CRECE EL NÚMERO DE AFECTADOS POR LOS "ATAQUES SÓNICOS" EN LA HABANA

Por EMILIO J. SÁNCHEZ

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Un especialista enviado por el Gobierno de Estados Unidos a Cuba para atender a los diplomáticos, un agente del FBI y un turista de Carolina del Sur creen haber sido alcanzados por lo que se ha denominado "ataques sónicos"

MIAMI.- Al parecer, el médico, cuya identidad no fue revelada, fue la última víctima. No se sabe con certeza la extensión de las lesiones que sufrió, pero varios funcionarios que solicitaron el anonimato confirmaron la información. Como siempre en este tema, ni el FBI ni el Departamento de Estado hicieron comentarios.

Esta es la más reciente entrega, a cuentagotas, de la saga de espionaje-contraespionaje. Y viene de manos de la agencia de noticias AP, la que, al parecer, obtiene periódicamente información clasificada.

El despacho menciona, aunque de soslayo, el caso de un agente del FBI que alega haber escuchado un extraño sonido en un hotel de la capital cubana, y que temió haber sido atacado. Por último, incluye el extraordinario relato de un turista norteamericano que pasó dos noches de espanto en el hotel Capri.

El hecho ocurrió en el 2014, pero sus detalles son tan espeluznantes, que podía figurar en una Antología de Cuentos de Horror. La AP pudo entrevistar extensamente a Chris Allen, de 37 años y residente en Carolina del Sur, quien, a todas luces, no busca notoriedad ni alberga prejuicios hacia la isla. Allen calzó su historia con infinidad de documentos de investigaciones y exámenes médicos. Hasta el momento, esta es la descripción más prolija de lo que pudieran ser los efectos de los ataques sónicos en un ser humano.

Para beneficio de los lectores de DIARIO LAS AMÉRICAS, resumo la versión de la AP:

Un día del 2014 Chris Allen se alojó en el céntrico Hotel Capri, en el corazón de El Vedado. Le dieron la llave de la habitación 1414. En la noche se fue a la cama y, de improviso, comenzó a sentir un raro entumecimiento en sus extremidades. Notó que perdía la sensibilidad de los dedos de sus pies y que esta sensación se transmitía a sus piernas. Se levantó, caminó por la habitación y el síntoma desapareció. Se volvió a acostar y reapareció el hormigueo, que esta vez fue subiendo poco a poco hasta llegar al cuello, rostro y orejas.

Durante la segunda noche esto volvió a repetirse. Y los síntomas ya permanecieron con él.

Allen decidió interrumpir su viaje y regresar rápidamente a Estados Unidos. Una vez en casa, quiso que le hicieran un reconocimiento médico. Varios especialistas lo atendieron y ninguno pudo encontrar las causas de las dolencias, que se prolongaron por varios meses. Al leer las noticias sobre lo sucedido en la Embajada en La Habana, decidió dar a conocer su historia.

Aunque no en todos los síntomas, su relato coincide en buena medida con lo dicho por algunos diplomáticos: mismo sitio, misma hora, misma circunstancia. El Departamento de Estado ha recibido informes de varios ciudadanos que visitaron Cuba y dicen haber experimentado padecimientos similares a los de las víctimas de la embajada. La agencia AP, por su parte, reconoce haber conocido de decenas de casos de personas que se alojaron en hoteles de La Habana y creen presentar el mismo cuadro de los diplomáticos.

Que se ataque a los diplomáticos, pudiera entenderse como una “medida activa” de contraespionaje, pues es de dominio público que algunos son espías con cobertura legal. Precisamente, algunas fuentes han indicado que los agentes de inteligencia de Estados Unidos fueron las primeras víctimas y tal vez las más afectadas. ¿Pero a turistas? En la sabiduría callejera cubana se dice que en algunos hoteles hay cámaras y micrófonos ocultos, empleados en el mejor estilo de la Stasi y la KGB. ¿Se utilizan acaso los hoteles para entrenamiento y a los turistas como conejillos de Indias?

El Departamento de Estado advirtió del peligro de ir a Cuba, pese a que alega no investigar las denuncias de viajeros: “Debido a que la seguridad de nuestro personal está en riesgo y no hemos podido identificar el origen de los ataques, creemos que los ciudadanos estadounidenses también pueden estar en riesgo y les advertimos que no viajen a Cuba”.

Hasta aquí, ¿qué es lo nuevo en esta misteriosa historia de los ataques sónicos?

El lunes el presidente Donald Trump responsabilizó al Gobierno cubano por los incidentes: “Es un ataque muy inusual (…) pero creo que Cuba es responsable”, lo cual tuvo luego que ser aclarado: “Trump solo quiso decir que La Habana debió garantizar la seguridad del personal diplomático”. El miércoles, el fiscal general Jeff Sessions se negó a responder preguntas ante una Comisión del Senado, sobre los problemas de salud de funcionarios estadounidenses en La Habana. El jueves, el congresista republicano Joe Wilson, miembro del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, dirigió una carta al secretario de Estado, Rex Tillerson, pidiéndole llegar al fondo de este asunto.

Por su parte, el Gobierno de Cuba, no solo ha negado haber participado en los ataques, sino que los calificó de pura fantasía. Recientemente, el vicepresidente Miguel Díaz-Canel los tachó de “insólitas patrañas sin evidencia alguna”. La prensa y personeros del régimen han seguido al pie de la letra el guion sobre un “nuevo infundio yanqui”.

Lo cierto es que Estados Unidos sostiene que los ataques —que se produjeron desde fines del 2016 y hasta mediados del 2017— afectaron, hasta ahora, a 22 diplomáticos de Estados Unidos (además de cinco de Canadá). Entre los daños se cuenta lesión traumática cerebral leve, pérdida de audición permanente y trastornos de equilibrio, jaquecas severas, alteración cognitiva e inflamación cerebral.

Por esta razón, a fines de septiembre el Departamento de Estado retiró al 60% de su personal en La Habana y expulsó a una cifra similar de funcionarios cubanos de Washington. Estados Unidos no ha responsabilizado directamente a Cuba de los hechos, pero sí destacó la obligación —según los acuerdos de Viena— de proteger al personal de la embajada y sus familias.

En verdad, se ignora si existe relación entre los síntomas experimentados por algunos diplomáticos y los turistas.

Hasta ahora prosigue el silencio de las partes implicadas: Cuba y Estados Unidos. Lo poco que se sabe, se sabe poco a poco. Sin embargo, las preguntas más importantes siguen pendientes: ¿Cuál fue el arma utilizada?, ¿cuáles son las razones (si las hubiera) de agredir a diplomáticos y turistas?, ¿quién está detrás de las acciones, o sea, qué gobierno, o gobiernos, las diseñaron y ejecutaron?

Es probable que el Gobierno de Estados Unidos, con su enorme aparato de inteligencia y sus ilimitados recursos, conozca muchas de las respuestas a estas preguntas. Pero pocos dudan que el Gobierno cubano no sepa el cuento de cabo a rabo y esté jugando fuerte en este raro ajedrez de Guerra Fría.

Ya se sabe que las relaciones entre los dos países atraviesan su peor momento. Y, de producirse más revelaciones, la situación puede empeorar.

http://www.diariolasamericas.com/eeuu/crece-el-numero-afectados-los-ataques-sonicos-la-habana-n4135146

 

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