FRENTE AL CASTRISMO: LA LUCHA FRONTAL

Por Rigoberto Díaz Cutiño

El régimen dictatorial cubano escapa a todo lo convencional. No es la concepción teórica de la revolución social proclamada por las teorías marxistas. nada tiene de revolución, si es que alguna vez lo tuvo. Lo que hay en Cuba es un mejunje, un sancocho político. En lo teórico solo queda un lejano eco del marxismo-leninismo, que se aleja cada vez más de la superficie social. Hay una calamitosa economía de subsistencia, con menguadas inversiones dirigidas al sostenimiento del régimen, el que a la vez niega hasta la más mínima solvencia económica a los cubanos. Simultáneamente el pueblo se hunde en la penuria, expuesto a una enorme maquinaria represiva que funciona a plenitud.

El hecho de que la dictadura surgiera como una empresa personal del tirano mayor, dificulta ahora consensuar un arreglo en los segmentos de poder y hace más difícil la concepción de pronósticos. Con la retirada de la escena del dueño fundador del infierno caribeño, reducido ahora a una grotesca piedra, los herederos del muerto, sin la suficiente ascendencia, dominio y propuestas, mal podrán "corregir" el mal y reavivar un régimen enfermo de muerte.

Pasaron ya los vientos impulsados por la caída del muro de Berlín y ni siquiera tenemos la influencia de una perestroika por internet. Cuba sigue siendo también una isla política, sumida en una creciente pesadilla donde lo único que crece es la penuria, la represión y el fracaso. Sin embargo hace más de veinte años que se desarrolla un proceso de acciones propias del sistema capitalista, de manera limitada, que han dado lugar a una microeconomía de subsistencia del aparato estatal, que no involucra al resto de lo queda de país, ni como actor ni como beneficiario.

Hay dos factores esencialmente importantes para avanzar en menos tiempo hacia la libertad: la firme unidad de la oposición interna y externa, con un accionar claro y coherente y el apoyo exterior efectivo, tangible y extenso del concierto internacional de naciones e instituciones. Con esto se agravaría drásticamente la situación de la tiranía y se desembocaría en un desenlace que lleve a la libertad del pueblo cubano. Es decir, en este caso no se trata de mejorar la situación socioeconómica; eso sería sostener la dictadura y alimentar el continuismo. De lo que se trata es de empeorarle al régimen su situación hasta que quiebre. Mientras más peor, mejor.

Es dentro de Cuba donde está el escenario principal de la lucha - y por mucho. En consecuencia hay que sumar fuerzas y esfuerzos en esa dirección. Todo lo que se aparte de eso es -cuando menos- una distracción perjudicial; fracciona las fuerzas y por tanto, las debilita.

Hay que entrenar al pueblo en el taller real de la lucha. Mostrarle la esperanza, no simples ilusiones, sino la esperanza real, localizada en el terreno de las perspectivas históricas probables. Esto llevaría a que los protagonistas aumenten, a mayor velocidad, en cantidad y calidad. Los protagonistas de la lucha están ahí: Los millones de súbditos de la tiranía, engañados y relegados a la penuria y la desesperanza. Ahí también están los valientes activistas por la democracia, que ya actúan como ciudadanos libres, pero no deben verse y actuar como algo separado del pueblo, como simples partidos u organizaciones profesionales de la oposición.

Es imprescindible el despliegue de un sentido magisterio que lleve, con la prédica y el ejemplo a la conversión democrática de los pesimistas y desesperanzados y se conviertan estos en activistas conscientes de la esperanza, de la esperanza cierta, la que forjarán ellos mismos en la lucha frontal y permanente contra la tiranía. Ahora no se trata de "ofrecer la otra mejilla". Ya demasiado se han expuesto todas las mejillas. Tampoco se trata de "dar al César lo que es del César". Ese César secuestró y destrozó nuestra nación; se apoderó de vidas, almas y hacienda. Ahora lo que se impone es levantarse y destronar al César.

Se necesita un proceso de concientización desde abajo y desde arriba y, a la vez, horizontal. Desde arriba, no para que se quede ahí, sino para que desde ahí, donde hay más luz, esta se proyecte hacia abajo. Desde abajo, para que las huestes decisivas de la lucha se armen del conocimiento y la conciencia necesaria y que al mismo tiempo sirvan de contrapeso y fuente de iniciativas. A la vez, en sentido horizontal, debe hacerse ese mismo proceso de expansión de luz, de atracción y suma.

Es un grave daño a la patria instalarse en escenarios cómodos que atraen subvenciones, desvinculados, o débilmente vinculados al escenario principal de la lucha. No me opongo a los opositores o contestatarios que se dedican a actividades académicas, culturales u otras. Pero si considero que estas actividades deben estar directamente vinculadas al conjunto de la lucha contra la dictadura, como por ejemplo, el periodismo independiente que pone el dedo en la llaga.

Hoy es el tiempo de la lucha altruista; de echar a un lado las canastas de la conveniencia. Luego, con la llegada de la primavera de la libertad, habrá sobradas oportunidades para las aspiraciones personales. Es altamente reprobable -aunque derechos haya, trazarse y ejecutar planes para ocupar posiciones en la Cuba que sobrevendrá. Eso no es lo que la patria exige ahora. Estamos bregando en una lucha enteramente patriótica y no podemos prepararnos para ir a la mesa cuando la presa aún pasta en el bosque.

Sobre los plebiscitos, participación en procesos electorales, convocatorias o insinuaciones de diálogos con los verdugos, et., pienso que no dejarán ningún trigo. A los que se empeñan en esto sanamente, les pido que reflexionen, excepto a los que propugnan diálogos y cercanías con los torturadores , carceleros y asesinos de nuestro pueblo, porque eso, en el punto en que estamos, no es en lo más mínimo una opción de lucha.

