¿PITÁGORAS RACISTA?

Por Hugo J. Byrne

Esta crónica podría ser más corta de lo acostumbrado. No encuentro nada mejor ni especialmente peor de qué escribir. Entre la increíble bazofia con que nos bombardea la prensa diaria, encontré una “noticia” que me dejó bastante aturdido y conste que no soy impresionable.

Cuando muy joven las matemáticas no se contaban entre mis disciplinas favoritas. Eso cambió radicalmente cuando en el cuarto año del bachillerato tuve el privilegio de asistir a las clases de Manuel Labra, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas. Aunque aún sostengo que el aprendizaje reside más en el interés del alumno que en la capacidad didáctica del maestro, no cabe duda que tener por maestro a un educador de la talla de Labra es una ventaja inigualable.

Pongámoslo en el marco adecuado: Labra me enseñó primero a entender que como sentenciaba uno de sus preferidos matemáticos, Carl Friedrick Gauss, “los números gobiernan el mundo”. Este axioma del sabio alemán podríamos ignorarlo, pero sólo a nuestro inmenso riesgo. Abierta esa puerta, avancé por un sendero que me facilitara más tarde unos treinta y cinco años de trabajo en ingeniería y construcción.

Ahora vamos a la barrabasada que capté en la red: en un capítulo de un libro por la “Profesora de Educación Matemática” de la Universidad de Illinois, Rachell Gutiérrez, ésta afirma que la enseñanza de esa disciplina contribuye a la inequidad social, enfatizando “la blancura”. Gutiérrez no es una maestra de matemáticas cualquiera. No enseña a nivel de primaria o de segunda enseñanza, sino que es una pedagoga de los números, enseñando a otros maestros las artes de la “Educación Matemática”. ¡Wow! Are we kidding?

Enseñar matemáticas “perpetúa el privilegio blanco” afirma Gutiérrez. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la mayoría de los axiomas matemáticos emanan de científicos blancos. Esta propulsora del obscurantismo proclama que la santidad de la ignorancia debe preponderar sobre la ciencia para alcanzar la meta de una verdadera equidad. Eso no es todo. Veamos.

Gutiérrez sostiene que el “concepto igualitario” o equitativo de la vida no puede aprenderse en las aulas. Sólo la “educación política” fuera de ellas, puede proveerlo. ¿Sabe ya el lector por dónde viene Gutiérrez? Me viene a la mente un indio guáimara quien tenía muy diferente opinión: Jaime Escalante.

Sí, un indígena guáimara nacido en Bolivia y el reverso de la medalla al más conocido indio cabeza cuadrada Evo Morales. Escalante lucía, hablaba y actuaba como un homo sapiens, no como Morales, quien parece (y a veces sospecho es) una dramática y súper fea reversión de las especies. Escalante fue un sabio. Morales desconoce la localización geográfica de su ombligo y cree que Viena está en España.

Escalante era profesor de matemáticas en su país de origen y estaba orgulloso de su ancestro. Afirmaba que sus antepasados conocieron las matemáticas antes que los egipcios y los griegos. No estoy seguro de ese aserto, pero no cabe duda que Escalante, a diferencia de Gutiérrez y como afirmara Jesucristo, se hizo conocer por sus obras.

Escalante enseñó matemáticas durante más de diez años en su país natal antes de emigrar a Estados Unidos. Parcialmente autodidacta, aprendió inglés por su propia cuenta antes de arribar a estas tierras. Empezó a trabajar para Garfield High School, en California donde inmediatamente se percató de la discriminación educativa a los estudiantes con bajos niveles de éxito académico. Estos eran “beneficiarios” de cursos con menor nivel educativo.

Sus credenciales en Garfield se vieron en peligro a causa de los planes de aprendizaje que corajudamente proponía. Por supuesto, su principal oponente era uno de los tantos burócratas-administradores que destruyeron la educación pública de California y otros estados de la Unión. Escalante avanzaba la idea de que el conocimiento requiere desafío intelectual. Como alternativa al evidente fracaso de alumnos hispanos y de otras etnias y culturas diferentes a la norteamericana, el matemático andino propuso un curso de cálculo avanzado. Además impuso el tradicional mérito académico como imprescindible para alcanzar promociones y la práctica saludable de realizar tareas en la casa. Mientras tanto las uniones de maestros lo vituperaban sin darle cuartel.

En 1982, diez y ocho de sus discípulos pasaron el duro examen de Cálculo Avanzado del “Educational Testing Service”. Inmediatamente los resultados fueron objeto de la desconfianza oficial. Catorce de los diez y ocho se vieron en la humillación de repetir el examen y doce de ellos lo pasaron de nuevo con “flying colors”. En 1983 Treinta y tres estudiantes de Escalante tomaron ese test y treinta de ellos lo pasaron. Mientras tanto Escalante empezó a enseñar cálculo en un College del Este de Los Ángeles.

Adquiriendo fama nacional, Escalante fue objeto de múltiples reconocimientos, entre ellos el libro: “Escalante: The Best teacher in America”, por Jay Mathews y la película “Stand and Deliver”. Durante los años de su magisterio en Garfield la dedicación de Escalante y su indisputado éxito académico le merecieron el apoyo y simpatía de muchos, incluyendo el entonces presidente Ronald Reagan. Lamentablemente también la aversión de no pocos colectivistas que detestaban su exaltación del mérito individual.

Para colmar el antagonismo de las sanguijuelas incapaces, en los años 90 Escalante se sumó al movimiento de “sólo inglés” para la educación pública de California, contribuyendo a la eliminación del “Programa Bilingüe” del Estado. En esa época perdió la dirección del Departamento de Matemáticas en Garfield. Después de ello los grados escolásticos volvieron al abismo anterior: la apoteosis de la ignorancia que evoca con fervor Rachell Gutiérrez.

Regresando temporalmente a su nativa Bolivia en 2001, Escalante vivió sus últimos años en Sacramento California, huésped de su hijo y arruinado por los gastos médicos de tratamiento del cáncer que lo matara. Murió en el 2010 a los 79 años. Gracias a Dios por su vida y honor a su ilustre memoria.

 

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