EL CAOS

Hugo J. Byrne

Ayer, 30 de agosto del 2017 el Buró Federal de Inteligencia declinó el pedido de un abogado para hacer públicos los documentos relativos a la acción de borrar miles de correos electrónicos oficiales del Departamento de Estado por la ex Secretaria Clinton. Con antelación, se supo que decenas de estos correos borrados contenían información clasificada. En una declaración increíble por parte de un funcionario del FBI, el abogado Ty Clevinger fue informado de que no había suficiente “interés público” que (en este caso), pesara más que los derechos de privacidad de la ex Secretaria Clinton.

Esta absurda respuesta al pedido de Clevinger, vino del Jefe del Departamento de Archivos del FBI, Mr. David M. Hardy. Mr. Hardy expresó en carta oficial a Clevinger que “es responsabilidad de quien pida la publicación de documentos oficiales del FBI, proveer “evidencias de suficiente interés público en caso que diseminar esa información pueda afectar derechos de privacidad”. ¿¿Qué??

Tengo una pregunta. ¿Está Mr. Hardy representando sólo al FBI en esa declaración escrita, o también expresa el criterio del Departamento de Justicia? ¿No sería procedente que fuera el Secretario Sessions quien respondiera a un pedido tan serio? El caso Clinton es muy similar a otros escándalos del pasado, pero su manipulación por los investigadores oficiales es completamente sui generis. Nadie pretende que se nieguen los derechos individuales de Clinton. Empero, estamos ante un probable delito mayor y lo que está en tela de juicio es si la seguridad nacional de la Unión Americana fue o no negligentemente comprometida. El presidente Trump siempre tan locuaz, no ha dicho esta boca es mía mientras escribo esto.

Muchas decisiones del Ejecutivo no se llevan a cabo porque sus mismos colaboradores en la Casa Blanca las torpedean o relegan: la orden presidencial sobre transexuales en las Fuerzas Armadas fue pospuesta por el Secretario “Mad Dog” Mattis, en espera de la conclusión de un estudio sobre el tema. ¿No se pudo hacer el dichoso estudio antes? ¿Sabe la mano derecha lo que propone la mano izquierda?

Desde que ocurriera el bochornoso incidente de la captura de una unidad de superficie de la Marina Americana y su dotación por Teherán, con su vergonzante epílogo, abrigué muchas dudas sobre la presente habilidad profesional de sus oficiales. Los absurdos choques entre unidades de superficie y barcos mercantes, confirman mis peores sospechas. La Marina de Guerra de Estados Unidos está demandando a gritos una renovación total, no sólo agregando nuevas unidades, sino reforzando el profesionalismo de sus tripulaciones.

Batí palmas cuando el pedante y repulsivo Scaramuchi fuera despedido por Trump. Sin embargo, al Secretario de “Homeland Security”, tampoco lo trago. Que conste que mi desprecio por el General John Kelly no sólo tiene que ver con mis sentimientos cubanos, sino con los intereses y la libertad y seguridad de esta nación en la que vivo y habitan mis descendientes.

Cuando estuvo a cargo de la Base de Guantánamo Kelly se reunió con oficiales castristas de alta graduación y en esa oportunidad se manifestó partidario de entregar esas instalaciones a la tiranía de La Habana. O en su defecto, establecer una administración conjunta de las mismas con esos deleznables esbirros, explotadores y verdugos.

Conocer profundamente quién es esa gentuza quizás no sea la obligación específica de un soldado, pero eso cambia cuando se dirige y coordina la seguridad de una nación de la importancia vital de los Estados Unidos. ¿Ha cambiado de opinión el General Kelly? No que yo sepa y si el amable lector lo sabe, favor de informar si este tarugo abrió por fin los ojos a la realidad.

Recordemos que en Cuba se mantiene una satrapía antiamericana en el poder, gracias a la ayuda que recibe, directa o indirectamente, desde Estados Unidos. Ese régimen establecido por la violencia y mantenido mediante el abuso y la represión, es quien apoya y protege abiertamente al terrorismo internacional, lo admita Washington, o no.

En el partido Republicano se cifraban muchas esperanzas racionales de retorno al proceder constitucional en la administración pública y desde finales del pasado enero, ese partido ha alcanzado el control de las dos cámaras legislativas y el Ejecutivo. Sin embargo, el resultado hasta ahora no ha sido lo que los votantes esperaban. Salvo una innegable mejoría económica (cuya duración nadie podría predecir), las principales promesas electorales del Presidente permanecen sin fruición después de ocho meses. ¿Culpa “del Donald”? No, por supuesto. Aunque demasiado sanguíneo en ocasiones, Trump ha tratado de avanzar su agenda sin descanso.

Quienes merecidamente cargan con el pesado bulto del fracaso son muchos legisladores republicanos “moderados” y muy especialmente en el Senado: políticos vitalicios y venales quienes confunden sus respectivas carreras políticas con los intereses de la República, resultando sin remedio en el presente caos. Como si el desastre político-económico fuera poco, ahora tenemos la obligación moral de ayudar a las infelices víctimas del monstruoso huracán que aún azota los estados de Texas y Luisiana, dejando a su paso fatídico decenas de muertos, centenares de heridos y la desolación más indescriptible.

Mientras tanto, los cobardes matones enmascarados de “Antifa” y “Black Lives Matters”, destruyen propiedad privada y apalean a quienes difieren de su credo marxista, ante la indiferencia cómplice de las fuerzas del orden, especialmente en las universidades de California. Quien desee librarse del caos necesita encomendarse a Dios… y mantener la pólvora seca.

 

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