LAS MENTIRAS

Por Esteban Fernandez

No quiero tirar un alarde y decir que yo no miento nunca. Eso sería desvirtuar este escrito iniciándolo con una falsedad de mi parte.

Creo que las mentiras hay que dividirlas en mentiras necesarias, mentiras piadosas, mentiras jodedoras y mentiras -que son las que yo odio- innecesarias, mal intencionadas y a veces fáciles de descubrir. Cuando alguien dijo que "Más fácil se coge a un cojo que a un mentiroso" tenía la razón.

Yo siempre he evitado ese tipo de mentiras desde que me di cuenta de que una estúpida mentira inicial tiene que ser cubierta con 20 embustes consecutivos .

Hay mentiras como cuando la mujer pregunta: "¿Cómo me queda este vestido?" O "¿Te gusta este arroz con pollo que te hice exclusivamente para ti?” que a uno- si no le gusta ninguna de las dos cosas- ni el vestido ni la comida- tiene que mentir y decir: “Te queda pintado el vestido y la cena quedó deliciosa”.

Las mentiras más tristes y trágicas del mundo son las que tiene que inventar el cónyuge infiel. Tiene que falsear y maniobrar por partida doble.

No hay cosa que asuste más a un hombre adultero que decirle a un grupo de amigos delante de su mujer: “Oh si, María Antonia y yo fuimos el mes pasado a ver la película The lasta Jedi y nos encantó”. Y cuando mira la cara de enojo de su mujer se da cuenta de que no con ella que fue al cine.

Una vez cuando yo trabajaba atendiendo al público había una vieja clienta armenia, gorda, desagradable, que a todas luces -hasta me lo decía cara a cara- yo le gustaba. No sabía cómo salir de ella y se me ocurrió una peregrina idea.

Le dije que mi compañera de trabajo era mi esposa y entonces la pobre muchacha y yo tuvimos que estar subiendo la parada e inventando más mentiras ante el acoso de preguntas de la armenia.

Un día le dije: “Oh, ella ahora esta en estado” Entonces le preguntó a mi “supuesta esposa” si ya sabíamos el sexo del baby. Y esta le dijo pasando tremenda pena: “Si, va a ser un varón”.

Y la armenia comenzó a traernos regalos para "el niño que nacería dentro de varios meses", y hasta llegó al extremo de bordarle ropita azul. Aquello era como una bola de nieve bajando por una montaña y cada vez más grande. Cuando llegaba la mujer yo para mis adentros pensaba: ¿Por qué coño yo dije esa tontería?

De pronto me transfirieron a otra tienda, no vi más nunca a la armenia y dejé a mi estoica compañera de trabajo encargada de decirle a la anciana que todo había sido una broma pesada mía. Quedé, por gusto, mal con las dos.

Las mentiras comprensible son las que tenemos que decir llamando al dueño de la empresa explicándole el motivo por el cual no podemos ir a trabajar el lunes. Y hasta tenemos que poner voz ronca, toser y decir que tenemos fiebre de 102. Vaya, no es como que podemos decirle: “Estuve todo el fin de semana de vacilón, curda por completo, y no me da la gana de pasarme el lunes laborando con dolor de cabeza y tremenda resaca”.

Para mí que todas las mentiras quedan empequeñecidas ante la peor: la CALUMNIA, las que dañan a otra persona, las que pueden ser catalogadas de hijodeputadas. Esa son las imperdonables.

Por eso lo mejor es ser sincero, evitar las mentiras, jamás calumniar, pero en eso también hay que tener mucho cuidado porque si bien es muy cierta la frase del güinero José de la Luz y Caballero: “Sólo la verdad nos pondrá la toga viril” también nos puede traer 20 patadas por el trasero, un tremendo regaño, y que la mujer no ponga a dormir en el sofá por una semana.

Aquí en este escrito puse un tremendo paquetazo: El que lo descubra se gana un carro Edsel del año 2018. Y, desde luego, espero que ustedes entiendan que esa es una segunda mentira porque este carro dejó de fabricarse hace mas de 50 años. Esas son las mentiras "jodedoras", o en tono de coña, que me referí al principio.

 

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