PERLAS NEGRAS

Amado Nervo, México

Sol espledente de primavera,
a cuyo beso, fresca y lozana,
la flor se yergue, la mariposa
viola el capullo, la yema estalla;
sol esplendente de primavera:
¡yo te aborrezco! porque desgarras
las brumas leves, que me circundan
como rizado crespón de plata.

A mí me gustan las tardes grises,
las melancolías, las heladas,
en que las rosas tiemblan de frío,
en que los cierzos gimiendo pasan,
en que las aves, entre las hojas,
el pico esconden bajo del ala.

A mí me gustan esas penumbras
indefinibles de la enramada,
a cuyo amparo corren las fuentes,
surgen los gnomos, las hojas charlan...
Sol espledente de primavera,
cede tu gloria, declina, pasa:
deja las brumas que me rodean
como rizado crespón de plata.

Bellas mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada,
¡os aborrezco! Vuestros encantos
ni me seducen ni me arrebatan.

A mí me gustan las niñas tristes,
a mí me gustan las niñas pálidas,
las de apacibles ojos obscuros
donde perenne misterio irradia;
las de miradas que me acarician
bajo el alero de las pestañas...

Más que las rosas, amo los lirios
y las gardenias inmaculadas;
más que claveles de sangre y fuego,
la sensitiva mi vista encanta...

Bellas mujeres de ardientes ojos,
de vivos labios, de tez rosada:
pasad en ronda vertiginosa;
vuestros encantos no me arrebatan...

*

Himnos vibrantes de las victorias,
notas triunfales, bélicas marchas,
¡os aborrezco! porque, al oíros,
trémulas huyen mis musas blancas.

A mí me gustan las notas leves...
las notas leves... las notas lánguidas,
las que parecen suspiros hondos...
suspiros hondos de almas que pasan...

Chopin: delirio por tus nocturnos;
Beethoven: sueño con tus sonatas:
Weber: adoro tu Pensamiento
Schubert: me arroba tu Serenata.

¡Oh! Cuántas veces, bajo el imperio
de vuestra música apasionada,
Ella me dice: ¿Me quieres mucho?
y yo respondo: ¡Con toda el alma!

Himnos vibrantes de las victorias,
notas triunfales, bélicas marchas:
¡chit! porque huyen al escucharos,
trémulas todas, mis musas blancas...

Sol espledente de primavera,
lindas mujeres de faz rosada,
himnos triunfales...; ¡dejadme a solas
con mis ensueños y mis nostalgias!

Pálidas brumas que me rodean
como rizado crespón de plata,
vagas penumbras, niñas enfermas
de ojos obscuros y tez de nácar,
notas dolientes: ¡venid, que os amo!
¡Venid, que os amo! ¡Tended las alas!

BIOGRAFIA

Nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic (Nayarit).

Descendiente de una familia española que se estableció en San Blas.

Su instrucción primaria la realiza en las modestas escuelas de su ciudad natal. Fallece su padre cuando tenía nueve años, y su madre le envió a un Colegio de Padres Romanos, al de Jacona, en Michoacán, que entonces gozaba de cierta fama. En este colegio y después en el seminario de Zamora, Michoacán, hizo sus estudios preparatorios.

Quiso seguir la carrera de abogado y estudió dos años, pero el quebrantamiento rápido de la herencia paterna le obligó a volver a Tepic y ponerse al frente de lo poco que quedaba y a trabajar para ayudar a su familia, que era numerosa.

Después, buscando mejor destino, marchó a Mazatlán, donde escribió en el Correo de la Tarde sus primeros artículos. Más tarde viaja a la Capital (1894) y ahí con los esfuerzos y penalidades consiguientes, logró abrirse camino.

Ingresó en el Cuerpo diplomático; fue embajador de su país en Madrid (España) y en Montevideo (Uruguay). En el año 1894 se trasladó a la ciudad de México donde conoció a
Manuel Gutiérrez Nájera y con él fundó la revista Azul.

Su primera obra, la novela El bachiller (1895) muestra rasgos naturalistas, y en sus primeros libros de poemas, Perlas negras y Místicas (1898), ya aparecen características modernistas. Es en esta época cuando también funda la Revista Moderna. En 1900 es mandado a la Exposición Universal de París. Allí conoce personalmente a
Verlaine, Wilde y a Rubén Darío. Escribe cuentos, libros de viaje, ensayos y, sobre todo poesías reunidas en el libro El éxodo y las flores del camino (1902).

En 1901 conoce al gran amor de su vida, Ana Cecilia Luisa Dailliez, quién pierde la vida el 7 de enero de 1912. Su religiosidad la manifestó en obras como Los jardines interiores (1905), En voz baja (1909), Serenidad (1914), Elevación (1917) y Plenitud (1918). Su obra maestra es La amada inmóvil (1922), publicada póstumamente, inspirada en la muerte de Ana Daillez.

Amado Nervo falleció en la ciudad de Montevideo, Uruguay, el 24 de mayo de 1919, en el Parque Hotel, donde vivía, siendo Jefe de la Misión Diplomática de México en Uruguay.

 

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