ENRIQUE VIII Y EL ACTA DE SUPREMACÍA

(1534)

El 3 de noviembre de 1534 el Parlamento inglés aprobaba el Acta de Supremacía, en pleno reinado de Enrique VIII, disposición fundamental en la Historia de Inglaterra, ya que establecía que el rey era la “suprema y única cabeza” de la Iglesia en el país, y que la Corona debía disponer y disfrutar de todos los privilegios, jurisdicciones, autoridades, beneficios, etc., que eran propios de esta dignidad, cuestión nada baladí porque se hizo con un inmenso patrimonio. Esta disposición iba acompañada de otra fundamental, la Ley de Traiciones. Esta ley estipulaba que quien rechazara el Acta de Supremacía, privase del rey de su dignidad o le acusase de hereje, cismático o usurpador, sería considerado reo de alta traición. Recordemos lo que le ocurrió a Tomás Moro, alto dignatario muy estimado por su rey, y que sería ajusticiado. También habría que destacar el caso del obispo Fischer, entre otros.

Con el Acta nacía la Iglesia de Inglaterra.

El Acta de Supremacía coronaba un complejo proceso que se había iniciado con el deseo del rey Tudor de que se declarase nulo su matrimonio con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y tía del emperador-rey Carlos, por no darle un hijo varón, ya que solamente había nacido una niña, la futura reina María.

Enrique VIII había sido premiado por el Papa León X con el título de “Defensor de la Fe” en 1521 por un opúsculo –“La Defensa de los Siete Sacramentos”- contra Lutero, pero el deseo del rey sobre la nulidad de su matrimonio, argumentando que Catalina ya había estado casada antes con el malogrado Arturo, príncipe de Gales y hermano mayor de Enrique, encontró una negativa rotunda del papa Clemente VII. Catalina había sido protagonista de la política matrimonial de los Reyes Católicos para aliarse con las potencias del momento frente a Francia. Catalina sellaría la alianza con los Tudor ingleses, y el príncipe Juan y la infanta Juana con los Habsburgo. El matrimonio con Arturo se produjo en 1501, pero duró unos pocos meses porque el príncipe falleció prematuramente. Catalina y Enrique se casaron en 1509.

Enrique solicitó la nulidad en 1527. El cardenal Wolsey fue el encargado de las negociaciones con Roma, pero, como hemos indicado, el papa se negó. Debemos tener en cuenta que el pontífice, además, se sentía presionado por el emperador Carlos. En 1527 se había producido el famoso saqueo de Roma por las tropas imperiales, y Clemente VII no estaba en condiciones de desafiar a Carlos, defensor a ultranza de los derechos de su tía.

Por otro lado, conviene tener en cuenta la propia influencia de Ana Bolena, la amante del rey, firme partidaria de la Reforma. No sería el factor fundamental, pero su ascendiente sobre Enrique era evidente. Por fin, hay que tener en cuenta también el poder de dos consejeros del rey Enrique, Thomas Cranmer y Thomas Cronwell. Cranmer se convertiría en arzobispo de Canterbury, poniendo en marcha las primeras estructuras de la Iglesia de Inglaterra. Por su parte, Cromwell, que reunió los principales cargos del gobierno a la caída de Wolsey, siempre había demostrado una clara posición contraria al emperador, defendiendo la ruptura con Roma y la alianza con los príncipes alemanes protestantes enfrentados a Carlos. Fue el inspirador legal del Acta de Supremacía.

El Acta estuvo en vigor con el heredero de Enrique, el rey Eduardo VI, pero María Tudor, casada con Felipe II, ferviente católica, derogó el Acta en 1554. Sería Isabel I quien la restituyese, pero promulgando una nueva disposición, el Acta de Supremacía de 1559.

 

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