QUÉ LEY, NO QUÉ CULTURA

Por Armando Ribas

Para despedir el año me voy a permitir volver a un tema de la mayor relevancia y cada vez que oigo una conferencia compruebo que es ignorado en este mundo confundido por la izquierda en nombre de la falacia de la igualdad. Ya lo he repetido hasta el cansancio, pero como reconoce William Beristaín en su obra “The Birth of Plenty” el mundo hasta hace unos doscientos años vivía como vivía Jesucristo.

La pregunta pendiente entonces, que fue lo que cambió al mundo y permitio la libertad individual y la creación de riqueza por primera vez en la historia. La respuesta a esta pregunta es de donde surge la mayor confusión pendiente. La primera es el concepto de la democracia, a la cual ya Aristóteles en su teoría sobre la demagogia. Así predijo que la democracia destruía a la república y escribió: “Cuando el pueblo se hace monarca viola la ley y se hace déspota, y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido”.

La segunda confusion y no menos importante, a mi juicio proviene de Marx, de considerar al sistema capitalista, al cual descalificó como la explotación del hombre por el hombre. No obstante lo cual en el Manifiesto Comunista reconoció que: “La burguesía durante gobierno de escasamente cien años, ha creado más masivas y más colosales fuerzas productivas que todas las generaciones precedentes juntas”.

No obstante el fracaso del sistema comunista en Rusia con Lenín y Stalin y en China con Mao Tse Tung, Marx está presente vía Eduard Bernstein que en 1890 escribió The Preconditions of Socialism, donde en discusión con Lenin propuso que al socialismo se podía llegar sin revolución y democráticamente. Y más confuso aun cuando dijo: “El socialismo es el heredero legítimo del liberalismo, no hay un pensamiento liberal real que no pertenezca también a los elementos de las ideas del socialismo”. Y ahora tenemos a la Unión Europea quebrada mediante la social democracia.

El sistema que cambió al mundo no fue un sistema económico, sino ético, político y jurídico. Hoy parece confundido con la democracia y se ignora la observación de Thomas Jefferson que dijo: “Un despotismo electivo no fue el gobierno por el que luchamos. Y ese sistema que se desarrolló en Estados Unidos provino de las ideas luminares de John Locke que surgieran en Inglaterra con la Glorious Revolution de 1688. Y ella determino el advenimiento de la Revolución Industrial.

Ese proceso no se generó en Inglaterra en virtud de la supuesta cultura anglosajona. Hasta ese momento en Inglaterra con los Tudor y Colbert mediante, no había libertad. Si hubiese habido libertad los Estados Unidos no existirían, pues los Pilgrims no se habrían escapado de Inglaterra en busca de libertad. Por tanto no fue en función de la cultura inglesa y como bien señala David Hume: “Los ingleses en esa era estaban tan totalmente sometidos, que como los esclavos del Este, estaban inclinados a admirar los actos de violencia y tiranía que se ejercía sobre ellos y a sus propias expensas”.

Siguiendo con Locke tomemos primero su expresión de que los monarcas también son hombres y por tanto es necesario reducir las prerrogativas del rey. Es decir estaba tomando en cuenta la naturaleza humana, a la que Hume se refiriera diciendo: “Es imposible cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra circunstancia y situación y rendir la obediencia a las leyes de la justicia nuestro interés más cercano y su violación el más remoto.

Seguidamente Locke desarrolló la teoría del respeto por los derechos individuales, a la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad. Y este lo consideró el principio fundamental de la libertad. No debe haber la menor duda de que el sistema se llevó a sus últimas consecuencias en Estados Unidos a partir de la Constitución de 1787, pero tampoco fue un producto de la cultura. Los Pilgrims al llegar pusieron la tierra en común y se morían de hambre. Si aceptamos la cultura es la dominante del sistema, hemos aceptado a priori la imposibilidad de lograrlo.

Como bien lo describe Catherine Drinker Bowen en su “Miracle at Philadelphia” donde describe las dificultades que tuvieron los americanos para lograr aprobar la Constitución de 1787, como consecuencia de las diferencias que había entre los distintos estados. Y asimismo en primer término se desaprobó el Bill of Rights, que era donde se definían los derechos individuales. Y al respecto reconocido que: “Hay dos pasiones que tienen una poderosa influencia en las relaciones de los hombres. Ellas son ambición y avaricia, el amor al poder y al dinero”. O sea estamos viendo claramente, que la naturaleza humana es común, y no el carácter de una sociedad en particular. Por consiguiente podemos ver que el sistema politico que cambió al mundo no fue producto de una cultura.

Fue en función de la aceptación de las ideas precedentes que James Madison escribió en la Carta 51 de The Federalist Papers: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno y si fueran a ser gobernados por ángeles ningún control interno o externo al gobierno sería necesario. Al organizar un gobierno, que es una administración de hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto: Usted debe primero capacitar al gobierno para controlar a los gobernados; y en segundo lugar, obligarlo a controlarse a sí mismo. La dependencia en el pueblo es sin duda el primer control, pero la experiencia ha enseñado a la humanidad la necesidad de precauciones auxiliares”.

Las anteriores reflexiones fueron determinantes de la creación del Rule of law a partir del caso Marbury vs. Madison en 1793. En ese caso el Juez Marshall sentenció: “Todo gobierno que ha creado una Constitución la considera la ley fundamental. Por tanto toda ley contraria a la Constitución es nula. Es la función y el deber del Poder Judicial decir que es la ley”. Ese proceso denominado Judicial Review es el carácter fundamental del Rule of Law y consecuentemente la diferencia con la democracia mayoritaria. Y así se respetan los derechos individuales que garantiza la Constitución.

Perdón por la multiplicidad de citas, pero las ideas que estoy defendiendo fueron las que cambiaron al mundo, y si hubiesen sido mías estaríamos viviendo en la Edad media. Y ahora me voy a referir al milagro de la historia. La Argentina en 1853 era uno de los países más pobres del mundo, y a principios del siglo XX estaba entre los primeros países del mundo. Argentina fue el tercer país del mundo en implementar el Rule of Law a partir de la Constitución de 1853-60.

Caseros fue determinante del proceso de cambio de Argentina O sea a partir del triunfo de Urquiza llegaron las ideas de Alberdi y Sarmiento. Ambos conscientes de la diferencia entre la filosofía política angloamericana y la europea continental. Al respecto dijo Alberdi: “Mi convicción es que sin la Inglaterra y los Estados Unidos la libertad desaparecería en este siglo”. Y Sarmiento dijo: “Solo la Inglaterra y los Estados Unidos tienen instituciones fundamentales que ofrecer como modelo al mundo del futuro”. Y refiriéndose a Estados Unidos en sus Comentarios de la Constitución de la Confederación Argentina propuso: “Aplicar al texto de sus cláusulas las doctrinas de los estadistas y jurisconsultos americanos y las decisiones de sus tribunales”.

Fue en esa línea que la Argentina se dirigió gracias a Urquiza. Y permítanme reconocer que sin Urquiza la Argentina no existiría. Y esa situación de Argentina fue reconocida por la revista The Economist en un artículo reciente: “La Parábola Argentina”. Y así llegamos a la actualidad y no me cabe la menor duda de que Macri está tratando de restaurar la Argentina que fue. Pero al mismo tiempo debo reconocer las dificultades que enfrenta en ese proceso y esperemos ser optimista al respecto.

 

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