EL CAOS DEMOCRÁTICO

Por Hugo J. Byrne

 

Durante largos años esta columna ha combatido la falsa idea de que la garantía de la libertad reside en el sufragio universal. He galopado sobre ese caballo de batalla en múltiples ocasiones, citando ejemplos históricos a granel, pero con éxito limitado. Escribí sobre ese tema, que para mi sorpresa algunos no entendieron, muchísimos años antes de que existiera el programa de Glenn Beck y aún muchos años antes de que Rupert Murdoch inaugurara Fox News. Incluso desde antes de que esta columna se empezara a publicar semanalmente. Diría que abordé ese tema por primera vez en los años 60 del siglo pasado. No hago esa referencia por egolatría o narcisismo, sino para expresar mi frustración.   

 

Siento esa frustración cuando escucho o leo de algunos de mis lectores ecos de “nuestra lucha por la democracia”. La práctica irrestricta del proceso democrático puede resultar precisamente en la pérdida de nuestros derechos y libertades. El sufragio universal sin restriciones siempre ha implicado la subordinación del individuo a la colectividad.   Por eso es que en las sociedades libres el sufragio sólo se practica con abundantes salvaguardas de poder y de tiempo. El gobierno popularmente electo dentro de una sociedad constitucional no tiene potestades más allá de las prescritas por la ley y su función es tan solo representar a la sociedad, no regir por mandato arbitrario durante su período.

 

En consecuencia, los gobernantes electos no son reyes durante dos, cuatro, o seis años, sino ciudadanos que tienen la obligación de servir a la comunidad por esos términos. Servir en este caso implica respeto absoluto hacia la voluntad popular. Aunque usando las potestades que le otorga la letra en la constitución, cuando el pasado Congreso aprobara el Obamacare a despecho de la evidente voluntad mayoritaria de Norteamérica, violaba su espíritu.

 

La democracia irrestricta puede muy fácilmente conducir al desbarajuste completo, como lo demuestra la patética situación en Wisconsin. En ese estado, el recientemente electo Gobernador Scott Walker trata de pagar el déficit creado por el despilfarro administrativo de los previos gobiernos estatales. Para ello el Gobernador y la mayoría que lo respalda en ambas cámaras tienen un proyecto de ley para eliminar el contrato colectivo de los empleados públicos en lo que se refiere a retiro y a beneficios. A diferencia de lo reportado por la prensa que favorece a la administración en Washington, este proyecto no afecta en un ápice el derecho de esos empleados a negociar colectivamente aumento a sus salarios.

 

El Gobernador Walker, como Christie de New Jersey, solamente trata de cumplir la promesa que hiciera a los votantes de Wisconsin: reducir la deuda de su pequeño estado que ya supera los $3,600,000,000.00. El electorado de Wisconsin lo apoyó abrumadoramente el pasado noviembre. La población laboral de Wisconsin ha declinado consistentemente en los últimos años en un sostenido éxodo hacia Texas, donde florecen más oportunidades de trabajo en un ambiente no controlado por el sindicalismo forzoso.

 

Los sindicatos de empleados públicos, con el respaldo de poderosas y corruptas uniones como AFL-CIO, SEIU y otras, han prácticamente invadido Madison y su Capitolio Estatal, utilizando recursos y militantes de fuera del estado. Tambén están usando tácticas ilegales, como ofrecer certificados médicos por dolencias falsas a maestros y otros empleados públicos para encubrir una huelga ilícita. Por su parte el Presidente Obama ha terciado en la disputa a favor de esas uniones y en contra del Gobernador Walker. La oposición ha llegado al extremo de esconder a los 14 senadores demócratas del Gobierno de Wisconsin en otros estados y así evitar que ese cuerpo legislativo tenga suficientes miembros para quorum, demorando la aprobación de la ley.

 

Las tácticas utilizadas por los huelguistas habrían horrorizado al incorruptible Samuel Gompers, pionero del movimiento laboral norteamericano, quien siempre rechazó una coalición de éste con la Internacional Comunista. Gompers fue el fundador de AFL y era admirador y amigo de un notable exiliado político de extraordinaria elocuencia, quien por esa época era residente de New York; José Martí.

 

Lo que está en juego ahora es nada menos que el futuro político de Obama y el futuro económico del Partido Demócrata. Me explico. La declinación en la membresía de las uniones Laborales en la industria privada en Norteamérica ha continuado si abatirse al extremo de que el año pasado sólo representaba el 7.2% del total de la fuerza laboral de Estados Unidos. 

 

Es por eso que los jerarcas de las uniones han trabajado sin descanso desde mediados del siglo pasado por la sindicalización de los empleos públicos. Esta labor no ha sido fácil, pues en un tiempo pasado aún los más radicales entre el segmento llamado liberal del Partido Demócrata, como el Presidente Franklin Roosevelt, miraban con grandes reservas el convenio colectivo aplicado el sector público. Es fácil observar que el derecho a huelga en quienes proveen servicios básicos de la comunidad, crea potencialmente un riesgo enorme a la seguridad nacional. El Pacto Ribentropp-Molotov y la connivencia entre la CGT francesa y el Partido Comunista galo contribuyó enormente a la debacle de Francia en el verano de 1940.

 

Si el Gobernador Walker pierde esta disputa, Obama tiene un buen chance de reelegirse en el 2012 y culminar su plan político, el que hasta ahora no ha redundado en beneficio popular alguno. De lo contrario, sus relaciones estrechísimas con el presente jerarca del AFL-CIO, quien por propia confesión visita la Casa Blanca dos o tres veces por semana, probablemente no rendirán resultados suficientes para darle perspectivas reales a un segundo período.

 

La indiscutible realación simbiótica existente entre los jerarcas del sindicalismo norteamericano y el Partido Demócrata es perfectamente legal, aún cuando en la práctica no sea ético ni mucho menos conducente a la impostergable sanidad presupuestaria. Esto se aplica tanto a los estados cómo a Washington. Walker hasta ahora no luce muy impresionado con las presiones políticas, las amenazas vocingleras, o la incesante propaganda de la prensa pro Obama (Brian Williams de NBC caracterizó a la turba vociferante en el Capitolio de Madison así: “El pueblo ha tomado control del Congreso Estatal”).

 

Pausada y firmemente el Gobernador ha declarado que tiene 1,500 cesantías preparadas para los empleados públicos que no tendría más remedio que enviar si sus reformas presupuestarias no avanzan durante la próxima semana (¿Memorias del Presidente Reagan y los Controladores Aéreos?) y dispuso que los cheques de los senadores ausentes no se envíen por correo, para que los interesados los obtengan en persona. 

 

¿Quién ganará esta disputa? Depende de la madurez de la opinión pública.  

        

 

 

 

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