas, como tratar de no “arrastrar” los pies, e imitar la forma de caminar de un campesino en la Cuba de antes, o la de un empleado de un “pet shop”, limpiando el piso de la tienda y caminando entre los “obstáculos” sin pisarlos.

Siempre recuerde que cualquiera puede caerse, pero sólo unos pocos levantarse. Lo sé por experiencia: he caído bajando escaleras, buscando mi lado de la cama en la obscuridad para no despertar a mi mujer (¿a quién se le ocurre? Bueno… a mi), o tratando de ayudar a un gato bajarse del tejado. La última de todas se ganó el cake: entré al cuarto de baño para darme una ducha y automáticamente cerré con pestillo, porque una de mis nietas estaba por las cercanías.

La ducha está a mano derecha de la puerta de entrada, tiene puertas deslizadoras de fácil acceso, forma rectangular y un asiento al extremo opuesto a la ducha. La ducha propiamente dicha tiene una manguera flexible y un soporte. La alfombra de plástico tiene ventosas debajo, pero desde hace más de un año necesitaba reemplazo a gritos. La manija del agua está debajo de la ducha, a unos dos pies de distancia de ella. De la manija cuelga un cepillo de enjabonar la espalda.

No sé a qué velocidad entré al cubículo, porque aunque todo puede hacerse “despacito”, como la canción, yo siempre estoy de prisa. Todo lo que hice fue abrir la llave y sentarme de cara al agua. Por lo menos traté de hacerlo. La alfombrita de las ventosas se deslizó con mis pies encima, llegando hecha un acordeón al otro extremo del piso debajo de la ducha. Lo que uso diariamente para sentarme, no se sentó: siguió hasta el piso, metiendo un estrépito que debe haber interrumpido los debates en el Ayuntamiento de Pasadena.

Estoy muy seguro que la señora que vive en el segundo piso se conmovió. También la pobre de mi mujer, quien junto a mi nieta y mi cuñada se aterrorizaron con el gran ruido y trataron de abrir la puerta del baño sin conseguirlo. Entre tanto, consciente de mi situación ridícula trataba de levantarme por mis propios medios, tarea casi imposible. En primer lugar tenía que drenar el piso del cubículo para poder afirmar los pies. El problema era que para ello primero tenía que cerrar la ducha y la manija estaba fuera de mi alcance. Traté de hacerlo con un pie, pero tampoco alcanzaba.

Dicen que la necesidad es la madre de las invenciones. No soy inventor, pero “me las agencié” pateando el cepillo para espalda varias veces hasta que cayó y la corriente de agua lo trajo en mi dirección. Usando el cepillo como un bastón, golpeé la manija hasta que se puso en dirección vertical, cerrando la ducha y con ella el flujo de agua. Drenada el agua, pude avanzar hasta las puertas deslizadoras usando mis manos y… lo demás. Al abrir la puerta pude poner ambos pies fuera del cubículo tratando de hacer palanca con ellos tal como lo hiciera el genial Arquímedes, también en cueros y en situación muy parecida. Preocupado por proteger las joyas de la corona, me quedé en pelotas en el umbral, sentado hasta la llegada de los paramédicos.

Me levantaron, tomaron mi presión arterial y temperatura. Practicaron un EKG y el principal de ellos me hizo las preguntas de ritual para garantizar que estaba consciente. ¿Qué día de la semana es hoy? ¿Qué día del mes? ¿De qué mes? ¿Quién es el presidente de Estados Unidos? Cuando ya aburrido le respondí ¡Trompeta! Entonces se rió de buena gana y me dijo que yo tenía que ser cubano. Ese fue mi turno preguntando: ¿usted cómo lo sabe? Me dijo que su esposa era cubana también.

Trump

Tengo algunas sugerencias para el presidente Donald Trump, quien está a diario en el candelero, no por su política, la que está teniendo un éxito fantástico haciendo avanzar la economía de Estados Unidos a paso de conga: todos los índices económicos son positivos y apuntan al cielo. En solo un año su administración ha logrado asear la cosa pública, revirtiendo la política estatista y ruinosa de Bush y Obama durante más de diez y seis fatídicos años. En el orden internacional, aún sufrimos mucho de ese pasado nefasto, pero podemos y debemos perseverar en la delicadísima tarea de restaurar nuestra grandeza nacional.

No quiero dármelas de vidente, pero en un artículo en lengua inglesa escrito en el año 16 durante las primarias republicanas y titulado “El Donald”, expliqué con la mayor claridad de que soy capaz, que las mejores cualidades de Donald Trump residían en su habilidad financiera y negociadora y las peores en su lengua viperina. La presente situación parece sugerir que yo estaba, al menos parcialmente, en lo cierto.

¿Tengo derecho a sugerir algo al presidente de Estados Unidos, siendo un ciudadano americano naturalizado por mi propia voluntad? Los hay quienes manifestando un insano complejo de inferioridad critican a todo aquel quien nacido en el extranjero, “se abrogue la potestad de dar pautas a la mayor, más importante y poderosa nación del mundo”.

Vivo en Estados Unidos y soy parte integral de esta poderosa nación. Creo que eso me confiere derecho legal a dar mi opinión a cualquiera sobre cualquier cosa, amparado en la primera enmienda de la constitución. Lo que ocurra aquí afectará a mis hijos, nietos y bisnietos, lo que es claro y evidente.

Por sobre todas esas consideraciones está mi condición de hombre libre y digno, quien desde llegar a la edad adulta nunca ha pedido permiso a nadie para hacer lo que considero correcto. Por lo tanto, sugiero pautas al presidente porque me da mi realísima gana.

Mi primera sugerencia al presidente es que permanezca silencioso por más tiempo. Las más de las veces las controversias y los malos entendidos se evitan con el silencio. Todos nos arrepentimos más veces de las consecuencias de lo que decimos, que de lo que callamos: en boca cerrada no entran moscas.

En segundo lugar, nunca se deje provocar por quienes desean que su administración fracase. Lo que realmente desean es dar al traste con nuestra República. Eliminar a Trump y su gobierno no es su objetivo final, sino su medio para lograr la ruina de América. No tenga la piel tan fina e ignore las calumnias y las zancadillas.

“Dicky” Durbin no merece un segundo de su tiempo. Ese rastrojo dijo en una ocasión que aborrecía a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. El muy desvergonzado lo dijo públicamente. Por supuesto después vinieron sus hipócritas disculpas. Ahora lo acusa a usted de decir cosas que no puede probar que fueran dichas.

Tercero, no toda la prensa está entregada. Chris Wallace de Fox News puso en su lugar al equívoco Xabier Becerra, Fiscal General de esta fosa séptica en que vivo llamada California, el domingo pasado y lo disfruté en grande.

Mi PC

Uno de los síntomas que sufro es dificultad en presionar la tecla adecuada en el “key board”. Si puedo leer lo que estoy escribiendo, automáticamente corrijo el error tipográfico. El problema reside en que escribiendo la palabra de pase solamente vemos unos puntitos que representan letras mayúsculas o minúsculas, números y símbolos. No hay posibilidad de ver ni corregir un “typo”. Tengo entendido que pagándole mensualmente $25.00 a AOL, puedo solucionarlo todo. ¿$300.00 al año por un servicio que se supone gratis? Not if I can help it! No pago chantaje.

 

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