He escuchado invocaciones del plebiscito realizado en Chile bajo la tiranía de Pinochet, para intentar que en Cuba se convoque algo semejante. Por favor, no patinemos en las ilusiones. Sí, se trata de dos dictaduras, pero allá en Chile estaba previsto en la Constitución de 1980, la realización de una consulta popular tres meses antes del vencimiento del período presidencial que le quedaba al Dictador. Desde la misma cúpula de la dictadura -como lo consignaba la Constitución- se convocó el plebiscito en 1988, que aprobaría o rechazaría al tirano. El resultado ya se sabe, el tirano perdió.

Pinochet suponía que ganaría la consulta, pienso que apoyado en la distancia a quince años del golpe militar, con un progreso notable de la economía y, que en su soberbia, quizás se consideró un "buen" tirano. También consideraría la molestia permanente de una gran hostilidad interna y externa. Y se tiró, cabeza y todo, al ruedo electoral de la democracia, pensando que se legitimaría dentro y fuera del país, y ya sabemos el resultado: el Dictador fue por lana y salió trasquilado. ¿Se le ocurre a alguien, que en la finca de la tiranía cubana se podría desarrollar semejante suicidio a la chilena? Yo pienso que no. Y si lo hicieran alguna vez, sería para ganar casi por unanimidad.

A los que se apoyan en el "derecho" que le asiste para convocar eventos plebiscitarios y participar en otros de semejante naturaleza, "desde la ley", les digo que la ley no existe en Cuba -y yo asumo que ellos lo saben- para cumplirse si no le conviene al régimen. La Constitución y toda la estructura legal es arbitrariamente aplicada o relegada al armario. En Cuba no hay Estado de derecho; por el contrario, existe un Estado de no derecho. ¿Entonces, qué buscan por ahí? Me temo que por ahí no es.

Recuerden que Cuba estuvo casi dos décadas legalmente al garete, sin constitución, y todo funcionó (claro, para la tiranía). A los tiranos no le son tan necesarias las constituciones, ni tienen el menor interés de ocuparse en consultas populares inconvenientes. La ley sirve, en este caso, como disfraz. Se desenpolva y se utiliza (y se manipula), cuando la necesitan, para reposicionarse, , como ha ocurrido en Cuba y en Venezuela. Pero cuando les perjudica, como en el caso del éxito del Proyecto Varela, ¿qué hizo el régimen? Se enroscó y se blindó.

Además la dictadura cubana dispone del blindaje legal, digamos, absoluto, el que logró con la reforma constitucional del 2002, la que consigna que el socialismo y todo el sistema político-social actual es irrevocable. Y punto. De manera que cualquier acción encaminada a cambiar el escenario dictatorial "desde la ley y con respeto a la ley", no tiene, desde mi opinión, ninguna perspectiva de éxito. Dentro de la Constitución de la dictadura -porque está hecha para ella- a los cubanos "le asiste el derecho" de hacer peticiones. Pero en esa misma Constitución también se niega expresamente toda petición desfavorable a la tiranía. O sea: sí, pero no. Repito: por ahí no es.

En los Estados socialistas de Europa del Este y la anterior Unión Soviética, los procesos electorales no tuvieron provecho hasta la caída de las dictaduras o cuando el proceso de transición estaba en fase irreversible, procesos que contaron con la participación de los actores del régimen derrotado, los que cambiaron de camisa de hoy para mañana, empujados por la ola de liberación, víctimas también del daño y la agonía de los regímenes estalinistas.

En el caso de Cuba no estamos, por ahora, en las mismas circunstancias de aquellos países, cuando la Primavera del Este. Allá confluyeron elementos que acá no están presentes. Claro, la tiranía cubana no tiene salida que no sea su caída. Si abre espacios de libertad, aun medianamente, se arriesga sobremanera a perder; si mantiene o cierra aún más las posibilidades de subsistencia del pueblo, también.

El Gobierno cubano hace, y podría hacer más movimientos, como amagos de cambio, si considera que los necesita. Parte del juego sería confundir hacia adentro y hacia afuera. Es decir, huir hacia adelante, ganar tiempo. Sería insólito, improbable, que el Gobierno castrista convoque seriamente al pueblo, como actor político real; todas las propuestas de este Gobierno están encaminadas a resolver sus problemas, no los del pueblo.

El instinto de conservación de la tiranía le dice que hacer y que no hacer. No puede hacer movimientos riesgosos que comprometan su continuidad, porque cualquier alteración, incluso medianamente, de sus estructuras, amenazaría con consolidarse, y si tomara demasiado cuerpo, luego sería muy difícil, y quizás imposible, regresar a la situación anterior. Este tipo de tiranías, como casi todas, no se mueve en el sentido de la historia, sino contra la historia. En el caso de Cuba, los actores del sistema totalitario, unos de verde olivo y otros con guayabera(al fin perros de la misma camada), continuarán empujando el carro de la sucesión.

Considero que todas aquellas tendencias socialistas, condescendientes o demasiado corridas a la izquierda -amén del derecho que le asiste, si no enrumban su accionar frontalmente contra la tiranía castrista, constituyen un perjuicio a la causa de la libertad de nuestra patria; crean distracción y confusión y pueden deslizarse a posiciones factibles de ser manipuladas por la tiranía. Cuando la Primavera del Este también hubo debilidades, incluso en algunas plazas se entonó La Internacional. En la lucha por la libertad de Cuba no son útiles acciones y proyectos tibios. La situación de nuestro país demanda una lucha dura y frontal.

 

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