TRIGESIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(29 de octubre de 2017)

Padre Joaquín Rodriguez

Una vez más recuerda Jesús en el evangelio (Mateo 22, 34-40) que toda la ley descansa en el amor a Dios y al prójimo. Confrontado por los fariseos de Jerusalén acerca del mandamiento principal de la Ley, responde citando un texto de las Escrituras con el que los judíos comenzaban su oración matinal: “Escucha Israel…, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”. A este precepto Jesús equipara el del amor al prójimo, conforme al A.T y a sus intérpretes, como leemos hoy en la primera lectura tomada del libro del Exodo (Ex. 22, 21-27). Pero lo original de Jesús es la universalidad de su concepto de prójimo, que incluye a todos los necesitados: “el pobre, el trabajador emigrado, los excluídos y olvidados de la prosperidad económica e, incluso, los enemigos”. La Iglesia de Tesalónica (I Tes. 1, 5c-10) se convirtió en misionera de toda su región gracias al ejemplo de la nueva vida de sus miembros: su testimonio hizo innecesarias las palabras.

“Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”. Y ¿cuáles son esos dos mandamientos?: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. -San Juan, en su primera carta, nos dice (I Jn. 4, 20-21) que es un mentiroso quien dice que ama a Dios (a quien no ve) y no ama a su hermano (a quien está viendo). El verdadero reto a nuestra sinceridad y a nuestra fe consiste en ver, amar y servir a Dios en y a través del hermano. Charles de Foucauld, declarado beato por la Iglesia, se llamó a sí mismo “hermano universal”; yéndose al desierto a encontrar a Cristo entre los Tuaregs en el Sahara argelino y muriendo mártir del amor, en el silencio contemplativo de Jesús en Nazaret, a quien intentaba reflejar con su vida y obras de amor, y para que todos encontraran a Cristo en su vida de pobreza, silencio y oración. Sin dudas un místico, alma que sólo Dios puede modelar en el hombre.

¿Estamos dispuestos, decididos a dejar que Dios nos “moldee” de ese modo a su imagen? Podemos convertir el amor en un gancho para atraer o en un mecanismo de control; pero eso sería pervertir el amor. Gracias a Dios que es el AMOR que, aunque el mundo (nosotros) intentamos constantemente manipular (pervertir) el amor, Dios sigue siendo libre y concede su amor libremente, Amor que se entrega y regenera, pero también Amor que denuncia la mentira, la injusticia y la maldad.

No olvidemos nunca que el Amor, en primer lugar, es Dios. No olvidemos que todo amor procede de Dios. No olvidemos que el amor es nuestra propia naturaleza, porque hemos sido creados por Aquel que es todo amor, por Aquel que es el Amor.

 

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